18 de julio
Una reconciliación que consagre la injusticia no es una reconciliación. Porque no cabe una reconciliación a cualquier precio. Y ya no se trata de Derecho, sino de reconocimiento.
Durante cuarenta años, y cómo se intenta últimamente, sólo se ha honrado la memoria de los muertos de uno de los bandos en la Guerra Civil española. Sus familiares han tenido dónde ir a rezarlos, a recordarlos, y han sido consolados y compensados. Sus nombres han estado grabados como “Caídos por Dios y por España” en lugares privilegiados de nuestros pueblos. Sus acciones han sido sublimadas.
Su traición fue ennoblecida.
Durante casi setenta años, y como algunos pretenden mantener, no se ha honrado la memoria de sus víctimas. Los familiares de éstos, en muchas ocasiones, no han tenido dónde ir a honrarlos con su silencio, pues habían sido hundidos en cunetas anónimas. Han debido ser recordados a escondidas, clandestinamente, bajo obligación de avergonzamiento. Sus nombres han sido tachados, ensuciados, vilipendiados. Sus acciones han sido demonizadas.
La defensa que la mayoría de ellos hicieron de la libertad fue envilecida. Porque la Historia la escriben, con mentiras, los vencedores.
La guerra no ha terminado: Los hijos y los nietos del bando fascista se niegan a renunciar a la victoria con que masacraron y sometieron a la mayoría de los españoles, y se niegan a compartir la Historia de España con los hijos y nietos de quienes defendieron la Constitución, la democracia y la libertad. Nos recuerdan que ellos ganaron, y que el que gana se queda con el botín. Y que nuestra actual democracia no debe llegar al botín de su salvajada.






18/7/2006, 23:49 h.
JL, no creo que sea siempre una herencia, ¡qué hay de los muchos que piensan por su cuenta? ¿De los que opinan el bando no es una herencia genética? No sé, estoy de acuerdo en que hay que cerrar heridas, pero después del acto en casa de Fernando Berlín lo veo aún difícil.