El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

Archivo: Septiembre 2002

Sentido común e inmigración

De la encuesta recientemente presentada por el Ayuntamiento de Móstoles se han destacado datos de interés municipal como que el 87′4% de los mostoleños se sienten satisfechos de vivir en nuestra ciudad, en la que tres de cada cuatro declaran vivir bien o muy bien (lo cual, por cierto, deja en evidencia la desconexión existente entre la sociedad civil local y la catastrofista derecha política y social, cuyo líder suspende al frente de la oposición -4′7 sobre 10- y es menos conocido que el del tercer Partido -un 23′9%-).
Pero una parte del estudio demoscópico que parece haber pasado desapercibida es la relativa al fenómeno migratorio, cuyo análisis arroja reflexiones de profundo interés. En su virtud, casi uno de cada dos mostoleños (el 49%) piensa que sólo debería admitirse a los inmigrantes “legales”, y algo más de uno de cada cinco (el 21′3%) opina que hay que controlar el fenómeno y evitar que arriben más.

Pero la gran madurez política de los mostoleños se desvela cuando, pese a ser minoría los que sostienen que se debe “legalizar” a todos los inmigrantes o debe haber fronteras abiertas, la práctica unanimidad -entre el 78′3 y el 93′9%- opina que debe reconocérseles los derechos a practicar su religión, tener asistencia sanitaria gratuita, traer a su familia a vivir con ellos, conseguir una vivienda digna, tener las mismas oportunidades que los españoles para acceder a un puesto de trabajo o acceder a la educación pública.

Estos ciudadanos se alejan de la demagogia extremista azuzada por el aznarismo en torno a la inmigración, conciliando opiniones presentadas por la propaganda racista como incompatibles como son, por un lado, que no es realista una política que no racionalice los flujos migratorios, y, por otra, que los inmigrantes, sin distingos sobre su situación jurídica en nuestro territorio, tienen derechos básicos, como los que Mayor Oreja les negó con la ley de represión de la inmigración.

Y es que los mostoleños sí sabemos que los derechos humanos se tienen por el mero hecho de nacer, independientemente de dónde se resida.

Contra Eugenio de Aviraneta

Sostiene el polemista más que polémico Eugenio de Aviraneta que “los inmigrantes no tienen derechos ciudadanos simplemente porque no son miembros de nuestra comunidad”, porque no son ciudadanos de nuestro país, y que en muchísimos casos ni siquiera lo eran en sus países de procedencia, así como que no es cuestionable la naturaleza democrática de los Estados que sólo reconocen la condición de ciudadanos a los de su nacionalidad.

El concepto de “ciudadano” es un concepto jurídico, y por lo tanto debe ser tramitado desde una perspectiva jurídica. En nuestra cultura jurídica, se identifica tal concepto con el de sujeto de derechos básicos, y los derechos básicos son los deducidos del denominado Derecho Natural consustancial a la condición humana, que por su naturaleza no es necesario que se reconozca o se legisle por los poderes públicos para que exista, no pudiendo disponer de él.

El mayor esfuerzo de formalización, articulación y sistematización de dicho contenido mínimo del Derecho Natural es la Declaración Universal de Derechos Humanos, que aunque por su naturaleza no es necesario reconocer por los poderes públicos, sí ha sido incorporado a los ordenamientos constitucionales de países como el nuestro, junto a otras normas de Derecho Positivo Internacional Público como la Carta de las Naciones Unidas o los Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de Derechos Civiles y Políticos.

Aviraneta viene a plantear que originariamente los seres humanos no son ciudadanos, sino que adquieren tal condición a posteriori. Pero de los contenidos de los Derechos Natural y Positivo Internacional Público se colige que ambas condiciones son inseparables ab initio, y que cuando en un país se niega la condición de ciudadano a sus entonces sólo súbditos, sólo es posible previa usurpación ilegítima por parte de sus respectivos poderes públicos.

Así, los inmigrantes son ciudadanos. Y en el caso de nuestro país, pese a que la Ley racista de Inmigración de Mayor Oreja intente negárselo, gozan de derechos básicos. Negárselos es negarles la propia condición humana, y de consagrarse tal interpretación cualquiera podría disponer libre e impunemente de sus personas.

Finalmente, confunde Aviraneta el todo por la parte cuando en otro punto sostiene que un Estado puede ser democrático sin respetar los derechos humanos. Por supuesto: el “derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos”, es sólo uno de los recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 21.1).

  • Google

Artículos recientes

Últimos comentarios

Los más comentados

Mis compromisos

  • No hay socialismo sin revolución
  • Adopta animales abandonados
Creative Commons License