¿“Panem et circenses”? Cuando nuestra Selección absoluta de fútbol, jugadores y equipo técnico con el excepcionalísimo Vicente del Bosque al frente, regresó a España tras conquistar el Campeonato del Mundo de selecciones el día 11 de este mes, pudimos asistir por primera vez en la Historia de nuestro país a una escena que recordaba la que, en reportajes, conocíamos de otros países más afortunados en alegrías colectivas: Un gran vehículo descapotado flanqueado por una guardia, para su seguridad pero también, por qué no, de honor, avanzando lentamente entre una de las más inmensas multitudes que la capital ha conocido, llenando aquellas calles, que lo son de todos, desde el suelo, los balcones y las azoteas de grandísimos colorido y alegría. Dentro del autobús no iban astronautas ni soldados, pero sí héroes. Porque a falta de conquistas espaciales, afortunadamente parece que los pueblos de la Tierra cada vez compiten menos entre ellos bélicamente, y citan sus lides en canchas deportivas, donde los campos de fútbol son los más prestigiosos campos de incruenta batalla. No sé por qué, pero los nacionales de cada país, por muy racionales que seamos, sucumbimos a esa necesidad de triunfos para la patria, aún conllevando la crueldad de mayor o menor humillación del a cambio derrotado. Porque toda competición, como el bifronte Jano, arroja esas dos caras contrapuestas, y bien lo sabemos en nuestro país. Y aunque desde es cierto que pocas, lo cierto es que España merecía desde hacía algunas décadas un reconocimiento entre y ante las demás naciones que, a su vez, concitara la concurrencia tan casi unánime como inédito de los españoles.
Íker Casillas es actualmente el portero y capitán de la Selección Española y del Real Madrid, único club en el que ha militado desde que comenzó a formarse en su cantera. Nacido en 1981, hasta sus 17 años de edad, con ambos uniformes ganó un Europeo Sub-15, otro Sub-17, una Copa Meridian y un Mundial Sub-20, y en los últimos 11 años ha ganado cuatro Ligas de la primera división, tres Supercopas de España, dos Copas de Europa, una Supercopa de Europa, una Eurocopa, una Copa Intercontinental y un Mundial. Tiene dos trofeos Bravo, un Zamora, la medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, el Guante de Oro de la última Copa del Mundo y ha sido reconocido como Mejor Portero del mundo en dos años y, a sus 28 años de edad, el segundo mejor guardameta de toda la Historia. Íker es un héroe del siglo XXI.
Fue llamado a reforzar el banquillo del Real Madrid, el mejor club de la Historia del Mundo, con sólo 16 años de edad y para un partido de la Champions League en Noruega. Sus saltos al campo desde ahí prácticamente terminaron cuando lo hizo en la final de la Copa de Europa de 2002: el titular se había lesionado, e Íker salió a hacer tres atajadas en el último minuto, sin los que el Bayer Leverkusen se habría impuesto al Real Madrid en la que así acabó siendo su novena Copa de Europa. Poco antes, en los cuartos de final del Mundial Sub-20 que finalmente ganaría la Selección Española, había conseguido el pase de su equipo con otra heróica actuación en la tanda de penalties de desempate. En octavos de final del Mundial de selecciones absolutas de 2002 volvió a parar penalties, esta vez tres, dos de ellos en la tanda de desempate. En los cuartos de final de la última Eurocopa que finalmente ganaría la Selección Española, parando dos tiros había conseguido el pase de su equipo con otra heróica actuación en la tanda de penalties de desempate. Cuando en los cuartos de final del último Mundial parecía que España no conseguiría sacudirse una maldición secular, Casillas paró un penalty al paraguayo Cardozo que volvió a meternos en el campeonato, hasta que en la final frustró dos aproximaciones al holandés Robben, que había logrado franquear la defensa española. Con tales antecedentes, parece que a Íker Casillas se le confirma para siempre el apodo de “El Santo”.
E Íker es de Móstoles. En sus parques comenzó a jugar a la pelota cuando era un niño. Desde ahí salía con sus padres a la Ciudad Deportiva del Real Madrid a entrenar desde sus 9 años de edad. Allí tenía sus amigos de la infancia, de los que sabemos que conserva muchos. Allí está el Instituto público a cuyo director llamaron desde el Santiago Bernabeu por necesitar llevarse inmediatamente al alumno Casillas para viajar con los galácticos al extranjero. En el Café Habana le encontrábamos con su novia de entonces y sus amigos los que gustábamos de tomar un café por la tarde, o una cocacola más tarde, pero no mucho más tarde, cuando la admiración y orgullo que nuestro vecino generaba aún no derivaba en locura de fans a su alrededor. Y el orgullo de la ciudad hacia él era recíproco (“Yo no soy galáctico, soy de Móstoles”).
Fui asesor del Alcalde de Móstoles, José María Arteta, entre 1999 y 2003, precisamente cuando aquél vecino mostoleño dibujaba los primeros trazos de su ascendente carrera histórica. Y siempre nos atuvimos a la consigna de respetar a aquél chico, su intimidad y su condición de patrimonio de todos, absolutamente todos los mostoleños, sin patrimonializarle de tal modo que no se pudiera, ni siquiera mínimamente, ensuciar su imagen ni la vergüenza de los políticos por manipulaciones espúreas ni intereses partidistas. A ello contribuyó el Primer Teniente de Alcalde, Ildefonso Fernández, del otro partido de la coalición de Gobierno municipal, socio y abonado como merengue de pro y muy bien relacionado con los directivos del Real Madrid, y nuestro mejor conocedor del pulso interno del club blanco. Quizá por ello, cuando algunos pedíamos mayores honores para nuestro vecino Casillas, ellos preferían evitar transmitir una imagen de manipulación política de alguien que quería ser de todos.
El criterio cambió cuando ya no estaban ni José María Arteta ni Ildefonso Fernández, y pareció ir bien… hasta que comenzaron a ser repetitivas las fotografías difundidas de nuestro futbolista, el de todos, con políticos de sólo una opción partidista. Con una reiteración que iba acompañada de rumores convenientemente difundidos acerca de no sólo une supuesta concreta simpatía política que tuviera Íker Casillas, sino hasta de militancias con el actual Alcalde de Móstoles. Tan rápido como Íker fue llevado y traído de acá para allá por el Alcalde, comenzó a desaparecer de los saraos consistoriales. Así, el Pleno del Ayuntamiento de Móstoles otorgó a Casillas la Medalla de Oro de la Ciudad …que Íker, pasado un año, aún no ha recogido. Ni será el pregonero de las fiestas de Móstoles del próximo mes de septiembre. Ni ha mencionado como hacía antes a Móstoles como en cambio Iniesta ha mencionado a Fuentealbilla o el resto de los de “La Roja” a cada una de sus patrias chicas. Ni ha visitado oficialmente Móstoles como sí los demás han hecho con sus localidades de origen.
Ni ha respondido al apresuramiento mediático del Alcalde a declararle hijo predilecto de Móstoles …que legalmente no es competencia del Alcalde, sino de todos lo concejales, los que representan a la totalidad de los mostoleños.
Y no es su culpa. Íker debe ser patrimonio de todos, y está sabiendo sustraerse a la patrimonialización de unos pocos.
Quienes seguimos no sólo la trayectoria deportiva de Íker Casillas sino también el resto de las facetas de su personalidad, conociendo así por ejemplo su compromiso social en numerosas causas solidarias reflejo de la humildísima bonhomía con que por ejemplo atiende a sus admiradores, sabemos que no sólo no se erige en acreedor de honores de su patria chica, Móstoles, sino que hasta le ruborizan protagonismos que no sean deportivos o con los que llame la atención hacia causas solidarias. Pero también debe entender que para nosotros, los mostoleños, es un orgullo que un vecino que empezó a jugar a la pelota en las mismas calles que nosotros pueda alcanzar no sólo los triunfos deportivos que él está conquistando, y encima con la resolución de sus espectaculares actuaciones, sino el reconocimiento de todo el mundo hacia su forma de vivir los valores más nobles del deporte.
Aunque él con su humildad huya de según qué tipo de reconocimientos, antes de comenzar el Mundial que ha culminado con la primera Copa para nuestra Selección, antes de poder adornar el escudo en su camiseta coronándolo con la estrella de campeones, nuestro vecino ya tenía un historial deportivo, que él tenía ya puesto a disposición de causas solidarias, suficiente como para ser merecedor de todos los honores de nuestra ciudad.
Quizá por la manipulación mediático-política que ya rodea la promoción de su nombramiento como hijo predilecto de la ciudad sea lo más conveniente descartar, por ahora, esta distinción. Pero desde hace mucho los mostoleños venimos pidiendo en nuestras conversaciones, y hasta preguntándonos por qué aún no se ha producido, que una de nuestras calles tenga el nombre del más internacional de nosotros. Ese es el honor que el pueblo llano considera supremo, más allá de los del distante protocolo institucional: una calle para Íker Casillas.
Nuestros representantes deben coger este guante, renunciando a protagonismos políticos. Que ninguno se anticipe diciendo que desde un determinado Partido político va a promover lo que hace mucho que surgió en los barrios de Móstoles. Que algún día, tras reunirse la Junta de Portavoces, salga la Portavoz del Grupo municipal más pequeño del Ayuntamiento y nos informe que espontánea y simultáneamente todos los reunidos han decidido ponerle el nombre de Íker Casillas a una de las vías de nuestro callejero, y que precisamente ella misma, con renuncia tanto del Alcalde como de la líder de la oposición, sea la que presente el acto que sólo protagonice Íker descubriendo la placa con la que nos haga el honor de nombrar una calle en la que pasee otro niño que, ojalá, dentro de unos años vuelva a recordar a todo el Mundo que existe una ciudad que se llama Móstoles.