El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Noviembre 2008

Xornada de Mobilización Dixital en Pontevedra

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O PSdeG está organizando unhas Xornadas de Mobilización Dixital, cuxa primeira parada será este sábado en Pontevedra. Un dos relatores é José-Luis Prieto, un tipo marabilloso, preparadísimo, rigoroso á vez que cun acedo sentido do humor… Así que, aínda que só sexa pola súa presenza, ¡non mo perdo!

Atracador acribillado

Un atracador y agentes de Policía intercambian disparos. Aquél opta por dejar de disparar y, en cambio, huir a la carrera, pero resbala, cae, se levanta mirando atrás, a sus perseguidores, y éstos le acribillan.

¿Era necesario matarlo? Una portavoz de la Policía certifica “la buena actuación de la Policía”, añadiendo:

Y Gracias a Dios que se resbaló, porque pienso yo que si esa persona hubiera seguido calle abajo, sin resbalarse, sin caerse, con un arma en la mano, hubiera podido hacer cualquier cosa con cualquier persona que se le hubiera cruzado en ese momento.

¿Cualquier localidad sureña de Estados Unidos? Si fuera así, seguro que criticaríamos la acción policial.

Pero ha sido en Petrel, Alicante, España.

Ese delincuente no tendrá un juicio justo, no podrá ser condenado a la pena máxima prevista en nuestro ordenamiento penal, que no es otra que la privación de libertad.

Reivindicando a Marc Vidal

Marc Vidal es un economista catalán bastante heterodoxo. Tanto, que me resulta muy complicado situarle en el espectro ideológico, y no porque él se escaquee de la polémica ni huya tratando de confundirse con el paisaje.

Esa heterodoxia, ese estilo directo, y un cierto espíritu provocador, le granjea alguna que otra antipatía… de personas que no le conocen en su faceta personal, claro, que si no sería imposible.

Yo tamizo sus análisis, para separar las críticas de los diagnósticos y pronósticos. Las críticas que formula las desecho porque Marc tiene el defecto de no acompañarlas de propuestas alternativas concretas. Pero si soy fan de Marc es por sus diagnósticos y pronósticos, y es por ello por lo que le hago mi economista de cabecera.

En el caso de sus diagnósticos, por su grandísima capacidad pedagógica, lo cual es de agradecer en la popularización del conocimiento especializado. Y en el caso de sus pronósticos, porque el tío, según voy evaluándolos retrospectivamente, siempre acierta. ¿Un ejemplo? Miren lo que escribió el 20 de diciembre de hace dos años, cuando los directivos de la gran banca de inversión pirateaban impunemente, cuando los Productos Interiores Brutos del mundo occidental y de las economías emergentes despuntaban a alturas récord, cuando en España el consumo alcanzaba cimas desmesuradamente alejadas de la capacidad real de gasto, cuando la burbuja inmobiliaria parecía elástica hasta el infinito, cuando muchos creíamos que no conoceríamos crisis económicas en décadas… cuando todos mirábamos hacia otro lado. 

La corrupción es uno de los elementos que nos lleva al choque de trenes, al colapso económico más que previsible y, sin embargo, muy pocos están reaccionando. Vivimos en un país budista donde los problemas se presentan relativos, como de otro estado o dimensión. […] Sin embargo nuestro mundo ya no gira como antes, el sentido está cambiando y nadie habla de 2008. Las empresas y los directivos hemos establecido lo que parece una barrera que se presenta insalvable. El año 2008 y 2009 aparecen sombríos en el horizonte.

Cuando la crisis llegue, que llegará, habremos concluido que los mangantes se metieron como piojos en las costuras del sistema, medraron a costa del contribuyente y nos devolvieron un país expoliado. No será cierto. Por lo menos solo lo será en parte. Todos habremos participado del desastre mirando hacia otro lado tanto tiempo, creyéndonos ricos porque nuestros pisos valían 4 veces mas que hace unos años. Los pesimistas gozan de una buena reputación, pero también se equivocan. Espero equivocarme pero nos esperan años grises de puré de guisantes manoseado, de fango y meadas por las esquinas, de ultraderecha populista y de chivatazo, de falta de oportunidades y de aterrizaje forzoso.

Recuerdo: escrito hace dos años, casi dos años antes de la caída de Lehman Brothers, de la restricción mundial del crédito, del consecuente frenazo, y marcha atrás, del crecimiento económico mundial, del disparo del desempleo, del estallido de la burbuja inmobiliaria… 

¡Está gafada!

La Condesa de Murillo está gafada. Si hace unos años estuvo a punto de morir en el ruedo, cual miura asaeteado, cuando el helicóptero en el que iba no aguantó el peso de tanto fascismo al despegar del coso mostoleño, ha vuelto a rozarse con la parca, que la ha perseguido por medio mundo hasta hoy India. A la tercera…

A la ultraderecha le ha salido por la culata el sambenito de gafado que ha querido colgarle al Presidente.

Una razón más para huir de María Esperanza de Aguirre y Gil de Biedma.

Una de publicidad gratuita

Soy cliente de Caja Navarra desde hace algo más de dos años. El caso es que antes lo era, fundamentalmente (que nunca trabajo con sólo una entidad financiera), de Caja Madrid, donde tenía mi hipoteca.

Era cliente de Caja Madrid por inercia: cuando tuve que abrir una cuenta por primera vez, en mi adolescencia, lógicamente no conocía cómo estaba el percal y me guié por lo que me dijo mi padre. Así, es la primera entidad a la que fui a tramitar el préstamo hipotecario cuando compré nuestra vivienda. Lo pedí en una oficina nueva, y por lo tanto en plena captación de clientes, y he de decir que mientras se mantuvo el mismo primer Director y el mismo primer equipo de empleados de la oficina, el trato fue todo lo personalizado que realmente es esencial en las gestiones bancarias.

Pero como Caja Madrid tiene una política de rotación deliberada de sus empleados, para precisamente no dejarles echar raíces, cuando cambió el personal de aquella oficina 2985 el trato pasó a cambiar, pero en cambio se mantenía el diferencial sobre el euríbor que había contratado para mi préstamo hipotecario.

Por razones profesionales (me fui especializando en derecho hipotecario y registral) trabé contacto con el Director de una oficina de Caja Navarra de mi ciudad, entonces Móstoles. Para empezar, me ofreció reducir el diferencial a menos de la mitad de lo que estaba pagando en Caja Madrid. Pasé a estos la oferta vinculante de los otros, infructuosamente. Por lo que acabé cambiando mi hipoteca de Caja. Sin haber estado nunca en Navarra. Toma ya.

En Caja Navarra me encontré con tres agradabilísimas sorpresas: la primera, que cada cliente elegimos qué obra social sufragar con los rendimientos de nuestros respectivos depósitos, lo cual no era baladí, ya que me reconcomía ver la publicidad de Caja Madrid en los banners que aparecían en webs ultraderechistas disfrazadas de “liberales”. Caja Madrid ha sido, hasta que la Condesa de Murillo y Blesa han tenido alguna fortísima diferencia que aún nos ocultan, la financiadora del movimiento social nacional-liberal.

La segunda, que siendo las Cajas de Ahorros entidades benéficas, lo cual muchas de ellas olvidan en millonario beneficio de sus gestores, ésta nos informa de a qué se dedica cada uno de los céntimos que les confiamos.

La tercera, que, al menos en mi caso, el trato es el más personalizado que he conocido en mis periplos por oficinas de Cajas y Bancos. Pese al crecimiento del número de clientes de mi oficina, aún, cuando les llamo por teléfono, reconocen mi voz y sin llegar a presentarme me saludan por mi nombre, y yo a cada uno de ello por el suyo. Y eso que tengo mi oficina a más de 600 kilómetros de mi casa, y que por lo tanto llevo muuuchos meses sin personarme en la misma. El trato es in-me-jo-ra-ble, y no me refiero a las formas, sino a sus resultados en el fondo.

Claro que hay cosas de esta Caja que no me gustan, pero en la balanza pesan muchísimo las que me gustan:  productos bastante competitivos, capacidad para intervenir directamente en la obra social, transparencia y trato personalizado. ¿Para qué quiero más?

Pues bien. Ahora Caja Navarra se descuelga con un video de YouTube (disponen de un canal propio en dicha plataforma) donde, para mayor abundamiento en la transparencia de su gestión, y pese a no tener accionistas ante los que responder, sino dirigiéndose fundamentalmente a sus empleados y a nosotros sus depositantes, Juan Odériz, Director General Adjunto, y Alberto Aniz, responsable de Tesorería, explican por qué han accedido a la oferta del Fondo de Adquisición de Activos Financieros.

Se trata de una iniciativa innovadora, que pone de relieve la fe de dicha Caja en la importancia de las redes sociales o, cuando menos, en la sociedad de la información (disponen de perfil en Facebook y cuentas en Flickr o Twitter) en su modelo de negocios. Otros canales corporativos en YouTube son más eso, más corporativos, más dirigidos a captar clientes y agradar a sus accionistas que a sus propios empleados y a mantener informados, con una transparencia inédita en el sector financiero, a sus clientes. Eso, y aunque andan sobrados por la propia transparencia de su obra social, también es Responsabilidida Social Corporativa: tratar bien a sus trabajadores y tratarnos a los usuarios de sus servicios todo lo bien que en otras entidades no se nos trata a los clientes no-de-clase-alta (que muchas veces los Bancos y Cajas parecen dependencias ministeriales, sus empleados parecen funcionarios y las colas de los clientes parecen las de las panaderías de Cuba, coño).

Deseandito estoy que Caja Navarra se expanda aquí, en Galicia.



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