El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007 vivo en Galicia, estoy casado y soy padre de una niña.

Soy demócrata y socialista, por ese orden. Creo que deben ofrecerse las condiciones para la materialización de la libertad para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Octubre 2009

Visto en Libertad Digital

Acabo de ver el siguiente titular en la portada del medio de expresión de los nacional-liberales:

Medio grupo municipal de Gallardón pide la destitución de Cobo

Dice “medio grupo”, cuando los aguirristas se han quedado, con 13 votos de 32, a 10 puntos porcentuales de ser “medio grupo”.

Hasta la dirección URL de la noticia se presta a la propaganda, plasmando que “Cobo gana una mocion que pedia su cese por tan solo seis votos”. ¿Qué? ¿“Tan solo”? Seis votos de diferencia sobre 32 son nada menos que casi el 20%. ¿Con un 20% puede decirse “tan solo”?

En fin: la verdad nunca debe arruinar un buen titular.

Vergüenza propia

No es vergüenza ajena porque son compañeros de mi Partido, concejales de la candidatura que voté en las últimas elecciones municipales.

Son las intervenciones de la Portavoz del Grupo Socialista y líder de la oposición, Paz Martín, en un reciente Pleno del Ayuntamiento de Móstoles, pero me cuentan que todos son iguales: la mayor parte de los concejales socialistas dedican el Pleno, cuando interviene su propia Portavoz, a enviar SMSs, leer el periódico, tertuliar en voz alta, entrar y salir del Salón de Plenos… Sólo el Alcalde, del PP, les resulta merecedor de su respeto.

Una vergüenza.

Véanlo en el siguiente video mudo. Mejor si activan sus anotaciones.

Boyer hoy

Miguel Boyer es un economista poco sospechoso de veleidades progresistas. Aunque en la clandestinidad al parecer es quien indujo expulsión de Enrique Tierno Galván del PSOE acusándole nada menos que de poco marxista (¡qué cosas!), también es quien como Ministro de Economía y Hacienda impulsó la derechización de los Gobiernos de Felipe González, y, ya voluntariamente autoexcluido del PSOE, hasta acabó respaldando electoralmente a Aznar desde la estructura de generación de propaganda nacional-liberal denominada FAES.

Aunque es un economista de derechas, no es un político. Así que habla desde una derecha no sometida a oportunismos políticos. Y hasta él apoya los incentivos públicos y el intevencionismo de la política que denosta la derecha política y, como la CEOE, politizada:

Es demasiado pronto para que los Gobiernos relajen sus esfuerzos para restablecer la salud del sector financiero y el apoyo a la demanda global con políticas de expansión macro-económica. A pesar de los amplios déficit y de una deuda creciente en muchos países, los estímulos presupuestarios deben ser sostenidos, hasta que la recuperación tenga una base sólida.

Y es realista más que optimista recordando que

las previsiones del FMI para España -una caída interanual del PIB del 3,8% para 2009 y otra del 0,7% para 2010- no pintan tan mal como las interpretaciones de ciertos analistas y aficionados, pues la cifra para 2009 es inferior a la media de la UEM y a las de países como Alemania, Italia y Reino Unido. […] En 2014, según el Fondo, España estará creciendo al mismo ritmo que Estados Unidos, por encima de Alemania e Italia.

En relación con los ingresos necesarios, formula una alternativa a la subida de impuestos quizá más rechazable para la ortodoxia derechista, que es aumentar la deuda pública por el margen que la buena gestión económica del Gobierno Zapatero permite, y yo también prefiero antes que seguir profundizando en un modelo fiscal injusto como el que se está proponiendo (el propio Boyer estima “que afecta a las familias de rentas medias y bajas”). Dice Miguel Boyer:

Un suplemento de ingresos del orden de 6.400 millones de euros, como prevé recaudar el Gobierno con la subida de impuestos, podría financiarse con emisión de deuda pública sin grandes problemas. Si son aproximadamente acertadas las previsiones del FMI, los tipos de interés permanecerán bajos hasta, al menos, el año 2012, y España terminará este año con una deuda bruta del orden del 53% del PIB, frente a una media del 78% de los mayores países europeos.

Y hasta desde la derecha, pero sobre todo en el espacio del sentido común que hay tanto allí como en la izquierda, que la lógica está por encima de la política, se desmarca de los mantras que tanto se repiten sobre la reforma laboral:

La recomendación de abaratar el despido “para crear empleo” yerra en el timing y en el objetivo. Primero, desconoce la imposibilidad para un Gobierno de plantear esa reforma mientras cada mes caen en el paro decenas de miles de trabajadores. […] Pero, después, es que el abaratar el despido no es una panacea para crear empleo en medio de una crisis, según lo presenta un manido eslogan.

El muy serio problema de las amplísimas fluctuaciones del empleo en nuestro país, con fenomenales creaciones de puestos de trabajo en periodos de auge, seguidas de caídas de la ocupación y aumentos del paro, también extraordinarios, no se debe a que haya más días por año en las indemnizaciones por despido que en otros países. Lo demuestra, además de un análisis de causa y efecto, el caso de Irlanda, que con una flexibilidad total en los contratos laborales ha tenido una experiencia semejante a la española: tras crecer el empleo, entre 1994 y 2007, a la tasa media del 4,2% anual, ha sufrido una caída de éste del 9,2%, en el conjunto de 2008-2009, del mismo orden que la española (-7,5%).

Son de las reflexiones más interesantes que he leído sobre cómo afrontar la crisis y el desempleo que está generando desde que estalló aquélla. Hoy, en El País.

Más socialistas ante la subida de impuestos

Hace unas semanas me manifesté contra la subida de los impuestos anunciada por el Gobierno, nudo gordiano del los capítulos de Ingresos de los Presupuestos Generales del Estado para 2010. Sin nada que objetar, por cierto, a los de los Gastos, que soy de los que piensan, keynesianista uno, que precisamente en tiempos de crisis es cuando el Estado más fuerte debe ser y más lo debe demostrar.

En síntesis, sostenía yo que

los “poderosos”, “poderosos” de verdad continuarán beneficiándose de un tipo máximo que no alcanza la mitad del tipo máximo de las rentas del trabajo, y los “muy poderosos” tienen el privilegio de tributar al ¡1%!.

Que, al basarse en gravar el consumo,

el IVA es un impuesto “indirecto”, que por lo tanto no guarda relación alguna con la “capacidad económica” del contribuyente, estando excluído del principio de “progresividad”. En productos y servicios con inelasticidad, como pueden ser los carburantes, un rico pagará exactamente la misma cuota de IVA que un pobre, por ser indirecto. Y en los casos de elasticidad, un rico pagará exactamente el mismo tipo de IVA que un pobre, por ser proporcional, no progresivo.

Y, finalmente, sobre la bajada de impuestos por 400 euros que se nos hizo el año pasado:

Si bien fue injusto reducir linealmente a todos, independientemente de su capacidad económica, 400 euros en su declaración de la renta, áhora lo es también quitárselo igual a todos.

Me cayeron algunas críticas, algunas incluso cuestionando que mis argumentos fueran socialistas, y otras hasta exigiéndome obediencia ciega respecto del Gobierno. Pero ayer me llevé dos alegrías.

La primera es que el sindicato socialista (no sólo es socialista el Partido), en el que el día 2 de este mes he cumplido 20 años afiliado, exterioriza su crítica a aquél modelo fiscal en las luces y sombras que Cándido Méndez ve en los Presupuestos:

Entre las luces destacó la política social y las retribuciones de los funcionarios. “Pero hay otros elementos que cambiaríamos, por ejemplo, la propuesta fiscal, que debería recuperar la progresividad”, explicó.

“Es verdad que la urgencia por aumentar la recaudación ha llevado a elevar el IVA; pero ello provoca un efecto de redistribución negativa de la presión fiscal, ya que no tiene en cuenta la capacidad adquisitiva”, añadió. Méndez ya hizo esa crítica en Murcia el pasado 4 de octubre, donde reclamó una reforma fiscal integral bajo los principios de equidad y progresividad. Ayer añadió que esa progresividad mejoraría “incorporando un aumento de la fiscalidad en figuras vinculadas al capital”. En su opinión, éstas son “más eficaces en la lucha contra el fraude”.

Y la segunda es que la izquierda del Partido Socialista tampoco ha podido callarse, cuando

insiste en pedir cambios en la anunciada subida de impuestos: “Hay que gravar más las rentas altas, las rentas del capital y la tributación de fondos de inversión como los de las SICAV. Hay que subir el tramo más alto del IRPF e instaurar la ecotasa”, afirma esta corriente en las conclusiones de unas jornadas celebradas este mes.

Los miembros de esta corriente minoritaria subrayan que la “redistribución de la riqueza” es un “objetivo irrenunciable” y que por ello “ha de ser más eficaz”. Así, aunque están de acuerdo con la tesis central defendida por el PSOE -que la redistribución se logra destinando el gasto a los objetivos apropiados- insisten en que también tiene que hacerse a través de los ingresos.

“La fiscalidad ha de ser justa y progresiva, contrariamente a lo promovido por el neoliberalismo económico”, prosiguen.

Vamos, que no me encontraba sólo. Simplemente a la izquierda.

Citando

Una cita la extraigo del reportaje que sobre una biografía sobre Miguel de Unamuno ha publicado hoy El País, reproduciendo las siguientes palabras del filósofo:

Y aunque, a la larga, digan ‘tenía razón’, en el fondo les soy antipático… Tener razón es lo más antipático que hay.

La otra la tomo del último post del imprescindible Francisco Escobar, compañero de Las Ideas, éste reproduciendo un pasaje de la autobiografía de mi compañero Enrique Tierno Galván:

El miedo político es el más innoble de los miedos. Puedo entender el miedo físico, puedo entender el miedo mental al más allá o al misterio de la muerte, puedo entender el miedo psíquico producido por algo que se adueña de nuestra voluntad. Pero el miedo político, que es un miedo a qué dirán quienes gozan del poder de la jefatura, me parece innoble por modo absoluto, pues se refiere sólo a qué dirán los jefes. Es miedo que se refiere también a que los jefes quiten aquellos provechos de que goza el que está debajo de los jefes. El miedo político es, en resumen, el miedo económico.

Sirva esto como comentario adicional a mis últimas reflexiones, sobre el caciquismo en política, para llamar a la valentía en la defensa de la dignidad (y más que no procede aquí exteriorizar).

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