El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña, estoy casado y soy padre de una niña. Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Abril 2008

Catch-all

A ver cómo hago una incursion en el actual debate interno del PP sin apasionarme, con el debido distanciamiento, no como socialista sino como mediocre analista y en cualquier caso como preocupado ciudadano que previsiblemente, por mor de la alternancia consustancial a la democracia, cuando no sea gobernado por el PSOE de sus amores lo será por el PP. Y ello aún a riesgo de poder así contribuir, siquiera ínfimamente, a la victoria electoral de la actual oposición.

En primer lugar, creo que el único que esta hablando de ideología, cierto que muy descargadamente, es Mariano Rajoy. Y del mismo modo, que la más ideologizada es la Condesa de Murillo, aunque no en el sentido liberal tras el que esconde su auténtica doctrina política.

Y esto último porque para la aristócrata el liberalismo no es más que una impostura con la que cumple dos objetivos: el primero, esconder la ideología ultraderechista que, camaleónicamente adaptada al entorno (democracias pluripartidistas occidentales con presencia de una opción socialdemócrata liderando la izquierda muy legitimada por los ciudadanos) es su auténtica fuente de pensamiento, como no puede disimular en su práxis gubernamental; y el segundo, okupar (con k, sinónimo de “usurpar”) un espacio político atractivo, homologable a las democracias europeas, vacante en España y, precisamente, en las antípodas del lobo para la que sirve de piel de cordero, que de impostar se trata, que la extrema derecha está estigmatizada desde la II Guerra Mundial en Europa y el golpe de Estado y la subsiguiente dictadura fascista que en el siglo pasado sufrimos en España.

No se puede ser liberal siendo aristócrata y esposa y madre de Grandes de España, viviendo en un palacio de la rancia nobleza española, estando entregada al integrismo religioso, aborreciendo de la competencia en el mercado y negando libertades cívicas. Es imposible. Lo único que la auténtica lideresa de lo que queda como un fascismo redivivo tiene de liberal es la faceta más vetusta de dicha ideología, la más superada por la Historia, un liberalismo más antiguo que el marxismo, caracterizado por su abierta hostilidad contra los trabajadores, ya sean por cuenta ajena, ya autónomos. Con este y aquellos mimbres sólo puede configurarse un nacional-liberalismo, realmente tan liberticida como antisocialista era el nacional-socialismo.

Frente a dicho fondo extremista con forma moderada, el modelo de Mariano Rajoy es otro:

Este partido responde, sobre todo, ante sus militantes, ante vosotros y ante sus votantes, pero este partido no responde ante ningún grupo de presión, sea de la categoría que sea. De ninguna manera.

Quiero que este partido sea lo que es, un partido popular, moderado, abierto e integrador y no un partido de doctrinarios. Eso no lo quiero. Aquí se han incorporado todos, aquí hay liberales, democristianos, incluso socialdemócratas. Aquí caben todos. El PP es el punto de encuentro de mucha gente de la sociedad española. Y precisamente porque aquí caben todos, 700.000 personas que habían votado al PSOE nos han votado en estas últimas elecciones generales. Yo quiero un partido donde todo el mundo se sienta cómodo, donde todo el mundo pueda estar representado, no un partido que responda a una sola ideología.

Y continúa diciendo algo que podríamos escuchar, sin escandalizarnos, de la boca de cualquier lider de cualquier otro partido democristiano o incluso socialdemócrata de Europa, incluído en este caso el PSOE:

Hemos hecho un gran partido, donde hay mucha gente que puede pensar de manera distinta en algunas cosas que no son las fundamentales, pero hemos incorporado a mucha gente. Por eso hemos ganado en muchos sitios donde antes era imposible ganar. Y aquí caben todos. Yo no quiero un partido reducido a una sola ideología. Pero además, yo quiero deciros una cosa: yo creo en la libertad, he creído toda mi vida en la libertad, porque es el fundamento de la dignidad de la persona y porque creo en la libertad como motor de progreso. Quien genera riqueza y bienestar no es el Estado, sino es la gente. Y el Estado está para ayudar y generar condiciones para que la gente y las personas lo puedan hacer. Creo en más cosas que en la libertad, creo en la igualdad de derechos y oportunidades, porque sin igualdad de derecho y oportunidades no hay libertad. Y yo creo que el Estado tiene que ayudar a aquellas personas a las que no les va tan bien. Yo creo en la educación pública y en la Sanidad pública y en un sistema de pensiones público y si alguien no cree en un sistema de pensiones público –porque este debate ya lo hubo en España- que lo diga.

Libertad sí, pero hay gente en la sociedad a la que las cosas le van mejor o peor, que pueden tener mala suerte o pueden no ser tan listos y ahí se necesita la solidaridad y la cohesión.

Estratégicamente, la posición inteligente es la de Rajoy. Esperanza Aguirre se dirige al nucleo duro del electorado del PP, ese 25% de españoles que recoge la herencia sociológica del franquismo. Sin ese 25% el PP nunca ganará, pero con sólo ese 25% tampoco lo hará.

El modelo de oferta política al electorado de Mariano Rajoy es el de “catch-all” o “big tent” que lo coge todo, que es como se denomina a los Partidos que aspiran a abrir al máximo su abanico electoral para conseguir reflejar el mayor segmento posible de la sociedad. Mariano Rajoy ofrece un discurso xenófobo por ser esencial en las vísceras de los energúmenos ultraderechistas, pero tiene que ser capaz de alcanzar desde ese extremo, como hace Esperanza Aguirre, al centro sociológico, ese conglomerado de ciudadanos que pivotan entre la derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha, y que votan indistintamente a unos u otros sin ningún tipo de rubor. El modelo de Rajoy es un modelo centrado en la derecha, como la clave del éxito de Zapatero es haberse centrado en la izquierda alcanzando por un lado los caladeros naturales de Izquierda Unida, y por el otro a los sectores sociales auténticamente liberales.

El modelo de Esperanza Aguirre es otro. Es un modelo rupturista de los consensos suscritos en Europa tras la II Guerra Mundial. Aunque la izquierda no comunista muchas veces simplificamos la realidad atribuyéndonos la paternidad en exclusiva del Estado del Bienestar, la verdad es que es coautoría de la socialdemocracia con los democristianos, éstos al calor de la doctrina social de la Iglesia y, tácticamente, para desactivar tentaciones revolucionarias de la clase obrera en los tiempos de la guerra fría. Pero ambos son los padres.

Para la Condesa de Murillo esas reglas del juego han acabado. El Estado del Bienestar es una carga pesada en determinadas cuentas de resultados, y quiere arrastrar a la derecha española a desvincularse, aun a riesgo de que la izquierda, una vez libre del compromiso que la vinculaba con la democracia cristiana, busque por otras vías lo que el Estado deje de facilitarle, que, como ya es adagio, “la clase obrera sólo puede perder sus cadenas”. Por eso, la posición de determinada derecha radicalizada europea, Esperanza Aguirre aquí, Silvio Berlusconi en Italia, los gemelos frikis en Polonia…, es una irresponsabilidad que hace caja a corto plazo, pero deviene en muy peligrosa al medio.

¿Y qué prefiero yo? Como socialista podría preferir a Esperanza Aguirre al frente del PP. Con sólo el 25% del electorado y su jefe de agitación y propaganda, Fedeguico Jiménez, acojonando a los votantes del centro sociológico, lanzándolos a nuestros brazos, las próximas elecciones pueden saldarse con una mayoría absoluta del PSOE.

Como ciudadano, aunque nunca vaya a votar al PP, creo que es bueno una opción política con vocación realista de gobierno en la derecha que haga suficiente contrapeso a su alternativa a la izquierda, y que no asuste a los demás. Como no asustó el Aznar de 1996 ante su primera victoria electoral.

Ante un crucifijo

Promesa ante un crucifijoLo que yo no termino de entender es que, pese a haber pasado España hace mucho tiempo a ser un Estado aconfesional, los símbolos de una determinada de las muchas asociaciones religiosa que existen ocupen puestos de honor en los ritos públicos más elevados de la vida ciudadana. Seguro que la temática de este post es muy manido, y que cada cuatro años se escriben reiteradas perplejidades como ésta. ¿Por qué el Presidente del Gobierno (y próximamente los Ministros) tienen que tomar posesión ante un crucifijo?

O, sobre todo, ¿es que los interesados no tienen el coraje suficiente para, sin tampoco grandes estridencias, poner fín a tal acto de sometimiento del poder demócratico bajo el poder de las supersticiones? Creo que algo que caracteriza a Zapatero es su conjugación del arrojo y el ‘talante’. Sin duda que podría haber encargado al Jefe de su Gabinete comentar al de la Casa civil del Jefe del Estado ‘olvidar’ el crucifijo en el armario donde reposara. Y conocido también el talante del Jefe del Estado, seguro que se habría hecho cargo de las obligaciones que imponen el ordenamiento constitucional español.

Sí, sí. Hay fotos mías haciendo mi promesa de letrado ante un crucifijo. Pero que sean retirados ante las más altas magistraturas del Estado sin duda que facilitaría normalizar, o exigir la normalización, de la situación en otras ceremonias civiles como a la que aquí refiero que me atañe. Seguro que la propia asociación religiosa hasta ahora beneficiada no encontraría argumentos que hacer públicos contra dicha decisión, o formularía otros cuya vergüenza nos llevaría a preguntarnos por qué no lo hicimos antes.

Son estos los pequeños detalles que derriban tan grandes murallas. No se trata sólo de retirar un pedazo de bronce, sino de lo que supone y a lo que ayuda.

No se entera

Rajoy bobo solemneSe lo tuvo que recordar José Luis Rodríguez Zapatero a Mariano Rajoy en el debate de investidura de aquél cuando éste le espetó:

Le hemos visto gobernar durante cuatro años en los que, como le he repetido muchas veces, se ha ocupado de todo menos de lo más importante. Esas son sus credenciales.

Respondió Zapatero que sus credenciales eran los resultados electorales a resultas del cual tenía lugar dicho debate parlamentario. Puede parecer obvio, pero es que las credenciales del lider socialista están fresquitas: son 11 millones de votos que hacen del programa electoral del PSOE el más votado de los presentados en todas las Elecciones que en la historia de España ha habido… y en este caso hace sólo un mes.

La verdad es que Rajoy se ha tirado toda la anterior legislatura hablando en supuesta representación de los españoles, atribución que se ha arrogado particularmente cuando ha tratado de deslegitimar al Presidente del Gobierno. Y en este punto es donde siempre me han asaltado las dudas: ¿No reconoce la victoria ahora a Zapatero como no se la ha venido reconociendo los cuatro años anteriores? No sería de extrañar, ya que desde las órbitas más ultraderechistas del PP se ha tratado de impregnar el origen del primer Gobierno de Zapatero con tintes golpistas (ya saben todas esos desvaríos sobre que el 11-M fue un Golpe de Estado, que si no no puede explicarse que España no estuviera gobernada como el orden natural de las cosas impone, esto es, por sus dueños, esto es, por la derecha).

O quizá es peor y es que nos niega la condición de españoles, de ciudadanos o, en el mejor de los casos, de inteligentes, a la inmensa mayoría de españoles que relegamos al PP a la oposición. Así, sólo él podría hablar en representación de los españoles por cuanto españoles de verdad son sólo los que votan al PP, que los demás somos antiespañoles, u otra cosa.

Vamos, que o se la suda lo que decidimos en 2004 como se la suda lo que acabamos de decidir en este 2008, o nos considera gilipollas cuyos actos (como el de votar) no se nos tiene que tener en cuenta, o sólo son españoles los suyos. Sólo así puede entenderse lo que continuó diciendo en aquél debate:

Me ha dejado usted la impresión de que sigue sin preocuparse adecuadamente de aquellos problemas que más inquietan a los ciudadanos.

Lo dicho: los ciudadanos somos gilipollas, que apoyamos mayoritariamente a quien no se preocupa adecuadamente de nuestros problemas. ¡Un poquito de por favooor! Al menos, Don Mariano, deje pasar un poco de legislatura, sólo un poquito, que cuando vuelva a decirlo (que lo dirá, no me cabe ninguna duda) ya olerá a cuerno quemado.

No se puede acusar de que no se preocupa de los problemas de los ciudadanos a quien acaba de ser elegido, qué digo elegido: reelegido, después de cuatro años frente al acometimiento de los problemas de los ciudadanos. No queda muy estético, al menos. O eso, o realmente Rajoy no se entera: es él el que no ha debido preocuparse adecuadamente de los problemas de los ciudadanos cuando estuvo en los Gobiernos de Aznar entre 1996 y 2003, porque si no habría sido elegido Presidente en 2004, ni cuando estuvo en la oposición entre 2004 y el mes pasado, porque si la hubiera canalizado conforme los intereses de los ciudadanos hoy estaría enviándole Reales Decretos al Rey desde La Moncloa.

Por eso, suena tragicómico cuando Rajoy, reiteradamente lanzado a la oposición por los ciudadanos, dice en el citado debate:

la palabra clave en economía es ‘confanza’ y esta se basa en la ‘credibilidad’, algo de lo que carecen sus propuestas de esta mañana.

Las propuestas que hizo esa mañana Zapatero son las que venían contenidas en el Programa Electoral que ganó las recientísimas Elecciones Generales. O en pasiva: las propuestas que no han gozado de la confianza suficiente, donde se debe recabar que en democracia es en la urnas, y ello porque no nos han suscitado la credibilidad necesaria, son precisamente las del que da lecciones al ganador. Rajoy el derrotado dá lecciones a Zapatero el ganador. Lo de aquél ya empieza a dar pena.

En democracia la confianza y la credibilidad políticas se miden con votos, y desde luego que no se confiere al derrotado la capacidad certificadora de lo que precisamente no tiene. No es baladí, ya que precisamente son según qué argumentos los que sirven de fuente justificadora del golpismo: la desvirtuación de la legitimidad democrática de la mayoría. Y de ello andamos tan sobrados en nuestra historia como faltos de votos Rajoy.

Me preocupa que este tipo de planteamientos prefascistas no son esporádicos, sino que compruebo que van a formar parte de la propaganda que desde el momento ‘cero’ ya está aplicado la extrema derecha parlamentaria. Así, por ejemplo, el derrotado que no se resigna a mantenerse donde democráticamente ha sido arrojado dice también, en materia de terrorismo y política exterior, respectivamente:

Espero sus rectificaciones para que podamos entendernos.

Lo que nos gustaría en estos cuatro años es poder apoyarle en una rectificación a fondo.

Pues yo espero que Zapatero siga como hasta ahora. De hecho es lo que, conforme a las obligaciones democráticas, debe hacer. Si le hemos votado es no sólo por lo que propone para el futuro, sino además por lo que ha hecho en el pasado. Las Elecciones en democracia son dos exámenes en un sólo acto: se examina la gestión realizada y los proyectos presentados. Y la ciencia política demuestra que ’se puede pasar de curso’ con el segundo examen suspendido, pero el primero siempre se debe aprobar. La historia está plagado de ejemplos de líderes políticos que han sido ratificados por su gestión aún habiéndose presentado con un pobre Programa Electoral. Pero no hay ningún caso de gobernantes que hayan sido reelegidos con un buen Programa Electoral pero una mala práctica en el pasado.

¿Por qué va a rectificar Zapatero si su estrategia le da buenos resultados electorales, que es de lo que se trata en la democracia pluripartidista? ¿No tendría que ser mejor Rajoy quien debiera rectificar a la vista del fracaso con que la estrategia seguida se ha saldado? Parece lógico, ¿no?

Pues bien: esa pretensión de imponer desde la oposición la línea de gobierno a quien ha ganado tuvo un ejemplo claro con la intervención del derrotado en el debate de investidura, a propósito de la política de gestión de los recursos hídricos:

Cuando llegó usted al Gobierno, su única preocupación fue liquidar unilateralmente el Plan Hidrológico Nacional, que había tenido un apoyo muy mayoritario, para sustituirlo, prácticamente, por nada.

¡Y tan mayoritario! Tanto, que hoy el Presidente del Gobierno es Rajoy, Zapatero ha sido castigado con la oposición, el PSOE se está descomponiendo, el PP sube imparable en Cataluña mientras el PSC se hunde, Marcelino Iglesias ha sido desalojado de la Presidencia de Aragón… Claro.

No es así, no. Por ello, cuando al respecto dice Rajoy que dicha política “ha dejado insatisfechos a todos”, sólo puede sostenerse sobre el presupuesto de que la mayoría que no ha votado al PP no forman parte del concepto ‘todos’. Lo mismo puede predicarse del concepto ‘ciudadanos’ cuando Rajoy en dicho debate de investidura dijo, también sobre el agua, aquello de que

todo este debate parece un sainete del que los grandes perjudicados son los ciudadanos. ¿Vamos a perder otros cuatro años antes de reconocer lo que es evidente?

Pues dos cosas: la primera, que “evidente” no debe ser, al menos para eso de lo que él se apropia, que son “los ciudadanos”; la segunda, que sí, que van a pasar otros cuatro de esos años. Eso espero. Porque si no, yo comprometo mi palabra: como Zapatero dé agua a Murcia y la Comunidad Valenciana para regar los campos de golf de los pijos mientras falte para beber, lavarse, regar cultivos o mantener ecosistemas, yo dejo de votarle.

En cualquier caso, me parece absolutamente impresentable cómo concluyó el varapalado Rajoy su intervención, cuando estableció una serie de asuntos respecto de los que, pese a no estar establecido en la Constitución, impuso la siguiente norma: “debe contar, como ya le he explicado antes, con el consentimiento de esa casi media España que nosotros tenemos el orgullo de representar”.

¡Qué golfo! Vamos a ver: cuando gobierna la derecha, pueden aprobar Planes Hidrológicos Nacionales, meternos en guerras ilegales, leyes contra los extranjeros sin recursos, etc. sin contar con la izquierda. Pero cuando gobierna la izquierda, debe ser aplicando el programa electoral de la derecha y, en cualquier caso, reconociendo al grupo parlamentario de extrema derecha el derecho de veto.

Aparte de que atribuirse él sólo media España es tanto como decir que todos los demás se deben repartir la otra mitad, siendo una falacia por cuanto el PP no ha obtenido el respaldo del 50% de los ciudadanos, sino de menos del 30% de los españoles con derecho a voto.
Éste tío no ha aprendido la lección que ha recibido hace un mes. Empieza esta legislatura como terminó la anterior. Espero que Zapatero defienda con uñas y dientes su legitimidad democrática.

Don José Bono Martínez

No termino de arrancar. Cuando anunciaba que retomaba el ritmo habitual de posteo, resulta que “la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido” (Machado está de moda), y me he hundido. No, no se preocupen por mi salud mental. Es que los cambios de presión que acompañan los cambios estacionarios me bajan la tensión hasta niveles de borrachera: se llama “astenia primaveral”. Antes esto me pasaba viviendo a los 600 metros de altitud sobre el nivel del mar a que se encuentra la meseta en Madrid, y creo que desde hace ocho meses esto me pasará a poco más de 100. del valle de La Mahía. Total: que mi padecimiento se exacerba. Los últimos días me han acosado los dolores de cabeza habituales en estas fechas, pero es que en esta ocasión mi ‘aplatanamiento’, literalmente, me desplomaba. Mi voz el viernes era de beodo. Hasta he llorado viéndome tan piltrafa, qué cosas, pero sólo medio minuto, que… después he reído pensando jodido: “¡vaya borrachera sin haber bebido!” (me ha salido pareado dodecasílabo), y recuerdo que en mis años mozos al menos así me divertía.

Pero bueno. Al parecer o he pasado el rubicón de la primavera 2008 o, lo que me temo, aquélla da un pasito para atrás y hará otro embite tras la borrasca que en poquísimas horas volverá a sobrevolarnos, con lo que ineludiblemente tendré otro nuevo capítulo en el que, como los más irreductibles de los galos, temeré que el cielo caiga sobre mi cabeza.

José BonoEn fin. Tenía unas notas tomadas sobre el que, cuando las redacté, aún sólo era el candidato de Zapatero a Presidente de Congreso de los Diputados, don José Bono Martínez. Pero para colmo de mis recientes desdichas las he extraviado. Así que parto de cero.

Hubo un tiempo en que me gustaba Pepe Bono. El hecho de provenir del Partido Socialista Popular, de plantar cara al aparato del PSOE cuando dificultaba su renovación o apertura, o de hacer computar Castilla-La Mancha para la izquierda, era suficiente como para hacerme indulgente frente a ‘pecadillos’ como confraternizar demasiado con los purpurados y con demás potentados. Incluso, en el 2000 parecía ser la única garantía frente a una teminda ‘Nueva Vía’ patrocinada entre bambalinas por el infausto Carlos Solchaga y demasiado evocadora de la ‘Tercera Vía’ blairista.

Tras aquél 35 Congreso del PSOE, para mí comenzó a pasar de Pepe Bono a José Bono. No me pareció lo suficientemente leal que decidiera ‘reservarse’ en lugar de comprometerse con lo que teníamos, un José Luis Rodríguez Zapatero al que, confieso, yo también veía como Bambi. Ya habíamos perdido demasiado tiempo desde 1996, por lo que no podíamos permitirnos sumar más años a los cuatro que el PP nos sacaba de ventaja. Y en esas circunstancias no cabe reservarse. No cabe sentarse en el jardin a esperar ver el cadáver de tu enemigo pasar.

El PP perdió las Elecciones de 2004. José Bono fue hecho Ministro de Defensa, y nos llenó a todos de vergüenza cuando trató de que le fuera impuesta una medalla militar por hacer su trabajo. Millones de españoles nos mereceríamos así una. Y dimitió, no sin desmarcarse de algunas acciones de Gobierno esenciales de la legislatura, tan esenciales como para poderlas atribuir la eventual derrota en las Elecciones de 2008. No quería comprometerse con la eventual derrota de nuestro Secretario General. Vamos: que se volvió a sentarse en su jardín, a esperar. Me malicio que si admitió ser candidato a diputado es porque, tras la experiencia de Hernández Mancha en Alianza Popular, es incompatible liderar un Partido sin estar en el Congreso.

Pero cuando definitivamente para mí pasó de ser el compañero José Bono al señor don José Bono, con los debidos respetos pero también distancia, fue cuando se hizo querer como candidato del PSOE a Alcalde de Madrid, sin decir que no, diciendo que “a nadie le amarga un dulce”, subiéndonos así muy alto… para seguidamente echarse atrás y tirarnos desde aquella elevada altura, con tanta desazón en nuestras filas como alegría en las del PP que siempre le atribuiré a él la derrota de nuestro Partido en las últimas Elecciones Municipales y Autonómicas. Con él habríamos ganado, pero algo le pudo más que el honor de ser el primer Alcalde de España.

Sin la victoria del PP en la ciudad de Madrid, tampoco la habría habido en la Comunidad de Madrid -hoy la Condesa de Murillo estaría defenestrada y el peligro nacional-liberal conjurado- ni, en el cómputo nacional, en el resto de España. Él es el responsable, y aún no podemos hacer inventario de daños.

Termino sin entrar en valorar el trágala que para muchos supone que el señor Bono sea la nueva tercera autoridad del Estado, ya que si bien es una decisión criticable , el hecho de que suponga el fiel cumplimiento de la palabra dada, también es admirable en Zapatero. Pero Bono siempre será un nacionalista, y el nacionalismo, sea español o no, es una ideología rechazable por irracional, insolidaria, uniformadora, paleta, intolerante, incompatible con la pluralidad, supremacista e incentivadora cuando no directamente promotora del racismo (no me aplaudan los lectores del BNG, que esto que digo del nacionalismo centralista también va por ustedes). Vamos, que si yo hubiera podido votar en la sesión constitutiva de las presentes Cortes…



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