Yo no firmo el manifiesto de Prolingua
Este sábado se presenta la plataforma Prolingua, para la defensa de la lengua gallega.
En Galicia hay dos correas de transmisión que pretenden manipular el fenómeno lingüístico con objetivos políticos: La Mesa autodenominada por la Normalización Lingüística, eufemismo que oculta la inmersión e impusición lingüística del gallego y la criminalización del uso del castellano; y la autodenominada Galicia Bilingüe, eufemismo que por su parte oculta la potenciación del monolingüismo en castellano y la jibarización y folcklorización del gallego. Ambas, por lo tanto, son iniciativas nacionalistas, ambas, que en no pocas ocasiones derivan a lógicas posiciones prefascistas y en muchas en propuestas de auténtico apartheid.
Yo echo de menos una tercera vía, que rechace ambos extremismos y que respalde lo que realmente queremos la mitad de los ciudadanos de esta Comunidad autónoma, que compatibilizaos las identidades gallega y española, y es que se normalice que la sociedad gallega es bilingüe, y que eso se refleje en los poderes públicos, que ninguna de ambas lenguas cooficiales, la propia de nuestra Galicia y la común de nuestra España, se imponga a la otra, que ninguna de las dos sea arrinconada.
Y lo digo aún siendo, como soy, miembro de la minoría étnica a que desde los poderes públicos se nos categoriza de hecho a los castellanoparlantes en Galicia. Y reconociendo como una realidad histórica que la lengua gallega ha sido agredida en beneficio del castellano en lo que Celso Emilio Ferreiro llamó “larga noche de piedra”, no durante décadas sino durante siglos hasta que el propio franquismo comenzó a protegerlo en sus postrimerías.
Pero como sólo soy castellanoparlante, por inmigrante en Galicia, me llega una sensación que les resulta extraña a mis vecinos bilingües, que no la detectan, y es que una minoría castellanófoba ha alcanzado un nivel de influencia parejo al victimismo propio de la propaganda fascista clásica y a la violencia moral con que se imponen, con los que intentan vengar de dicha larga noche devolviéndola a la lengua castellana. Y ni una noche ni la otra.
Por eso, Prolingua no llega a ser esa tercera vía, y por eso creo que fracasará, ya que renuncia al único espacio que queda libre, que es el de la compatibilización en plano de igualdad de las dos lenguas españolas que aquí se hablan.
Y es que su manifiesto parte de la siguiente falacia (que, como todas, requiere de una fabricacion, artificiosa por lo tanto, de su historia, y así dice que el gallego es una “lengua milenaria”… cuando faltan más de dos siglos para que lo sea) sobre la lengua gallega:
É o que nos identifica coma o que somos, galegas e galegos, e o que nos dá un lugar propio no mundo.
¿Sin lengua gallega no somos gallegos? Yo, aunque sé hablar gallego, tengo por opción el castellano; entonces, ¿yo no soy gallego? ¿Galicia sin gallego no tendría lugar en el mundo? Muchos países no tienen lengua propia (por ejemplo, los latinoamericanos), ¿ellos no tienen identidad ni lugar en el mundo?
No. No lo firmo. Yo, castellanoparlante, si tengo los mismos deberes que los gallegoparlantes, incluso el de contribuir con mis iguales impuestos a una Televisión pública que me ignora, quiero tener los mismos derechos, desde el primero de ellos, que es el de ciudadanía. No soy un gallego de segunda.





