El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña, estoy casado y soy padre de una niña. Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

Archivo: Febrero 2010

Los Premios Enrique Padrós

A finales de este mes, en el Real Alcázar de Sevilla, serán entregados los galardones de los III Premios anuales “Enrique Padrós” concedidos por la asociación Las Ideas, por los Presidentes de la Junta de Andalucía y de CajaSol, respectivamente José Antonio Griñán y Antonio Pulido, a Fernando Garea en su modalidad de mejor blog sobre política e Inés Sabanés en la de mejor blog de un político.

Enrique PadrósHace en estas fechas ya una década, quedé con Ramón Espinar en la necesidad de convocar a un pequeño grupo de amigos a tertuliar durante las cenas que para ello cada dos o tres meses un servidor comenzó a convocar en el restaurante Nabucco. Enrique Padrós, mi hermano, que siempre me apoyaba en todo, también estuvo en la aventura que allí comenzaba, desde el primer momento. Lo único que teníamos en común era nuestra profesión, porque incluso políticamente, aunque todos socialistas, cada uno tenía su procedencia, así que fue natural el surgimiento de la asociación “Abogados/as para la Democracia”. No tardé en darme cuenta en que las semillas debieron ser buenas, ya que el árbol que comenzó a emerger crecía recto por sí solo. O quizá era porque se regaba de algo que resultó ser la clave de la bóveda de lo que empezábamos a construir: pluralidad y tolerancia. Éra un grupo muy plural, con una pluralidad que hasta albergaba profundos enfrentamientos (yo por ejemplo era como soy proisraelí, y Enrique muy propalestino), pero muy respetuoso. Teníamos claro que no íbamos a cambiar la opinión del de enfrente, así que no malgastábamos energías en ello.

Con esos ingredientes, los comensales de las cenas de nuestras tertulias eran más y cada vez de procedencias más distintas. Ya no sólo abogados, ni ya sólo militantes de la entonces Federación Socialista Madrileña (hoy PSM-PSOE). La asociación de “Abogados/as para la Democracia” dio lugar a la asociación “Las Ideas”, que, como aquélla, no tenía más actividad que ser la denominación colectiva y formalidad jurídica de un grupo de amigos.

La verdad es que no sabíamos qué hacer con la asociación, hasta que en 2005 apareció César Calderón. Bueno; no apareció: reapareció. Algún día dejaré aquí por escrito lo que cuento entre mis carcajadas y las de los que me escuchan, sobre las batallitas en las que a principios de los años ‘90 César, con el apoyo de Enrique, y yo estábamos en trincheras contrarias a hostias. Con César, Las Ideas pasó de su versión 1.0 a 2.0.

El año siguiente, la noche del 13 al 14 de junio de 2006, con 34 años de edad, Enrique murió.

Un año después, ya recuperados, César impulsó los Premios de Las Ideas, con el nombre de nuestro amigo, de cuya amistad él tuvo la suerte de disfrutar mucho más tiempo que yo, que cuánto le envidio. La entrega de la que fue la primera edición de ya tres fue, un 22 de febrero, el año 2008.

Hoy, los premios que llevan el nombre de Enrique son ya una referencia, que van tomando anualmente una relevancia y una vida propia más importante que las de la propia asociación que los concede. Teniendo ese nombre, no sólo es un homenaje a una de las mejores personas que conocemos quienes por haberlo conocido coincidimos en reconocerle como una de las mejores personas que hemos conocido.

Es, además, un homenaje al compañerismo, el compromiso, la lealtad, la fraternidad, la tolerancia, la bonhomía, la generosidad. Y sobre todo, un homenaje a la amistad.

Y un agradecimiento a la familia Padrós Gómez. Que, si Enrique era así, algo han tenido que ver. Mantenerlo vivo aquí, en Internet, es una forma de agradecérselo a ellos.

Rajoy se destapa: abaratará el despido

El artículo 56.1.a del Estatuto de los Trabajadores establece una indemnización equivalente al salario de 45 días multiplicado por cada año trabajado, en el caso de despido improcedente, y con el importe equivalente de 42 mensualidades de salario como límite máximo a percibir.

Como excepción, durante el Gobierno de Aznar se aprobó la Ley 12/2001, de 9 de julio, denominándola “de medidas urgentes de Reforma del Mercado de Trabajo para el incremento del empleo y la mejora de su calidad”, en cuya Disposición Adicional Primera se posibilita reducir la indemnización a trabajadores de determinados colectivos a 33 días, reduciendo también el máximo a percibir hasta el equivalente a 24 mensualidades de salario .

Esta mañana, en el programa “Los Desayunos de TVE”, el Presidente del PP, Mariano Rajoy, no ha podido evitar que frente a los contínuos ataques lanzados al Gobierno (sin , por cierto, evitar atacar la estabilidad e imagen de nuestra economía) la presentadora le conminara a formular sus alternativas. Cuando aquél ha respondido con sus habituales vaguedades y obviedades, ésta le ha pedido que, por ejemplo, concretara cuál sería la reforma laboral del PP. Rajoy ha intentado escaparse balbuceando

yo lo que haría sería un nuevo contrato cuya indemnización podría aumentar a lo largo de… de… según el tiempo que la persona de que se trate estuviera trabajando

Al pedir la entrevistadora que Rajoy concretara cómo se fijaría dicha indemnización conforme la propuesta del PP, qué equivalencia en días de salario, éste ha tratado de zafarse respondiendo

yo no sé exactamente qué días tendríamos que fijar, pero se podría empezar hablando de un contrato que si uno estuviera trabajando un año, la indemnización fuera X, si estuviera dos la indemnización aumentara, si estuviera tres… Yo creo que eso sería muy bueno para el empresario porque tendría un trabajador que se involucraría con la empresa y sería muy bueno para el trabajador porque sentiría su empresa, la viviría, querría hacer las cosas bien y querría estar mucho más tiempo trabajando allí.

Vamos, que los mismos argumentos que el pillín Adolfo Domínguez, que considera que los trabajadores sólo son productivos si se ven amenazados con la posibilidad del despido fácil.

La entrevistadora, seguidamente, tuvo que reiterar a Rajoy, sobre la equivalencia de la indemnización del despido que aprobará el PP cuando gobierne: “¿Y estaría más cerca de los 33 o de los 45? Perdone que le insista”. A lo que la alternativa a Zapatero finalmente acabó respondiendo:

Bueno… yo creo que tiene que estar entre… pues en fín, depende. A lo mejor a los cuatro, a los cinco, a los seis años ya llegaría a los 33, y antes no.

Es decir: no estará entre los 33 días actualmente establecidos como excepción y los 45 días fijados como norma general, sino por debajo de 33, y sólo alcanzará ese umbral mínimo después de hasta seis años. Y aún a falta de saber si será para colectivos específicos o generalizado, y cuál será el límite máximo del importe.

Eso es abaratar el despido.

Y tú recuerda: “No hay nada más tonto que un obrero de derechas”.

Así sí

Ayer me lamentaba ante la posibilidad de tener que optar por mi Sindicato frente a mi Partido, por la lamentable imagen que el Gobierno está transmitiendo en los últimos días, y de tener que manifestar en público lo que la mayor parte de los socialistas van exteriorizando en privado, cada vez más preocupados ante la eventualidad del retorno de la ultraderecha al poder en España.

Hoy, José Blanco ha hecho que el Gobierno lance uno de esos mensajes que nuestra base social natural llevaba esperando no semanas, sino desde hace años. Y es que, reunido hace unas horas el Consejo de Ministros, ha aprobado un Real Decreto-Ley que, hablando en plata, le mete mano a los controladores aéreos.

Recabada inmediatamente la firma del Jefe de Estado para su promulgación, poco después, todo el mismo día, el BOE ha sacado un número extraordinario para publicar dicha norma, numerada como Real Decreto-ley [sic] 1/2010, para su inmediata entrada en vigor, que du Disposición Final Cuarta fija “el mismo día de su publicación”.

La Exposición de Motivos (por cierto, sin dicha denominación, que compruebo que últimamente se evita tal intitulación), ocupa más de la mitad del texto de la norma, en lo que es un encomiable ejercicio de explicación y pedagogía política por parte del Gobierno, y  entre otros extremos se refiere al Informes de auditoría de cuentas de la Intervención General del Estado correspondiente a 2008, por el que

la retribución media real por controlador ascendió en 2007 a 304.874 euros y excede en 210.316 euros a la que resultaría de actualizar con los correspondientes IPC anuales la retribución de 1999 (…). En los últimos ejercicios estos incrementos están incidiendo significativamente en las tarifas de ruta, que en 2008 fueron las más caras de Europa

e informa de la nula voluntad de acuerdo por parte del sindicato corporativo de los controladores aéreos en las 65 reuniones de negociación colectiva habidas hasta el momento.

En síntesis, el control aéreo pasa de estar autogestionado por un sindicato corporativo a dirigirlo AENA, se incrementa la jornada de traabajo que hasta ahora era de 1200 anuales reduciéndose la retribución en concepto de horas extraordinarias, se reduce la dependencia respecto de los afiliados del sindicato corporativo.

Es una pena que la buena gestión gubernamental de algunos departamentos ministeriales como los de Pepe Blanco o Alfredo Pérez Rubalcaba sea neutralizada por la torpeza de algunos lumbreras sobrevalorados.

Aviso

Mi filiación socialista lo es, primero y principalmente, a través del Sindicato socialista. Temporalmente, porque me afilié a la UGT el 2 de octubre de 1989, antes que a las Juventudes y dos años y dos semanas antes que al Partido. Cualitativamente, porque afiliándome es esa fecha, y deliberadamente por ese orden al menos respecto de JJSS, porque lo hice menos de un año después del 14-D, la primera Huelga General unitaria contra un Gobierno socialista, unitaria porque por primera vez la convocaba el Sindicato socialista.

Afiliarme a UGT con 16 años, y con el carnet del sindicato, nuevo, en el bolsillo, ya posteriormente presentarme en la Agrupación Socialista de Móstoles para solicitar mi alta en la organización política de los jóvenes socialistas era, en sí, así, una declaración de principios. Suponía tomar partido por el Sindicato socialista frente a las organizaciones políticas socialistas, Juventudes y Partido. Y en caso de duda, in dubio pro operario; así que si me dan a elegir entre mamá y papá, me quedo con la UGT.

Hoy, el otro sindicato ha anunciado que se acabó. Que ya van a plantear, por primera vez desde que Zapatero es el Presidente del Gobierno, movilizaciones contra las políticas del Gobierno, subrayando su secretario general que con la forma de actuar de los ministros “parecen una pandilla de aficionados”. Y la verdad es que desgraciadamente es la sensación que está dando el Gobierno, y que sólo se puede negar desde el taconazo militante.

Y si mi Sindicato también convoca manifestaciones contra el Gobierno de mi Partido, las secundaré. Como he hecho siempre.

La indefinición del Gobierno ha pasado en los últimos días a generar una inquietud en los ciudadanos (una “alarma social”, admite el Portavoz del PSOE en la Comisión de Trabajo del Congreso) que, como se detecta fuera de los despachos, hace que a la pérdida de confianza de los desempleados se sume ahora la del resto de los trabajadores.

Cuando la mayoría de los ciudadanos, que somos los que cotizamos o hemos cotizado a la seguridad social, los trabajadores, queríamos un gesto que prorrogara la confianza de la que habíamos hecho depositario al Gobierno, éste nos ha respondido generándonos incertidumbres. Incertidumbres de las que no participan los responsables de la actual crisis, que hoy mismo por ejemplo el Banco Santander reconoce que en el año culmen de la crisis ha batido sus records de beneficios. Esto cabrea, y mucho.

Así que, me temo, nuestra base social natural, nuestro electorado, ha dejado de prorrogar dicha confianza. A partir de ahora, al PSOE le toca volver a empezar a ganar esa confianza, que al Gobierno le ha sido retirado el cheque en blanco que se depositó en Zapatero.

En el cuento de El traje nuevo del Emperador, nadie se atrevía a cesar en sus adulaciones, pese a tener fundamentos impostados. En el PSOE alguien tiene que decir, como hizo el niño del cuento, cuál es la auténtica vestimenta que protagoniza el momento. Alguien tiene que romper una dinámica que evidencia que los ciudadanos y el Gobierno no van de la mano siguiendo el mismo camino, conociéndose mutuamente, como sucedía hasta no hace mucho.

La militancia socialista del Partido lo sabe, en privado lo sostiene. Pero mayoritariamente le falta valentía en público, ya que sacrifica el interés general y el del Partido por un eventual beneficio personal, reflejado en lo que acusaba Rodríguez Ibarra cuando lamentaba “Te pueden llamar por teléfono y ofrecerte una secretaría de Estado o un ministerio”. La mayoría de los militantes socialistas quiere que su número de teléfono aparezca en o no se borre de las agendas de quienes reparten el poder (por la parte que me toca, quedará claro que, escribiendo esto, ese no es mi caso, ¿no?).

Ante las declaraciones de José María Barreda en las que apremiaba a algún gesto del Presidente del Gobierno que abriera paso a un nuevo impulso en sus políticas, lo cual implícitamente supone criticar las políticas que anima a sustituir, hay tres alternativas: O aprovechar para criticarle y así ganarte la confianza de los protagonistas cuestionados, en el poder; o abstenerte, y así al menos no borran tu teléfono de sus agendas; o secundarle en su toque de atención. Está claro por cuál de las opciones me inclino yo (aunque algún funcionario de la Ejecutiva Federal se lo vaya a chivar al PSdeG), que como Barreda pienso que la lealtad implica sinceridad .

“Cuando uno se afilia una de las obligaciones es votar al propio partido y yo cumplo con las obligaciones que contraigo”, y “durante treinta años he defendido que la disciplina de voto era importante y la he mantenido”, pero más allá de uno mismo “Yo le animo a no dejar de votar al PSOE, dice Joaquín Leguina a un desencantado, pese a estar criminalizado por ejercer la crítica.

Yo votaré al PSOE siempre, como siempre he hecho. Aunque presente una bicicleta. Pero con el voto de los militantes -aduladores como muchos, expectantes como la mayoría o sinceros como la minoría en la que me siento- no se ganan las elecciones.

Lo que yo, como Leguina, quiero, es que el PSOE vuelva a ganar las elecciones. Porque la única alternativa es el PP y, por poner un ejemplo, su abaratamiento del despido.

¡Boicot a Adolfo Domínguez!

Boicotear a una empresa conlleva, siempre, boicotear a sus trabajadores, a quienes me une la solidaridad lógica de compartir la misma clase.

Pero lo de hoy no tiene perdón. Me cuesta mucho expresar lo que me merece desde hoy Adolfo Domínguez sin incurrir en el delito de injurias. Muchísimo. Muchísimo. Incalificable, y no porque no se le pueda calificar, sino porque no es conveniente dejarlo por escrito. Sé que sonará a terminología caduca, pero sin duda que al menos la mejor definición para el sujeto, tras su conferencia de hoy, es la de “explotador”. Se ha destapado.

Al fin y al cabo, frente a tesis caducas valen antítesis caducas, aunque se generen dialécticas caducas que puedan terminar en consecuencias que creíamos caducas. Sujetos como Adolfo Domínguez se lo habrán buscado.

Pide el incalificable despido libre “sin trabas administrativas ni judiciales”, partiendo del presupuesto de que los trabajadores son unos perezosos a los que hay que mantener amenazados para que trabajen más, unos vagos que se escaquean cogiendo bajas por enfermedad. Y tan anclado en innovadoras y vanguardistas ideas rancias del siglo XIX, lógicamente rechaza por “esterilizador” el posterior Estado del Bienestar, ese que tiene a los trabajadores contentos para evitarle a explotadores como él ser víctimas de revoluciones.

Una cosa sí se le puede reconocer a ese modélico empresario, y es que ha tenido la valentía para decir lo que la mayoría del rancio y cavernícola empresariado que nos toca padecer en este país piensa. Pero también ha puesto en evidencia que sigue existiendo un posible escenario en el que, si ellos vuelven a sus programas máximos, si rompen el pacto, también los trabajadores pueden volver a sus programas máximos. Y como entre programas máximos no hay posibilidad de acuerdo, acabaremos resolviendo nuestras diferencias de otra forma. Y que gane el más fuerte.

Ante tipos como ese no caben ni reformismos, ni gradualismos, ni socialdemocracia, ni negociación.

Yo, por lo pronto, nunca más compraré nada de ninguna de sus marcas.



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