El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Mayo 2007

La Policía de Gallardón te va a hostiar

Un viejo amigo siempre me advirtió sobre los paralelismos entre Jörg Haider, el lider del neofascismo austriaco de corte nacional-liberal, y Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez, el Alcalde de Madrid discípulo de su homólogo vienés el prefascista Karl Lueger. Tanto Haider como Ruiz-Gallardón cuidan especialmente transmitir una imagen de modernidad con la que, por un lado, hacer el vacío a sus contrincantes de izquierdas, y por otro, homologar la adaptación al siglo XXI de la ideología de la que realmente son transmisores y ejecutores.

Es cierto, que toda regla tiene su excepción, que no están Haider y Ruiz-Gallardón la misma fase del desarrollo de la ideología totalitaria que, más o menos barnizada de demócrata, comparten. Ruiz-Gallardón se sitúa entre el prefascismo luegeriano de veta socialcristiana y la suerte de tecnofascismo de Gonzalo Fernández de la Mora (aquél que ansiaba que España se limitara a ser un “Estado en obras”, como tiene Gallardón a Madrid). Mientras es cierto que Haider está en una fase más descarada, más descarnada, la del nazismo nacional-liberal en la que abiertamente se sitúa la Condesa de Murillo, María Esperanza de Aguirre y Gil de Biedma. De ahí vienen sus diferencias: Ruíz-Gallardón piensa que la Condesa se pasa, y ésta que aquél es un blandito.

Recientemente, como en todas las Elecciones Presidenciales francesas, hemos asistido a otra lepenización del candidato derechista de turno, en su autoconstrucción como alternativa catch-all capaz de recoger todos los votos desde el centro del en este caso el derrotado Bayrou hasta la extrema-derecha del Frente Nacional. Así, Nicolas Sarkozy es capaz de sostener a la vez su adhesión a las medidas económicas de la centrista UDF, a las de carácter social del conservadurismo compasivo neocon, y a las de mano dura de Le Pen.

En estas anda Ruiz-Gallardón. No sólo necesita ganar las próximas elecciones para mantener sus ilimitadas ambiciones políticas, sino además ganar en su compétición abierta con su compañera la Condesa de Murillo, con la que se ve abocado a concurrir en el común interés de sustituir a Rajoy como candidato del PP a Presidente del Gobierno cuando Zapatero revalide su mayoría en 2008.

Eso lo saben ambos, Ruíz-Gallardón y la Condesa de Murillo. Y el primero sabe que parte con desventaja: Por un lado, la derecha sociológica es tirada por el líder social de la ultraderecha posibilista, Fedeguico Jiménez Losantos, y con él la Iglesia Católica, hacia su candidata natural, la Condesa. Por otro, la fascistización de su Partido deja en evidencia lo blandito que ha sido de lo que se le acusa.

Ruiz-Gallardón está desesperado, y necesita congraciarse con los elementos más ultraderechistas de su Partido y de las bases naturales del PP en el electorado. Necesita un flotador, insisto en que no para ganar sino, por ejemplo, para no sacar menos votos de los que sacará la Condesa de Murillo en la ciudad de Madrid.

Y, como Sarkozy, ha optado por hacer guiños a la extrema derecha. Después de casi cuatro años permitiendo el incumplimiento de la Ley Antibotellón que él mismo impulsó cuando era Presidente autonómico, un mes antes de las Elecciones Municipales y Autonómicas se da cuenta de que hay que aplicarla, y a tal fin se ha fijado en el barrio de Malasaña de la capital, uno de los focos de lo que fuera “la movida madrileña”.

Ha soltado a los alguaciles municipales a hostiar a todo el que ande por el barrio de Malasaña. Tenga o no que ver con el botellón. Mano dura, autoridad y orden. Todo por el voto. Dicen las crónicas que las víctimas de lo que así queda como brutalidad policial no han sido sólo los jóvenes que incumplían la Ley, sino todo el que pasara por ahí, sin duda que con el objetivo de magnificar la acción policial y transmitir el ejemplo que para temor social se pretende. El barrio de Malasaña ha quedado, de facto, bajo toque de queda.



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