Ardió parte de mi Historia
Me acabo de enterar que el pasado día 4 ardió la centenaria casa de la familia de mi abuela paterna, mi yaya Tomasa, que con mucho esfuerzo ésta reconstruyó a finales de los años 80 respetando la arquetectura sanabresa. Mi padre vendió la casa, situada en pleno centro de Trefacio de Sanabria, en Zamora, el año pasado, a una pareja de trabajadores que se había encaprichado con ella.
Por quien primero lo siento es por ellos, Olga y su pareja. Cierto que lo que hay en una casa son sólo cosas materiales, y por lo tanto fungibles, sustituibles, y en su caso además, preveo, con la cobertura del oportuno seguro, tal como obligan los bancos cuando ayudan a comprarlas. Pero aun con esta ayuda, empezar desde cero un hogar…
Y lo siento por lo que quedamos de mi yaya Tomasa. Al parecer sólo se ha mantenido de pie la fachada frontal. La foto publicada por ‘La Opinión de Zamora’ es desoladora. Me temo que habrá que demoler lo que quede de pie.
Mirando esa fotografía veo pasar mis recuerdos de mi yaya Tomasa, y tomo consciencia del alcanze de aquella expresión de “no somos nada”. Hace tres días soñé con ella, que murió hace casi 16 años, y aunque la tengo fuertemente en mi memoria, asisto al progresivo borrado de sus huellas en este mundo.
La existencia es una mierda… hasta dentro de un par de horas, en que vuelva a ver a mi hija a la salida de la guardería.











23/4/2008, 15:48 h.
mi sugerencia es que la “verbalices”, las palabras (escritas u orales) materializan lo que ya no existe.
Una lágrima por una hermosa casa y por los recuerdos que no han ardido.
23/4/2008, 18:25 h.
Ay… no. No es una mierda… es lo que hay. Es así.
Beso grande.