El pueblo vive en libertad gozosamente
No lo digo yo, lo admite Luis María Ansón, poco sospechoso de veleidades izquierdistas:
Si Franco alzara con sus manos la piedra de 1500 kilos que le sepulta, se hundiría de nuevo ante la radiante democracia española, ante la libertad que el pueblo vive gozosamente, ante la juventud independiente y sin ataduras
Lo cual, conocida la basura a que habitualmente nos tiene acostumbrados este golpista confeso, nos debe llevar necesariamente a la más absoluta perplejidad.
Cuenta un chiste (ya viejo, que la benemérita es hoy respetabilísima) que dos alienígenas aterrizan en nuestro planeta, y explorando, explorando, se topan con un tricornio en el suelo. Extrañados por la caprichosa forma del objeto, lo giran en sus manos intentando encontrarle un uso, preguntándose cuál es su finalidad. Uno de ellos se lo ajusta en su cabeza, y espeta al otro:
- No sé para qué servirá, pero desde que me lo he puesto me están entrando unas ganas de darte de hostias…
El caso es que en el artículo en el que Ansón no miente a sus lectores sobre la extraordinariamente positiva situación de la España de Zapatero, precisamente Zapatero no aparece para nada. Porque es mentarle la bicha y le entran unas ganas de liarse a hostias…
Hostias dialécticas, por supuesto, que los españoles de salón no las dan físicas. Esos trabajos sucios se los hacen los desgraciados que todas las sociedades generan. El caso es que si por alguna razón su pluma, al escribir el artículo, se hubiera deslizado a dibujar las letras que hacen el apellido de nuestro Presidente, habría mantenido con la misma naturalidad la opinión contraria: que nuestra democracia es decadente, que el pueblo añora la libertad de cuando España era una y grande, que las juventudes españolas son esclavas…
Bueno. Tengan ustedes claro que cuando escribe una cosa, y otro día la contraria, en una de las dos les ha mentido. Aunque lo cierto es que el comprador de El Mundo busca de propósito ser mentido: es su pastilla azul.
¡Cosas veredes!.





