Sobre el bloguerismo profesional
Tengo un compañero, llamado Enrique Castro, cuyo blog sólo es conocido sólo por un reducido grupo de lectores, siendo además la mayoría muy críticos, y que pese a determinadas carencias y la falta de experiencia por haber comenzado a bloguear hace sólo un par de años, cuando yo hacía más de otro par que ya había escrito mi primer post, se presenta como “blogger profesional”. No voy ahora a glosar el personaje, tan criticable como en cambio es admirable como persona.
Me centro en la profesionalización del blogging. Ya antes que al citado compañero he conocido otros bloggers que han pretendido profesionalizarse como tales, es decir, hacer de esto una fuente de ingresos al menos sensibles. Ya antes, mucho antes, de que el citado compañero se arrogara tal éxito profesional (digo bien: en mi opinión ser efectivamente un blogger profesional es un gran éxito), tuve brevísimas conversaciones con mi managementer (¿puede decirse “managementer”?) de cabecera en materia de emprendimiento, César Calderón.
Nos hicimos las siguiente pregunta: ¿cómo ganar dinero con un blog?. No voy a explayarme aquí en cómo llegamos a la conclusión, pero alcanzamos la de que la única manera es mediante la inserción de publicidad. La única manera.
La clave del fracaso de Enrique Castro es seguir sosteniendo “que Internet = gratis eso era hace 5 o 6 años“, porque en estos últimos cinco o seis años han fracasado las iniciativas empresariales, algunas grandísimas y superelaboradas, de poner precio al acceso a contenidos. Se está derrumbando el pay per view televisivo; El País ha abierto el acceso a todos sus contenidos incluidos las mejores columnas de opinión; el press-clipping abre los artículos de pago de otros medios; los estrenos cinematográficos son acesibles vía P2P; el canon se tambalea …ni el peor de los trolls pagaría por leer el blog de sus obsesiones. De concepto informático, código abierto está pasado a ser una definición de las nuevas relaciones mercantiles.
Insisto: la única manera de tener rendimientos económicos de un blog es mediante la inserción de publicidad. Pero claro, la ganancia de unas perrillas tampoco eleva a uno a la admirable cualidad de “blogger profesional”, porque:
- El anunciante paga en función de las visitas que recibe el blog, y eso que (i) siempre son difíciles de cuantificar y (ii) la inmensa mayoría de los navegantes pasamos de los banners.
- El anunciante paga en función de las visitas que recibe desde el blog.
Vamos, que si quieres ganar pasta con tu blog debes recibir varias decenas de miles de visitas diarias. Complicado, muy complicado ya que el gurismo en estas cosas está sucumbiendo como consecuencia lógica de su incompatibilidad cuando no abierta hostilidad frente a la democratización de la opinión pública que constituye la esencia del blogging.
No es lo mismo un blogger profesional que un profesional blogger. Y en esto también falla Enrique Castro cuando se relame (rezumando una obsesión de la que el pobre no logra desprenderse):
vaya, veo que el concepto de “profesionalidad de la blogosfera” ya lo decía entonces… y por supuesto mantengo, aún a pesar de las hipocresías interesadas, que muy pronto se pondrán en marcha, en forma de lobby político publicitario.
Por ponerme de ejemplo: en mi web profesional estoy empezando a desarrollar un blog jurídico. Y no no me considero un blogger profesional (ojalá). Los profesionales, como los demás tipos de empresas, sólo podemos recurrir a los blogs para hacer más atractivas las páginas webs de nuestros negocios, ya que los ingresos obtenidos a través de las mismas cada vez pesan más en nuestras cuentas de resultados. En mi caso, mi web es esencial en mi modelo de negocio (suplo un despacho off-line por un despacho on-line, pudiendo reducir mis costes de producción y, por lo tanto, repercutirlo en una reducción de precios), pero no mi blog, ya que no confundo la parte con el todo.
Enrique Castro no es un blogger profesional. Si no lo sabe es un osado, si sí, un impostor.





