La herencia del marxismo en el socialismo democrático (valga la redundancia, que el socialismo sin democracia es otra cosa distinta al socialismo) ha quedado nominalmente reducida a eso que se denomina “método de análisis de la realidad”, referido a la puesta en práctica, la materialización, de la teoría filosófica de la dialéctica de raíz hegeliana. Que todo ello comenzó en el mundo de las ideas, hasta que precisamente Karl Marx lanzó sus brevísimas ‘Tesis sobre Feuerbach’:
Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
La mejor síntesis del pensamiento marxista es ‘El Manifiesto Comunista’, un opúsculo que debe afrontarse con valentía, sin ataduras, con objetividad, porque como fue prologado por sus autores
No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.
Si ocultamos en un ejemplar tachándolos el título y sus autores, para liberar a sus lectores de todo prejuicio, cualquier ciudadano progresista, cualquiera, aunque no se identifique ni siquiera como socialdemócrata, coincide plenamente con la práctica totalidad de su tenor (si no lo has leído, ponte a prueba). De hecho, su análisis de la realidad sigue estando vigente a día de hoy, más de un siglo y medio después.
Sólo lo niegan quienes quieren ocultar la verdad para seguir viviendo de la mentira. Para entenderlo metafóricamente, me gusta recurrir al siguiente diálogo entre Morfeo y Neo en la primera parte de la trilogía ‘The Matrix’:
-Matrix es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.
-¿Qué verdad?.
-Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás naciste en cautiverio. Estás atrapado en una prisión que no puedes ver ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix, has de verla con tus propios ojos.
El Manifiesto es aquéllo: esencialmente un resumen liviano de un análisis de la realidad, desde el correcto diagnóstico de sus presupuestos, y unas poquísimas medidas programáticas, que de hecho su titulo original es ‘Manifiesto del Partido Comunista’. Y esas pocas medidas programáticas, al final de su Capítulo II, son las que determinan el programa máximo comunista hasta a día de hoy:
- Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
- Fuerte impuesto progresivo.
- Abolición del derecho de herencia.
- Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
- Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
- Nacionalización de los transportes.
- Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.
- Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.
- Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
- Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.
De esas diez medidas esenciales, sólo me adhiero al “fuerte impuesto progresivo”, incluso ampliándolo conceptualmente al conjunto de los tributos; me considero militante de la educación pública y gratuita integrada en el sistema productivo y de la protección de la infancia; y apoyo el crédito público (como en esta crisis están haciendo Gobiernos hasta de derechas), pero sin monopolio. En lo demás, me muevo entre el rechazo abierto e interpretaciones abiertas, pasando por objeciones innegociables. Por ello no soy comunista.
En 1872, Marx y Engels escribieron el prefacio a una edición en lengua alemana de su Manifiesto, en la que se recoge la siguiente declaración:
Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados.
Pero el comunismo ha mantenido su programa máximo, el mismo que Marx consideró caducado. Marx dejó así de ser comunista, y el comunismo dejó así de ser marxista. Y como comparto los presupuestos y el análisis de la realidad de aquél, y su rechazo a las medidas programáticas comunistas, por ello soy marxista.