Hace unas semanas me manifesté contra la subida de los impuestos anunciada por el Gobierno, nudo gordiano del los capítulos de Ingresos de los Presupuestos Generales del Estado para 2010. Sin nada que objetar, por cierto, a los de los Gastos, que soy de los que piensan, keynesianista uno, que precisamente en tiempos de crisis es cuando el Estado más fuerte debe ser y más lo debe demostrar.
En síntesis, sostenía yo que
los “poderosos”, “poderosos” de verdad continuarán beneficiándose de un tipo máximo que no alcanza la mitad del tipo máximo de las rentas del trabajo, y los “muy poderosos” tienen el privilegio de tributar al ¡1%!.
Que, al basarse en gravar el consumo,
el IVA es un impuesto “indirecto”, que por lo tanto no guarda relación alguna con la “capacidad económica” del contribuyente, estando excluído del principio de “progresividad”. En productos y servicios con inelasticidad, como pueden ser los carburantes, un rico pagará exactamente la misma cuota de IVA que un pobre, por ser indirecto. Y en los casos de elasticidad, un rico pagará exactamente el mismo tipo de IVA que un pobre, por ser proporcional, no progresivo.
Y, finalmente, sobre la bajada de impuestos por 400 euros que se nos hizo el año pasado:
Si bien fue injusto reducir linealmente a todos, independientemente de su capacidad económica, 400 euros en su declaración de la renta, áhora lo es también quitárselo igual a todos.
Me cayeron algunas críticas, algunas incluso cuestionando que mis argumentos fueran socialistas, y otras hasta exigiéndome obediencia ciega respecto del Gobierno. Pero ayer me llevé dos alegrías.
La primera es que el sindicato socialista (no sólo es socialista el Partido), en el que el día 2 de este mes he cumplido 20 años afiliado, exterioriza su crítica a aquél modelo fiscal en las luces y sombras que Cándido Méndez ve en los Presupuestos:
Entre las luces destacó la política social y las retribuciones de los funcionarios. “Pero hay otros elementos que cambiaríamos, por ejemplo, la propuesta fiscal, que debería recuperar la progresividad”, explicó.
“Es verdad que la urgencia por aumentar la recaudación ha llevado a elevar el IVA; pero ello provoca un efecto de redistribución negativa de la presión fiscal, ya que no tiene en cuenta la capacidad adquisitiva”, añadió. Méndez ya hizo esa crítica en Murcia el pasado 4 de octubre, donde reclamó una reforma fiscal integral bajo los principios de equidad y progresividad. Ayer añadió que esa progresividad mejoraría “incorporando un aumento de la fiscalidad en figuras vinculadas al capital”. En su opinión, éstas son “más eficaces en la lucha contra el fraude”.
Y la segunda es que la izquierda del Partido Socialista tampoco ha podido callarse, cuando
insiste en pedir cambios en la anunciada subida de impuestos: “Hay que gravar más las rentas altas, las rentas del capital y la tributación de fondos de inversión como los de las SICAV. Hay que subir el tramo más alto del IRPF e instaurar la ecotasa”, afirma esta corriente en las conclusiones de unas jornadas celebradas este mes.
Los miembros de esta corriente minoritaria subrayan que la “redistribución de la riqueza” es un “objetivo irrenunciable” y que por ello “ha de ser más eficaz”. Así, aunque están de acuerdo con la tesis central defendida por el PSOE -que la redistribución se logra destinando el gasto a los objetivos apropiados- insisten en que también tiene que hacerse a través de los ingresos.
“La fiscalidad ha de ser justa y progresiva, contrariamente a lo promovido por el neoliberalismo económico”, prosiguen.
Vamos, que no me encontraba sólo. Simplemente a la izquierda.