Catch-all
A ver cómo hago una incursion en el actual debate interno del PP sin apasionarme, con el debido distanciamiento, no como socialista sino como mediocre analista y en cualquier caso como preocupado ciudadano que previsiblemente, por mor de la alternancia consustancial a la democracia, cuando no sea gobernado por el PSOE de sus amores lo será por el PP. Y ello aún a riesgo de poder así contribuir, siquiera ínfimamente, a la victoria electoral de la actual oposición.
En primer lugar, creo que el único que esta hablando de ideología, cierto que muy descargadamente, es Mariano Rajoy. Y del mismo modo, que la más ideologizada es la Condesa de Murillo, aunque no en el sentido liberal tras el que esconde su auténtica doctrina política.
Y esto último porque para la aristócrata el liberalismo no es más que una impostura con la que cumple dos objetivos: el primero, esconder la ideología ultraderechista que, camaleónicamente adaptada al entorno (democracias pluripartidistas occidentales con presencia de una opción socialdemócrata liderando la izquierda muy legitimada por los ciudadanos) es su auténtica fuente de pensamiento, como no puede disimular en su práxis gubernamental; y el segundo, okupar (con k, sinónimo de “usurpar”) un espacio político atractivo, homologable a las democracias europeas, vacante en España y, precisamente, en las antípodas del lobo para la que sirve de piel de cordero, que de impostar se trata, que la extrema derecha está estigmatizada desde la II Guerra Mundial en Europa y el golpe de Estado y la subsiguiente dictadura fascista que en el siglo pasado sufrimos en España.
No se puede ser liberal siendo aristócrata y esposa y madre de Grandes de España, viviendo en un palacio de la rancia nobleza española, estando entregada al integrismo religioso, aborreciendo de la competencia en el mercado y negando libertades cívicas. Es imposible. Lo único que la auténtica lideresa de lo que queda como un fascismo redivivo tiene de liberal es la faceta más vetusta de dicha ideología, la más superada por la Historia, un liberalismo más antiguo que el marxismo, caracterizado por su abierta hostilidad contra los trabajadores, ya sean por cuenta ajena, ya autónomos. Con este y aquellos mimbres sólo puede configurarse un nacional-liberalismo, realmente tan liberticida como antisocialista era el nacional-socialismo.
Frente a dicho fondo extremista con forma moderada, el modelo de Mariano Rajoy es otro:
Este partido responde, sobre todo, ante sus militantes, ante vosotros y ante sus votantes, pero este partido no responde ante ningún grupo de presión, sea de la categoría que sea. De ninguna manera.
Quiero que este partido sea lo que es, un partido popular, moderado, abierto e integrador y no un partido de doctrinarios. Eso no lo quiero. Aquí se han incorporado todos, aquí hay liberales, democristianos, incluso socialdemócratas. Aquí caben todos. El PP es el punto de encuentro de mucha gente de la sociedad española. Y precisamente porque aquí caben todos, 700.000 personas que habían votado al PSOE nos han votado en estas últimas elecciones generales. Yo quiero un partido donde todo el mundo se sienta cómodo, donde todo el mundo pueda estar representado, no un partido que responda a una sola ideología.
Y continúa diciendo algo que podríamos escuchar, sin escandalizarnos, de la boca de cualquier lider de cualquier otro partido democristiano o incluso socialdemócrata de Europa, incluído en este caso el PSOE:
Hemos hecho un gran partido, donde hay mucha gente que puede pensar de manera distinta en algunas cosas que no son las fundamentales, pero hemos incorporado a mucha gente. Por eso hemos ganado en muchos sitios donde antes era imposible ganar. Y aquí caben todos. Yo no quiero un partido reducido a una sola ideología. Pero además, yo quiero deciros una cosa: yo creo en la libertad, he creído toda mi vida en la libertad, porque es el fundamento de la dignidad de la persona y porque creo en la libertad como motor de progreso. Quien genera riqueza y bienestar no es el Estado, sino es la gente. Y el Estado está para ayudar y generar condiciones para que la gente y las personas lo puedan hacer. Creo en más cosas que en la libertad, creo en la igualdad de derechos y oportunidades, porque sin igualdad de derecho y oportunidades no hay libertad. Y yo creo que el Estado tiene que ayudar a aquellas personas a las que no les va tan bien. Yo creo en la educación pública y en la Sanidad pública y en un sistema de pensiones público y si alguien no cree en un sistema de pensiones público –porque este debate ya lo hubo en España- que lo diga.
Libertad sí, pero hay gente en la sociedad a la que las cosas le van mejor o peor, que pueden tener mala suerte o pueden no ser tan listos y ahí se necesita la solidaridad y la cohesión.
Estratégicamente, la posición inteligente es la de Rajoy. Esperanza Aguirre se dirige al nucleo duro del electorado del PP, ese 25% de españoles que recoge la herencia sociológica del franquismo. Sin ese 25% el PP nunca ganará, pero con sólo ese 25% tampoco lo hará.
El modelo de oferta política al electorado de Mariano Rajoy es el de “catch-all” o “big tent” que lo coge todo, que es como se denomina a los Partidos que aspiran a abrir al máximo su abanico electoral para conseguir reflejar el mayor segmento posible de la sociedad. Mariano Rajoy ofrece un discurso xenófobo por ser esencial en las vísceras de los energúmenos ultraderechistas, pero tiene que ser capaz de alcanzar desde ese extremo, como hace Esperanza Aguirre, al centro sociológico, ese conglomerado de ciudadanos que pivotan entre la derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha, y que votan indistintamente a unos u otros sin ningún tipo de rubor. El modelo de Rajoy es un modelo centrado en la derecha, como la clave del éxito de Zapatero es haberse centrado en la izquierda alcanzando por un lado los caladeros naturales de Izquierda Unida, y por el otro a los sectores sociales auténticamente liberales.
El modelo de Esperanza Aguirre es otro. Es un modelo rupturista de los consensos suscritos en Europa tras la II Guerra Mundial. Aunque la izquierda no comunista muchas veces simplificamos la realidad atribuyéndonos la paternidad en exclusiva del Estado del Bienestar, la verdad es que es coautoría de la socialdemocracia con los democristianos, éstos al calor de la doctrina social de la Iglesia y, tácticamente, para desactivar tentaciones revolucionarias de la clase obrera en los tiempos de la guerra fría. Pero ambos son los padres.
Para la Condesa de Murillo esas reglas del juego han acabado. El Estado del Bienestar es una carga pesada en determinadas cuentas de resultados, y quiere arrastrar a la derecha española a desvincularse, aun a riesgo de que la izquierda, una vez libre del compromiso que la vinculaba con la democracia cristiana, busque por otras vías lo que el Estado deje de facilitarle, que, como ya es adagio, “la clase obrera sólo puede perder sus cadenas”. Por eso, la posición de determinada derecha radicalizada europea, Esperanza Aguirre aquí, Silvio Berlusconi en Italia, los gemelos frikis en Polonia…, es una irresponsabilidad que hace caja a corto plazo, pero deviene en muy peligrosa al medio.
¿Y qué prefiero yo? Como socialista podría preferir a Esperanza Aguirre al frente del PP. Con sólo el 25% del electorado y su jefe de agitación y propaganda, Fedeguico Jiménez, acojonando a los votantes del centro sociológico, lanzándolos a nuestros brazos, las próximas elecciones pueden saldarse con una mayoría absoluta del PSOE.
Como ciudadano, aunque nunca vaya a votar al PP, creo que es bueno una opción política con vocación realista de gobierno en la derecha que haga suficiente contrapeso a su alternativa a la izquierda, y que no asuste a los demás. Como no asustó el Aznar de 1996 ante su primera victoria electoral.


Se lo tuvo que recordar José Luis Rodríguez Zapatero a Mariano Rajoy en el debate de investidura de aquél cuando éste le espetó:
En fin. Tenía unas notas tomadas sobre el que, cuando las redacté, aún sólo era el candidato de Zapatero a Presidente de Congreso de los Diputados, 



