Lid en la red
Comencé a escribir estas lineas off-line, sobre un documento de OpenOffice, anoche, para terminarlo como un nuevo post de mi blog cuando tuviera red y tiempo. Porque cuando lo empecé, anoche digo, me había quedado sin luz en casa (al parecer otra secuela del último temporal) por lo que tampoco tenía Internet, y por lo que tuve que ir tirando con lo que me quedaba de batería del concreto portátil que estaba utilizando. Los últimos días la conectividad GPRS de mi PDA está fallando más que una escopeta de feria, por lo que tampoco pude anoche lamerme en Facebook mis heridas tecnológicas, originadas en la más primigenia de ellas, la que canaliza la electricidad.
Qué stress, por Dior: sin electricidad ni conectividad móvil estaba aislado. Hace un par de décadas sin sólo electricidad, no tendría tanta dependencia de tantas posteriores necesidades que me he ido generando en esto de las tecnologías. Ahora esa carencia supone privarme de novedades tecnológicas que tras irse colando en mi vida resultan resultarme imprescindibles. Hace dos décadas…
Hace dos décadas, en 1989, un mes antes de que cayera el Muro de Berlín, me afilié a JJSS y a la UGT, en la que sigo ininterrumpidamente desde entonces, y aunque ya hacía más de un lustro que disponía del primer ordenador personal con que se popularizó la informática, un carísimo Sinclair ZX Spectrum 48k, su uso era únicamente lúdico. Ni nos imaginábamos lo que pasaría pocos años después, aunque algo nos olíamos por cómo aún preadolescentes devorábamos el MicroHobby. Entonces, hace dos décadas, no existía el concepto off-line, o al menos no en el sentido extendido de hoy en día. Hace poco más de dos décadas aún faltaba un poco para que surgiera el gratuíto WordStar (¿era gratuíto, o fuí precoz en el pirateo?), y mi primer procesador de textos había sido la máquina de escribir que también un lustro atrás le había ganado a mi padre quien, por perder una apuesta, tuvo que comprármela. Hace dos décadas los números aún se marcaban en el teléfono girando una rueda, tras meter el dedo en la cifra correspondiente. Y, realmente, no había aún Internet, que para la mayoría esto es la WWW.
Conocí Internet en la primera mitad de los años ‘90, en las Aulas de Informática (ADI) de la Facultad, en la UAM. Era usuario de dichas Aulas para usar el procesador de textos, que entonces era el WordPerfect, que creo recordar que corría directamente sobre el sistema operativo, el MS-DOS. Aunque recuerdo que había otro sistema, el DR-DOS, que hasta llegué a tenerlo instalado, que no tardaría en sucumbir ante el empuje de Microsoft. Poco después se popularizó en España el primario MS Windows 3.0, y con él el navegador Netscape, que era lo único que había. Así, fui de los primeros afortunados en poder surfear sobre las olas del ciberdespacio. Aún espero que se le tribute a la Universidad Jaime I de Castellón el reconocimiento de que es acreedor, pues montó en el dominio donde.uji.es el buscador que se usaba en este país cuando no existía Google.
Así, en 1992 o 1993 tuve mi primera cuenta de correo electrónico, prieto@strogoff.adi.uam.es, y descubrí que a la misma se redirigía prieto@caronte.adi.uam.es. Y por aquél entonces dí mi primer pequeño paso en esto del ciberactivismo: diseñé mi primera web, la de la asociación Estudiantes para la Promoción del Derecho, alojada directamente en el servidor de la UAM como subdirectorio de su web de asociaciones de alumnos.
Por aquél entonces sólo el diario ABC tenía una edición on-line gratuíta de sus contenidos, previo registro. En Estados Unidos hacía poco que Bill Clinton había ganado las elecciones presidenciales, y con él se comenzó a conocer a Al Gore, un tipo entonces gris que, sobre todo a partir de su reelección para un segundo mandato como Vicepresidente, comenzó lentamente a coger color. Representó, y lo podemos sostener sin riesgo a error, o al menos reconociéndole como símbolo, la prehistoria de lo que ahora conocemos como Política 2.0. No es cierto que él inventara Internet, pero sí que comenzó a buscar vías de aproximación de la política a los ciudadanos, a acortar la distancia entre los patricios y los plebeyos de este Imperio. Probablemente, sin él hoy no habría un Barack Obama.
¿Y todos estos recuerdos y reflexiones a qué vienen?
He hecho un repaso personal a determinados recorrido habidos entre 1989 y el 17 de enero de 1998. Ese dia saltó a la opinión pública el caso Mónica Lewinsky. Y, precisamente, es en ese punto donde comenzaré la charla que la Agrupación Socialista de Santiago de Compostela me ha hecho el honor de invitarme a dar hoy sobre blogs y política, militancia y ciudadanía, o cómo en eso que se llama Web 2.0, la blogosfera también hace política.







