Trae Joaquín Leguina en el artículo “Un paseo por la España plural” de su blog, una inscripción sita en el altar subterráneo del tempietto construído por Bramante en la actual Academia de España en Roma, que se refiere al rey Fernando “el Católico” de Aragón como “Hispaniae Rex”. Y alude a la negación que presenció de una visitante catalana que cuestionaba que aquél monarca de finales del siglo XV fuera, efectivamente, Rey de España. Y reprocha Leguina:
Yo saqué en limpio de aquella pelea dialéctica que la mujer no podía aceptar el hecho de que España haya existido jamás como entidad jurídica, política, social… Para ella, España era una creación de Francisco Franco, una entelequia que habían “inventado los fachas” en el segundo tercio del siglo XX.
Convengamos que España como entidad diferenciada, aunque variable a través de la Historia, no es una palabra vacía que emplearon primero los fenicios y luego los romanos para denotar tan solo un territorio poblado por conejos (al parece, la palabra España significa precisamente eso: tierra de conejos).
¿Cuándo nació España como unidad, como realidad política? Veamos hipótesis, por orden de desatino, de más a menos:
Año 535.- Esta es la gilipollez a la que debió referirse ese gran intelectual que la derecha nos ha dado, que es José María Aznar, cuando reclamó a los seguidores de una confesión religiosa, aquí incluidos los españoles que la profesan, que nos pidieran perdón por la invasión que Al Qaeda hizo de España en el año 711, derrocando al reino visigótico que entonces regía por estos lares.
Es una gilipollez, para empezar, porque el primero conocido que inició esa monarquía parece haber sido el rey Fritigerno, cuyo reino se encontraba en Europa oriental …a no ser que Aznar vaya a exigir la territorialidad de España reclamando los Balcanes. Vamos, que el reino visigodo no era un reino español, como anteriormente no lo era el Imperio Romano. Al parecer, varios monarcas visigodos después, ni siquiera su rey Ataulfo I llegó nunca a pisar la tierra de conejos a la que acertada y etimológicamente se refiere Leguina para identificar el orginen del término que da nombre a nuestro país. Sólo en el año 415 atravesó los Pirineos un soberano visigodo, el rey Ataúlfo.
Igual a 535 se refería el inefable historiador Aznar, ya que es la fecha en que se culmina la unificación de los territorios de la actual península ibérica por parte del del rey Leovigildo, al anexionar al reino visigodo las posesiones de los suevos al noroeste (incluido el norte de Portugal), donde comenzaron a asentarse en 410, un lustro antes de que los godos llegaran a Barcelona. En cualquier caso, el reino visigodo no era sólo español, por extenderse también por el cuarto sudoccidental de la actual Francia.
Año 1936.- Ciertamente, es una estupidez fechar el nacimiento de España en el norte de Marruecos, en el golpe de Estado de la derecha. Otra cosa es que al desmontarse la dictadura fascista que regía sobre la preexistente España no se haya restaurado la legalidad democrática precedente, la de la Constitución de 1931, e incluso que el sistema posterior que actualmente vivimos sea de facto y de iure el resultado de mecanismos jurídicos de la dictadura. Pero vamos, que afirmar, por ejemplo, una realidad política catalana distinta de la española con base a supuestas legitimidades derogadas por Franco es una mendaz tontería.
Año 1492.- La propaganda franquista, la misma que quiso canonizar a la racista y animal Isabel “la católica”, fijó en este año el nacimiento de España, acaso para unir el concepto al del Imperio que con la conquista de América comenzó entonces. Cierto que ese año se abrió con la derrota del rey Boabdil de Granada, y su anexión a la corona de Castilla. Y la inscripción a que se refiere Leguina es de 1502, pero hasta 1512 no sumaría Fernando “el católico”, rey de Aragón, el título de rey de Navarra. Todos los actuales territorios de España estarían bajo los mismos monarcas sólo en 1640, cuando Ceuta pasó de sobería portuguesa a la castellana.
Dos notas. La primera es que resulta particularmente trascendental la unificación sobre la misma cabeza de las coronas de Navarra y primero Aragón y después Castilla, ya que de hecho todos los reinos de la reconquista tienen su origen en el de Pamplona, tras la muerte de su rey Sancho III “el mayor”, tomando nombres de antiguos condados. Más: en 1530 el rey Carlos I abandona el norte de Navarra, la parte situada más allá de los Pirineos, siendo tomada por la dinastía Albret-Foix, que, por avatares de la historia, desembocaría en la de los Borbones en 1555, y que a ese pequeño reino desgajado sumarían el de Francia en 1589.
La segunda nota es que, si bien ciertamente los reyes de todos los reinos de España empezaron a ser, al alimón (que “tanto monta, monta tanto”) ambos reyes católicos, y por herencia previsiblemente los sucesivos primogénitos, lo cierto es que, por usar términos actuales, no eran más que Jefes de Estados, de Estados independientes. Las coronas de Castilla y Aragón tenían sus propios y respectivos ordenamientos jurídicos, sus respectivas Cortes, sus propias instituciones distintas de gobierno. Sólo compartían la más alta magistratura, el rey. Pero no exactamente como rey de España, que por lo tanto no era una realidad política sino meramente geográfica: Carlos I era rey de Aragón en Aragón y rey de Castilla en Castilla.
1707.- Es la fecha por la que me inclino yo. Vacante el rey común a todos los reinos que en la región europea conocida como España había, comienza la guerra de sucesión en 1702 entre dos pretendientes, el duque Felipe de Anjou, de la dinastía francesa, y anteriormente navarra, de los Borbones, y el archiduque Carlos de Habsburgo. Las coronas de Castilla y Navarra (por aquí andaría la actual Euscalerría, que entonces, como nunca, no existía) apoyaron a quien, vencedor, acabaría siendo proclamado rey Felipe V de España, y las de Aragón y Valencia (y por aquí andaría la actual Cataluña, como nunca, no era independiente) al derrotado.
Aunque la guerra concluyó en 1713, ya el 29 de junio de 1707 Felipe V dictó el primero de los que se llamarán “Decretos de Nueva Planta”. Resumo:
Considerando haber perdido los Reynos de Aragón y de Valencia y todos sus habitadores por el rebelión que cometieron […] todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban…; y tocándome el dominio absoluto de los referidos Reynos de Aragón y Valencia, pues a la circunstancia de ser comprendidos en los demás que tan legítimamente poseo en esta Monarquía, se añade ahora la del justo derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente mis armas con el motivo de su rebelión; y considerando también que uno de los principales atributos de la soberanía es la imposición y derogación de leyes…; he juzgado por conveniente (así por esto como por mi deseo de reducir todos mis reynos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el Universo), abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, prácticas y costumbres, hasta aquí observadas en los referidos reynos de Aragón y Valencia; siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y se ha tenido en ella y en sus tribunales, sin diferencia alguna en nada.
Vamos, que se aplicó la legalidad vigente en el derecho internacional público de la época, en cuya virtud cuando Aragón entró en conflicto bélico sabía que se exponía a sufrir el derecho de conquista. Arriesgó, y perdió. Y Cataluña también. Y Aragón y Mallorca.
Posteriormente se restauraría el derecho privado derogado, reconociéndose la vigencia de los respectivos derechos civiles: El 3 de abril de 1711 mediante un Decreto respecto de Aragón; el 28 de noviembre de 1715 respecto de Mallorca; y el 15 de enero de 1716 mediante el de “Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña”, por el que pese a derogarse la Generalitat se establecen otras instituciones propias para dicha región. El reino de Valencia fue el peor parado, perdiendo como las demás el derecho público regulador de las instituciones de su autogobierno “estatal”, pero además también su derecho privado.
Aquí comenzó España, anexionándose legalmente a Castilla todos demás reinos excepto el de la fiel Navarra. Y así hasta ahora, que Navarra tiene su propio fuero y existen derechos civiles distintos del común (por ejemplo, el matrimonio es por principio en sociedad de gananciales, pero en Cataluña la regla es la separación de bienes): España había pasado de referirse a un territorio ocupado por reinos distintos en confederación para significar un Estado.