Hace 70 años, a las 4 y media de la tarde del 26 de abril de 1937, día de mercado en Gernika, la Legión Condor de la Alemania nazi arrasó esa localidad vizcaína para la derecha española, revuelta contra el sistema constitucional tras su anterior proceso de fascistización.
La ciudad estaba habitada por unos 6000 civiles y ese día contaba con la visita de varios cientos de vecinos de otras poblaciones que acudían a su feria.
Mientras las viviendas de los gerniqueses eran reventadas mediante los explosivos de más de 200 Kgs. de peso soltados a tremenda mansalva por los bombarderos alemanes (cayeron la mitad de las bombas soltadas desde aeronaves durante toda la denominada Guerra Civil), los que huían por la calle eran cruelmente ametrallados por cazas alemanes e italianos en vuelos rasantes, que combinaban esos disparos con el lanzamiento de proyectiles incendiarios de casi 1 kg. a diestro y siniestro, contra objetivos tanto móviles como fijos.
Así durante tres eternas horas, la mitad de ellas a oscuras por el humo que cubrió la ciudad por los numerosísimos grandes incendios que estarían toda la noche quemando lo poco que esos hijos de puta dejaron en pie. Producto directo del ataque fue la muerte del 20% de los guerniqueses. Fue el primer bombardeo de población civil en la historia bélica.
Pío Moa, el historiadoroide de cabecera del nazional-liberalismo español, reduce el número de víctimas a unas docenas, mientras eleva a infinito el número de niños, mujeres y ancianos comidos crudos en Paracuellos por pérfidos satánico-masones. Poco después del impune crimen de guerra de Gernika, los antecesores del PP acusaron del desastre a los demócratas: según la teoría de la conspiración del momento, Gernika fue destruída por los propios leales al ordenamiento legítimo para desprestigiar al fascismo.
Hubo muchos Gernikas en España, pero al menos el asesinato masivo de los civiles de la capital histórica del País Vasco fue descrito por el reportero inglés George Steer y pintado por Picasso para conocimiento de la comunidad internacional, que así conoció la barbarie de la ultraderecha que, poco después, en la II Guerra Mundial, arrollaría toda Europa.
Recordando Gernika también recordamos las levas de demócratas para exterminios masivos de Badajoz, que dejan pequeño el genocidio de Srebrenica, los bombardeos de los pueblos que se encuentran entre Talavera de la Reina y Madrid, las violaciones masivas por mercenarios norteafricanos, las ejecuciones indiscriminadas, los campos de concentración que también hubo en España y que se pretenden ocultar tras el mito de las chekas grabado a fuego durante cuarenta años de mentira, la esclavitud como la de Cuelgamuros,…
Hay quien no quiere que se recuerde.