El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

Archivo: Noviembre 2008

María José Blanco Barea

Érase una vez una joven que se quedó embarazada de su novio, y a la que poco después le fue diagnosticada la enfermedad de Parkinson. Según llegó el hijo, el novio desapareció y la enfermedad se quedó, avanzando sinuosamente por el cuerpo de esta madre, privándola de su trabajo y, por lo tanto, de su propio sustento y del de su hijo. El padre se escabulló de darle ningún sustento al hijo, quien sólo conoció los abrazos de su madre. El padre, sencillamente, había desaparecido de sus vidas. Pero un día apareció otro hombre en la vida de la madre, ambos se enamoraron y ésta y el niño pudieron remontar el vuelo de sus vidas, y el pequeño, por fin, pudo tener un padre. Los tres formaron una familia unida. Y fueron felices y comieron perdices, y, colorín colorado…

…Este cuento no se ha acabado.

Al cabo de unos años apareció el padre biológico. De repente le había entrado el instinto paternal, casualmente cuando los problemas económicos que pendían sobre su hijo se habían evaporado, y exigió los derechos que la Ley le reconoce para romper la familia que la Ley no reconoce. Y es que la Ley, en ocasiones, es una puta mierda.

La madre resistió para mantener su actual familia, la única que ha conocido su hijo, unida.

María José Blanco BareaPara reconocer derechos a un padre biológico que nunca, nunca, ha asumido ninguna obligación ante su hijo, los jueces, por primera vez en la historia jurídica española, en lugar de estimar una desobediencia, la han segregado en múltiples pequeñas desobediencias, con argumentos machistas, para así, cebándose, poder condenar a prisión a demasiados años a la madre.

La única familia que ha conocido el niño ha sido destrozada por el sistema judicial, una enferma de parkinson está en prisión, un hombre enamorado oye eco en casa…

Yo apoyo a María José. ¿Y tú?

PP franquista, hay que decirlo más


¿Cómo se llaman los seguidores del Geta?


La prueba del algodón

Ahora que el capitalismo ha crujido, me doy cuenta de que no paso la prueba del algodón. Y asumo que ya no soy el revolucionario que, desde que empecé en el trotskismo, fui. Ya no.

No sé si es cosa de la edad, o cosa de las cosas que van con la edad: tengo una hija de casi cuatro años, y un inmueble inscrito para darnos techo en el Registro de la Propiedad. La situación actual de cuestionamiento del sistema económico hasta ahora vigente, lejos de alborozarme, me genera una incertidumbre muy, muy inquietante. Mientras los grandes inversores ven cómo se caen los edificios a su alrededor, yo, como pequeño propietario, temo que el suelo se evapore bajo mis pies.

Quiero capitalismo, y realmente me quita el sueño la posibilidad de que desaparezca, porque virgencita, virgencita, que me quede como estoy. O más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, y nadie me garantiza que lo que sustituya a lo que hay vaya a ser mejor.

Vamos: que, definitivamente, soy socialdemócrata. Y ya me jode.

Así que, por favor, que alguien arregle esto para que siga funcionando, pero para que funcione bien y reducir los riesgos de sustos. Que esto es un sinvivir.

La mentira está ahí dentro (y 5)


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