El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007, tengo familia, ingresos, vivienda y compromisos en Móstoles y La Coruña.
Soy demócrata y socialista libertario, por ese orden. Creo que la libertad debe ser efectiva para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

Archivo: Febrero 2010

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Rajoy se destapa: abaratará el despido


Así sí


Aviso


¡Boicot a Adolfo Domínguez!

Boicotear a una empresa conlleva, siempre, boicotear a sus trabajadores, a quienes me une la solidaridad lógica de compartir la misma clase.

Pero lo de hoy no tiene perdón. Me cuesta mucho expresar lo que me merece desde hoy Adolfo Domínguez sin incurrir en el delito de injurias. Muchísimo. Muchísimo. Incalificable, y no porque no se le pueda calificar, sino porque no es conveniente dejarlo por escrito. Sé que sonará a terminología caduca, pero sin duda que al menos la mejor definición para el sujeto, tras su conferencia de hoy, es la de “explotador”. Se ha destapado.

Al fin y al cabo, frente a tesis caducas valen antítesis caducas, aunque se generen dialécticas caducas que puedan terminar en consecuencias que creíamos caducas. Sujetos como Adolfo Domínguez se lo habrán buscado.

Pide el incalificable despido libre “sin trabas administrativas ni judiciales”, partiendo del presupuesto de que los trabajadores son unos perezosos a los que hay que mantener amenazados para que trabajen más, unos vagos que se escaquean cogiendo bajas por enfermedad. Y tan anclado en innovadoras y vanguardistas ideas rancias del siglo XIX, lógicamente rechaza por “esterilizador” el posterior Estado del Bienestar, ese que tiene a los trabajadores contentos para evitarle a explotadores como él ser víctimas de revoluciones.

Una cosa sí se le puede reconocer a ese modélico empresario, y es que ha tenido la valentía para decir lo que la mayoría del rancio y cavernícola empresariado que nos toca padecer en este país piensa. Pero también ha puesto en evidencia que sigue existiendo un posible escenario en el que, si ellos vuelven a sus programas máximos, si rompen el pacto, también los trabajadores pueden volver a sus programas máximos. Y como entre programas máximos no hay posibilidad de acuerdo, acabaremos resolviendo nuestras diferencias de otra forma. Y que gane el más fuerte.

Ante tipos como ese no caben ni reformismos, ni gradualismos, ni socialdemocracia, ni negociación.

Yo, por lo pronto, nunca más compraré nada de ninguna de sus marcas.

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