El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007 vivo en Galicia, estoy casado y soy padre de una niña.

Soy demócrata y socialista, por ese orden. Creo que deben ofrecerse las condiciones para la materialización de la libertad para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Agosto 2009

Pues sí

Este post no es de publicidad, ya que al fin y al cabo la empresa de la que voy a hablar bien a la postre no sale beneficiada.

El caso es que a través de El Teleoperador me enteré de que Pepephone, un OMV, ofrecía que las demás compañías telefónicas redujeran “ad hoc” sus tarifas un 50%. Así, como lo leen. Su campaña la denominan “¡Mira que me voy!”.

La verdad es que si la compañía de salida no intenta retenerte tampoco pasa mucho, ya que la tarifa de Pepephone mejora cualquiera de las standard de las demás al tarificar cada minuto en 7 céntimos, 6 céntimos/minuto en el caso de portabilidades durante este mes de agosto de números de más de dos meses de antigüedad, para siempre, las 24 horas y sin consumo mínimo ni compromiso de permanencia.

Así que tramité la portabilidad de uno de los números que tengo para mi actividad profesional, precisamente el que menos uso, para destinarlo a llamadas de larga duración.

Desde entonces he recibido de mi actual operador, Orange, primero SMSs ofreciéndome ofertas que seguían sin compensarme, a las que por lo tanto he hecho caso omiso, y quizá precisamente por esto ayer una llamada en la que vinieron a ofrecerme más o menos lo mismo, infructuosamente, pero acaso como excusa para, durante un cuarto de hora, intercambiar impresiones acerca de mis necesidades telefónicas. No sé si la siguiente llamada, hoy, ha sido el resultado de un análisis de aquella conversación.

El caso es que esta mañana he recibido otra llamada con una oferta de aquellas que no se pueden rechazar: efectivamente, tal como me anticipó Pepephone, Orange me ofrece un descuento del 50% de mi factura (establecimiento de llamada y minuto) respecto de todos mis números durante un año con compromiso de permanencia por medio año más, y un móvil a elegir entre el Nokia 6210 Navigator y el Samsung S5600. Y lo mejor es que ese descuento se me aplica sobre el importe resultante una vez aplicado el descuendo de la Tarifa Premium a que tenemos derecho los abogados, con lo que se me quedan entre 1,5 y 4,5 céntimos tanto el establecimiento de llamada como cada minuto.

Así que… pues sí: al menos conmigo ha tenido éxito lo que El Teleoperador denomina “publicidad de guerrillas”, como promete la compañía de la que finalmente, al menos durante los próximos 18 meses, no seré cliente:

Pepephone te puede ayudar a ahorrar hasta un 50% en tu actual factura, e incluso conseguir un móvil nuevo, sin cambiar de operador.

En cuanto le digas que te vienes a Pepephone, tu operador se pondrá en contacto contigo para convencerte y que te quedes. ¡Compruébalo!

Y también tiene razón el Teleoperador cuando se refiere a la “miseria de la competencia”. Es una pena que clientes y operadoras tengamos que entregarnos el regateo de bazar tan a pecho descubierto, y acojonante el margen de beneficios de compañías que cobran por establecimiento de llamada 15 céntimos, cuando a mí me lo han podido rebajar hasta un 90%.

Quo usque tandem…?

Me entero por un compañero que hace sólo cuatro años, nuestro Jefe de Estado, en un acto por el quintuagésimo aniversario de la Academia General Militar, hizo la siguiente declaración pública:

Resulta de justicia rendir en este momento tributo al esfuerzo de dos grandes soldados que pasaron ya a la Historia y que fueron los artífices del acontecimiento que festejamos: el general Primo de Rivera, creador de la Academia General Militar, y el Generalísimo Franco, su primer director.

Juan Carlos Borbón sigue confesándose tributario de quien le puso ahí.

Marxista no comunista

El Manifiesto ComunistaLa herencia del marxismo en el socialismo democrático (valga la redundancia, que el socialismo sin democracia es otra cosa distinta al socialismo) ha quedado nominalmente reducida a eso que se denomina “método de análisis de la realidad”, referido a la puesta en práctica, la materialización, de la teoría filosófica de la dialéctica de raíz hegeliana. Que todo ello comenzó en el mundo de las ideas, hasta que precisamente Karl Marx lanzó sus brevísimas ‘Tesis sobre Feuerbach’:

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

La mejor síntesis del pensamiento marxista es ‘El Manifiesto Comunista’, un opúsculo que debe afrontarse con valentía, sin ataduras, con objetividad, porque como fue prologado por sus autores

No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.

Si ocultamos en un ejemplar tachándolos el título y sus autores, para liberar a sus lectores de todo prejuicio, cualquier ciudadano progresista, cualquiera, aunque no se identifique ni siquiera como socialdemócrata, coincide plenamente con la práctica totalidad de su tenor (si no lo has leído, ponte a prueba). De hecho, su análisis de la realidad sigue estando vigente a día de hoy, más de un siglo y medio después.

Sólo lo niegan quienes quieren ocultar la verdad para seguir viviendo de la mentira. Para entenderlo metafóricamente, me gusta recurrir al siguiente diálogo entre Morfeo y Neo en la primera parte de la trilogía ‘The Matrix’:

-Matrix es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.

-¿Qué verdad?.

-Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás naciste en cautiverio. Estás atrapado en una prisión que no puedes ver ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix, has de verla con tus propios ojos.

El Manifiesto es aquéllo: esencialmente un resumen liviano de un análisis de la realidad, desde el correcto diagnóstico de sus presupuestos, y unas poquísimas medidas programáticas, que de hecho su titulo original es ‘Manifiesto del Partido Comunista’. Y esas pocas medidas programáticas, al final de su Capítulo II, son las que determinan el programa máximo comunista hasta a día de hoy:

  1. Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
  2. Fuerte impuesto progresivo.
  3. Abolición del derecho de herencia.
  4. Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
  5. Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
  6. Nacionalización de los transportes.
  7. Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.
  8. Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.
  9. Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
  10. Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.

De esas diez medidas esenciales, sólo me adhiero al “fuerte impuesto progresivo”, incluso ampliándolo conceptualmente al conjunto de los tributos; me considero militante de la educación pública y gratuita integrada en el sistema productivo y de la protección de la infancia; y apoyo el crédito público (como en esta crisis están haciendo Gobiernos hasta de derechas), pero sin monopolio. En lo demás, me muevo entre el rechazo abierto e interpretaciones abiertas, pasando por objeciones innegociables. Por ello no soy comunista.

En 1872, Marx y Engels escribieron el prefacio a una edición en lengua alemana de su Manifiesto, en la que se recoge la siguiente declaración:

Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados.

Pero el comunismo ha mantenido su programa máximo, el mismo que Marx consideró caducado. Marx dejó así de ser comunista, y el comunismo dejó así de ser marxista. Y como comparto los presupuestos y el análisis de la realidad de aquél, y su rechazo a las medidas programáticas comunistas, por ello soy marxista.

Gravísimo

La noticia parece haber pasado desapercibida, pero el hecho es que un colectivo importantísimo de trabajadores de este país, el de las grandes superficies comerciales, son los primeros en los que el empresariado español comienza a experimentar el recorte de derechos laborales históricos, lo que se conoce como “conquistas sociales”.

Los tres primeros días de baja laboral por enfermedad común, y la parte proporcional de las pagas extraordinarias, legalmente no es obligatorio retribuirlos, pero convencionalmente (es decir: por Convenio Colectivo), cada vez en más sectores sí. O al menos así ha sido la dinámica hasta ahora.

Ahora, la patronal del sector de las superficies comerciales, liderada por El Corte Inglés, ha activado a sus sindicatos amarillos, la Federación de Trabajadores Independientes de Comercio y Federación de Asociaciones Sindicales de Grandes Almacenes (patrocinados desde las propias empresas) para cerrar un nuevo Convenio Colectivo por el que los trabajadores, a través de aquellos representantes, renuncian con efecto retroactivo a cobrar por los tres primeros días a partir de la segunda baja por contingencias comunes. En el año de la Gripe A, es renunciar a mucho dinero (3 días es el 10% de la mensualidad), o ir a trabajar enfermo, y contagiando a clientes y compañeros. Máxime cuando el nuevo Convenio Colectivo, entre otras regresiones, no garantiza el mantenimiento de la capacidad adquisitiva (a sumar a la desregulación de la jornada de trabajo o de las condiciones de trabajo previamente contratadas).

Espero que la Gripe A ocasione múltiples bajas entre los directivos de esa patronal y los sindicalistas de FeTICo y FASGA, a ser posible por culpa de trabajadores enfermos.

Espero que sólo tengan que incurrir en baja por enfermedad común los trabajadores que en las elecciones sindicales votaron a aquellos sindicatos.

Espero que mi sindicato, UGT, y CCOO se centren más en el sector privado, que es donde hacen más falta.

Espero que el PSOE modifique la legislación para que, entre otras garantías, los trabajadores cobren sus retribuciones desde el primer día de baja.

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