El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

Archivo: Abril 2008

Catch-all


Ante un crucifijo

Promesa ante un crucifijoLo que yo no termino de entender es que, pese a haber pasado España hace mucho tiempo a ser un Estado aconfesional, los símbolos de una determinada de las muchas asociaciones religiosa que existen ocupen puestos de honor en los ritos públicos más elevados de la vida ciudadana. Seguro que la temática de este post es muy manido, y que cada cuatro años se escriben reiteradas perplejidades como ésta. ¿Por qué el Presidente del Gobierno (y próximamente los Ministros) tienen que tomar posesión ante un crucifijo?

O, sobre todo, ¿es que los interesados no tienen el coraje suficiente para, sin tampoco grandes estridencias, poner fín a tal acto de sometimiento del poder demócratico bajo el poder de las supersticiones? Creo que algo que caracteriza a Zapatero es su conjugación del arrojo y el ‘talante’. Sin duda que podría haber encargado al Jefe de su Gabinete comentar al de la Casa civil del Jefe del Estado ‘olvidar’ el crucifijo en el armario donde reposara. Y conocido también el talante del Jefe del Estado, seguro que se habría hecho cargo de las obligaciones que imponen el ordenamiento constitucional español.

Sí, sí. Hay fotos mías haciendo mi promesa de letrado ante un crucifijo. Pero que sean retirados ante las más altas magistraturas del Estado sin duda que facilitaría normalizar, o exigir la normalización, de la situación en otras ceremonias civiles como a la que aquí refiero que me atañe. Seguro que la propia asociación religiosa hasta ahora beneficiada no encontraría argumentos que hacer públicos contra dicha decisión, o formularía otros cuya vergüenza nos llevaría a preguntarnos por qué no lo hicimos antes.

Son estos los pequeños detalles que derriban tan grandes murallas. No se trata sólo de retirar un pedazo de bronce, sino de lo que supone y a lo que ayuda.

No se entera


Don José Bono Martínez


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