El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

Archivo: Agosto 2002

Judíos contra Sharon

Os recomiendo el artículo “Soy judío, pero ¿qué significa ser judío?” de Ibn Said, publicado en el e-zine Ciberpunk.com, que puede venir muy bien para entender que el fascista Ariel Sharon no representa a todos los judíos ni a los que, sin serlo y en cambio, siendo de izquierdas -o precisamente por ello-, no somos pro-árabes, no seguimos la moda pro-palestina y comprendemos a Oriana Fallaci.

Muy autocrítico, parece que está escrito antes de la dimisión como diputado del laborista Shlomo Ben Ami -ex Ministro de Asuntos Exteriores con Ehud Barak- en protesta con la permanencia del dirigente del Partido Laborista Simón Peres en el gobierno de Ariel Sharon, por lo que no hace ninguna referencia al mismo.

¿Qué está sucediendo?

[Artículo publicado en el “Diario Ciudad de Móstoles” el 23 de abril de 2002]

Primero fue en Italia, donde Berlusconi recurrió a los fascistas de Fini y los racistas de Bossi, que todo vale, para alzarse al poder. Cuando a los pocos meses aquella primera tentativa de la alianza derecha-ultraderecha fracasaba, en 1996 se iniciaba el segundo envite, esta vez en España, donde el Partido que para aglutinar aquellos elementos ideológicos fundó un ministro del fascismo patrio, que fue el franquismo, alcanzó el poder con el nacionalista Aznar en 1996. Después de varios años de resistencia en solitario, a la fuerza travestidos de centristas, a la experiencia española se unió la austriaca, cuyo Partido Popular no dudó en entregarse al fascista Haider para aupar a Schuessel a la cancillería, mientras Berlusconi, ahora de la mano de Aznar y de nuevo aliado a Fini y Bossi retoman el gobierno en Italia, pero esta vez para quedarse para siempre utilizando todos los resortes político-mediáticos. Azuzando el antisemitismo en Europa, Sharon en Israel y los territorios palestinos ocupados y Bush desde los Estados Unidos para todo el mundo se aferran a la lucha contra el terrorismo para transgredir con desvergonzada impunidad los derechos más elementales de la persona. Las últimas elecciones municipales holandesas constatan el ascenso de la ultraderecha liderada por Fortuyn, mientras la derecha de inspiración aznarista alcanza el gobierno portugués con Durao y el ultraconservador bávaro Stoiber pasa a liderar la oposición en Alemania, donde entre tanto, como en Bélgica o los países escandinavos, los partidos de extrema derecha de diverso pelaje se consolidan acechadores a la espera de su momento.

El autoritarismo nos sobrevuela. El pueblo árabe se refugia en el integrismo, el latrocinio de su caudillismo persevera en Latinoamérica, el capitalismo mundial apuntala los regímenes subsaharianos a cambio de sus recursos naturales y a la dictadura china a cambio de su inmenso mercado.

Y ahora la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas ha deparado un preocupante resultado, forzándonos a optar entre un lepenizado Chirac y un chiraquizado Le Pen, una señal alarmante que advierte que esto va en serio, que algo está pasando y que de esto no se libra ni esta isla de tolerancia y democracia que creíamos que para siempre iba a ser Europa.

El ejemplo de Eguiagaray

[Artículo publicado en el “Diario Ciudad de Móstoles” el 4 de junio de 2002]

La clase política española es relativamente joven. En un caso por la ausencia de cuadros maduros tras la eliminación física e intelectual de la izquierda durante la dictadura, y en la derecha por la imposible homologación democrática de sus mayores. Muerto el tirano, mientras los actuales dirigentes de la derecha se negaban a secundar el nuevo rumbo del país dedicando su ardor juvenil a vilipendiar la Constitución como por ejemplo perpetraba Aznar en “La Nueva Rioja” en 1979, jóvenes ilusionados con la democracia se comprometían con la izquierda en el devenir político de España. Era nada menos que plantar cara al fascismo, con los mismos riesgos que por idéntica causa aún asumen los no nacionalistas en el País Vasco, y por eso deben ser acreedores de obligados reconocimiento, agradecimiento y admiración.

Por eso, cuando en los sistemas democráticos de nuestro entorno lo normal es que las mayores responsabilidades públicas se inicien en la madurez de la cincuentena, con sólo 56 años de edad ha puesto fin a su dilatada trayectoria política el ex ministro socialista Juan Manuel Eguiagaray renunciando a su escaño como diputado y dando carpetazo a la militancia activa. ¿La causa? “Ahora ha llegado el tiempo de otros”, “una nueva generación política que ha de tomar las riendas”.

Los argumentos de Eguiagaray (cuya sola manifestación pública ha molestado a tantos como ha dejado en evidencia) respaldan los de quienes piensan que el actual proyecto del PSOE no es el mismo que el iniciado en la transición “la sociedad, por injusto que resultara el proceso para alguna personas, en ocasiones verdaderos iconos de estas etapas, se mostraba cansada de la permanencia de las mismas imágenes y parecidos discursos”, dice, que los compañeros habituados a gobernar tienen dificultades para gestionar la oposición, que la sociedad actual y las respuestas a sus inquietudes son muy distintas a las de los años ?80, o que los militantes jóvenes de hoy están más cualificados que aquellos que cuando se afiliaron durante la transición eran jóvenes.

Mientras algunos se resisten a reconocer que están siendo arrollados por el paso del tiempo, de lo que recientemente hemos visto un desesperado intento en Móstoles, Eguiagaray, doctor en Derecho y Licenciado en Económicas, regresa a su plaza de profesor universitario. Pues él contribuyó al buen gobierno socialista teniendo previamente bien gobernada su propia vida.

Lena

Un amigo decidió pasar de la realización y producción audiovisual a dirigir su primera película. Él es Gonzalo Tapia, y ella es “Lena”. Por razones del funcionamiento del circuito comercial no tuvo una buena difusión, no obstante lo cual se llevó algunos premios.

Próximamente van a emitir “Lena” en Canal Plus “Rojo” (miércoles 28/8/02, a las 11:58 h., y L 3/9/02, a las 00:00h.), convencional (viernes 14/9/02, a las 02:44 h.) “+30″ (viernes 14/9/02, a las 03:14 h.) y “Azul” (viernes, 20/9/02, a las 12:52 h.).

Actúan Manuel Manquiña (el profesional de “Airbag” y protagonista de “Atilano Presidente”), Roberto álvarez (el padre de “Manolito Gafotas” y protagonista de “La mujer más fea del mundo”) y Marta Larralde (nueva en estas cosas, aunque no lo parece, y sobre la que recae el peso de la película y que fue escogida por su naturalidad y fotogenia), y coproduce Antón Reixa y el propio Tapia (colaborador habitual de Itziar Bollain), quien elaboró el guión con la ayuda de Antonio Trashorras y David Muñoz (responsables de “El espinazo del diablo”).

Ambientada en Vigo, con una banda sonora excelente y basada en hechos reales, “Lena” es una historia de intriga y violencia , y el es el nombre de la protagonista (Larralde), una sensata adolescente huérfana de madre y cuyo insensato padre, Gorrión (Manquiña, en un papel nuevamente cómico), malvive de trapicheos. En uno de estos “bussines”, Gorrión adquiere una deuda con la mafia del narcotráfico gallego que no puede pagar, por lo que Lena debe trabajar en la red mafiosa para saldarla, poniéndose a las órdenes de Milio (álvarez, que lo borda), quien le enseñará el negocio y se convertirá en su sombra.

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