El autor

Me llamo José-Luis Prieto, nací en Madrid en 1973, soy abogado y consultor, desde 2007 vivo en Galicia, estoy casado y soy padre de una niña.

Soy demócrata y socialista, por ese orden. Creo que deben ofrecerse las condiciones para la materialización de la libertad para todos, que hay que garantizar la igualdad absoluta de derechos y oportunidades, y que el ser humano es social por naturaleza.

El blog

Desde 2002, con este blog pretendo aportar elementos para la contrapropaganda frente al nacional-liberalismo, desde una perspectiva liberal en materia social y socialdemócrata en materia económica.

Este es un cauce para la libertad de expresión, que ejerzo consciente de las limitaciones de nuestro ordenamiento.

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Programas máximos

La patronal ha presentado al diálogo social una propuesta de contrato para menores de 30 años temporal, por el Salario Mínimo, sin indemnización, sin cotización para el desempleo, sin derecho a prestación por desempleo y sin lubricante. Con arena, para que derrape. Vamos, que la CEOE propone una implementación del Programa Máximo de la clase empresarial. Con dos cojones.

Proponiendo la patronal que el diálogo social se desarrolle en dichos términos, sería legítimo que los sindicatos desempolvaran el programa máximo de la clase trabajadora. Es decir: que frente a la esclavitud que nos desean, propongamos la “expropiación de la propiedad inmueble”,  impuesto progresivo “fuerte”, “abolición del derecho de herencia”, “centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio”, “nacionalización de los transportes”, “multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción”, etc. Con dos cojones.

Que cuando la patronal responda amenazándonos con el paro y la pobreza, nosotros les amenacemos con la legítima defensa de la revolución. Con dos cojones.

Al fin y al cabo, frente a tesis caducas valen antítesis caducas, aunque se generen dialécticas caducas que puedan terminar en consecuencias que creíamos caducas. Sujetos como Adolfo Domínguez se lo habrán buscado.

Desde luego, ante las reglas del juego que la patronal pretende establecer en el entonces inapropiadamente denominado “diálogo social”, lo que no pueden hacer nuestros representantes, los representantes de la mayoría, es ser los únicos situados en la razonabilidiad y la responsabilidad. Si la patronal ofrece cero, pidamos diez para que, tras el intercambio de cromos de toda negociación nos quedemos en el cinco.

Willy, cállate

Hace quizá ya 20 años, ví una pintada en Móstoles que rezaba: “Patria o muerte”. Y aparecía firmada con las siglas del Movimiento Falangista de España. Lógicamente. Esa exaltación tanto de la patria como de la muerte forman parte del código genético del fascismo.

Respecto de la patria, como yo soy de izquierdas, aborrezco de todos los nacionalismos, que más que identificado con patria ninguna me lo siento con una clase social. Es algo tan evidente desde una perspectiva de izquierdas, que me resulta imposible explicarlo sin caer en redundancias. Y respecto de la muerte, me falta la fe necesaria para como para gritarle los ¡vivas! que le dedicaba el fascista Millán-Astray, que más que ganarme el cielo, impidiéndome encomendar a tal posibilidad, aspiro a que esta Tierra, la que vivimos, sea algún día el paraíso y la única patria de la Humanidad.

Cuba, así, no es socialista. No se puede ser socialista sublimando ni la patria ni la muerte. Yo soy socialista, y por ello no sólo no me siento identificado con esa tiranía, sino que me produce un asco tremendo. Porque socialismo es libertad, y allí no la hay.

Así, hace cuatro años y medio, en la defensa que hice del tiranicidio, dejé aquí escrito:

Y sí, por seguir con los ejemplos, tampoco es el mismo el Fidel Castro que, con la legitimidad tomista, primero derrocó al tirano Fulgencio Batista y después derrotó a quienes querían restaurar dicha tiranía, que el que seguidamente se mantuvo en el poder privando a su pueblo de elegir a sus gobernantes, convirtiéndose asímismo, con todas sus consecuencias, en otro tirano.

Vamos, que yo, que soy de izquierdas, le deseo tal fin a Castro, “con todas sus consecuencias”, como a nadie de derechas se lo he escuchado respecto de Pinochet.

O hace tres años y medio rechazaba la opción de Raúl Castro para subrogarse en la posición de tirano de que abdicaba su hermano mayor, lamentando que, si aquél importaba el capitalismo como ha hecho la tiranía comunista china, su régimen sería convalidado por parte del establishment internacional. Lo ilustraba con una imagen de Raúl Castro y Manuel Fraga, ministro de propaganda del fascismo español y Presidente Fundador del PP, fundidos en un abrazo, que todos los tiranos lo hacen como hermanos; y calificaba como mala la noticia de que Fidel Castro no moría tras el achaque que entonces sufrió.

No digo cuanto antecede para justificarme, sino para dejar claro, por un lado, que no conozco de nadie de derechas en España una actitud igual de incondicionalmente beligerante contra la tiranía de Franco, y por otro, contrastado ello, dejar claro que sólo desde el socialismo vulgarmente conocido como socialdemocracia se sublima la libertad como valor supremo e incondicionable. Nunca ha habido una dictadura socialdemócrata.

Que ni patria ni muerte, y dictaduras, ni del proletariado.

El preso Orlando Zapata Tamayo ha fallecido tras la huelga de hambre que ha sostenido en Cuba para protestar en particular contra el trato que se dispensa en aquéllas cárceles a los discrepantes, y en general contra aquél régimen. Y el comprometido actor Willy Toledo ha tenido la miserable crueldad de pisotear la dignidad de ese muerto, pisoteándonos a todos a los que nos ha dolido el trato que recibió y finalmente su muerte.

Dice Willy Toledo que Orlando Zapata no era más que un “delincuente común”, un “terrorista”. No lo sé. En cualquier caso, ante las tiranías la presunción de culpabilidad la tienen las propias tiranías. En cualquier caso, Orlando Zapata ha fallecido como resultado de su protesta contra una tiranía, y poco importan los argumentos “ad hominem”, si “ad rem” tiene la razón. Y, contra una tiranía, siempre se tiene la razón.

Rosa Díez debe ser declarada “non grata” en Galicia

Le he sugerido a mi diputado autonómico favorito, el que más se lo trabaja, que impulse la declaración parlamentaria de Rosa Díez como persona “non grata” en Galicia.

Resulta que Rosa Díez, tan bocazas como siempre, empleando el gentilicio de Galicia como insulto contra ahora Zapatero y anteriormente Feijoo ha vuelto a declarar que los gallegos, por el hecho de serlo, podemos serlo peyorativamente, es decir: que ser gallego es una circunstancia personal desfavorable o empeorada.

Aunque ni Zapatero ni Feijoo han tomado las palabras de la dirigente prefascista con el ánimo injuriante con que ésta las lanzó, lo cierto es que la voluntad de Rosa Díez ha sido la de usarla como descalificación, acaso con una acepción ya caduca, y que para ello ha vuelto a exteriorizar la opinión que los gallegos le merecemos como pueblo. Como dice el Presidente de la Real Academia Gallega, Rosa Díez “lo piensa, lo siente y lo dice”, y añado yo que con tanto desprecio que no lo puede evitar.

Y, mientras sus palmeros gallegos relativizan el insulto, rendida como siempre al oportunismo, para minimizar el menoscabo que pudiera provocar a sus intereses electorales no se le ha ocurrido a la prefascista otra cosa que tirar de topicazo. Como si además ello fuera una circunstancia calificable de peyorativa, es decir: desfavorable o empeorada.

Lo dicho. Que Rosa Díez debe ser declarada “non grata” en Galicia.

Sobre el retraso de la jubilación …o que alguien me lo explique

En defensa de las pensionesPara hoy, mi sindicato, UGT, tiene convocado el incio de movilizaciones contra las propuestas del Gobierno en materia de pensiones. Fundamentalmente, se da por consumado que el Gobierno de Zapatero quieire retrasar la edad de jubilación desde los actuales 65 años hasta dos más allá, los 67, y que se ampliará el número de años cotizados a tomar en consideración para determinación del importe de la pensión: trabajar más, para además cobrar menos.

Dicho así, lógicamente, a nadie le gusta. Probablemente tampoco a los empresarios ni a su brazo político, el PP, cuyo programa oculto en materia de pensiones pasa por capitalizarlas privatizándolas, es decir, derogar el actual sistema sin sustituirlo por ningún otro, y que quien quiera pensiones vaya prestando su dinero (el suyo, el de los trabajadores, sin aportaciones de los empresarios en eso que se conoce como “cuota patronal a la seguridad social”) a empresas privadas que le gestionen un Plan de Pensiones privado. Vamos, como en Estados Unidos quiere Barack Obama que deje de suceder.

Y yo estoy hecho un lío.

Por un lado, porque tengo claro datos como los siguientes:

  1. Hasta hace relativamente poco, si llegabas a los 65 años de jubilación, a los 70 estabas muerto. Es decir: engrosabas la “clase pasiva” durante sólo cinco años. Ahora, en poco tiempo, con una esperanza de vida que sobrepasa, a día de hoy, los 80 años de edad, significa que puedes estar 15 años cobrando una pensión.
  2. Aquéllos cuya esperanza de vida era de 70 años, llevaban trabajando (por una cuestión de sus propias circunstancias históricas y personales) desde antes o mucho antes de los 16 años de edad. Es decir, que si se jubilaban a los 65, llevaban trabajando ¡medio siglo!, y, como he dicho antes, cobraban pensión durante el equivalente a sólo el 10% de su vida laboral. Cierto que muchísimos, la mayoría de ellos no empezaron a cotizar hasta más tarde de su adolescencia, pero creo que es un dato que por obligación moral hacia ellos debemos soslayar.
  3. Aunque desde los 18 años de edad, por la necesidad de tener cierta autonomía económica, fuí trabajador por cuenta ajena, contratado por distintas temporadas, algunas brevísimas pero encadenadas (me tocó el auge de las ETTs), la verdad es que entre mi estudios universitarios y la Prestación Social Sustitutoria, no tuve como prioridad la de trabajar, y por lo tanto cotizar a la Seguridad Social, hasta los 25 años de edad. Es decir: mi generación se ha incorporado al mercado de trabajo 10 años más tarde que a la edad a la que lo hizo la de nuestros padres y abuelos. Bien entendido que estoy hablando de familias de clase obrera. Y para cuando yo sea anciano, es probable que los de mi generación fallezcamos con 95 años de edad. Es decir: que, en principio, nuestra vida laboral será de 40 años de edad, y cobraremos pensión durante 30, el equivalente al 75% del tiempo de aquélla.
  4. Digo “en principio” porque si bien la generación de nuestros padres no conoció el desempleo (mi padre hasta podía pluriemplearse), la nuestra tiene esa espada de Damocles siempre pendiendo de nuestras cabezas… cuando no cayendo sobre ellas. Así que puede pasar que, entre el tiempo que pasamos desempleados, agrandado con el que trabajamos sin contrato, puede suceder que nuestra vida laboral sea de menos de 35 años de edad, y cobraremos pensión durante 30, aproximadamente el equivalente al 95% del tiempo de aquélla.
  5. Todo lo anterior, sin profundizar hacia el escenario que le esperará a generaciones posteriores a la nuestra, la de mi hija, para la que quiero todo el bienestar del mundo. Qué vertigo.
  6. La población española envejece inexorablemente.

Que alguien me lo explique, porque parece insostenible.

He dicho que un elemento a tomar en cuenta es que la población española envejece inexorablemente, y no me refiero a que cada español sea un año de edad más viejo que el años pasado, no, sino a que el número de personas mayores, que afortunadamente tardan más en morir, no guarda relación con el número de niños, desafortunadamente, porque por determinadas circunstancias la natalidad en España es bajísima. Determinadas circunstancias ésas que, en mi opinión, son las que deberían ser acometidas prioritariamente por parte de lo poderes públicos.

Nuestro sistema de Seguridad Social es de lo que se llama “de reparto”. Es decir: la aportación por cada trabajador al sistema no se va ahorrando para él para el momento en que se jubile. Sino que, en lo referente a la jubilación, esas aportaciones se dedican a las pensiones de quienes en ese precismo momento se encuentran jubilados. Según el activo lo aporta, se le transfiere al pasivo.

Nuestro sistema de Seguridad Social, por lo tanto, no es de lo que se denomina “de capitalización”. No es un plan de pensiones en el que las aportaciones que se realizan al mismo por cada trabajador se ahorre ni además se incremente por los intereses del mero transcurso del tiempo.

Es decir: cuando Ignacio Fernández Toxo se jubile dentro de siete años, el dinero de su pensión lo estarán pagando quienes en 2017 estén cotizando. Pero, ¿quién pagará y cuántos jubilados cobraremos cuando yo cumpla 65 años de edad en 2038, y hasta aproximadamente 2065?

La credibilidad que me merece mi sindicato, apoyado por la izquierda del propio PSOE, es de una presunción iuris tantum, y si niega la sostenibilidad del sisitema, en principio le creo. Pero me pica un gusanillo. Mi compañero Cándido Méndez tendrá 86 años en 2038, y no creo que alcance los 113 de edad en 2065. 2065 a él le viene muy lejos, pero yo aspiro a cumplir los 92 sin vivir de la caridad ni de mi hija. Quiero decir: ¿se está defendiendo a la clase trabajadora? ¿O, dentro de la clase trabajadora, a determinadas generaciones, las de los actuales dirigentes?

Un ejemplo de política sanitaria del PP

El presupuesto sanitario gallego baja el listón de la media española en el primer ejercicio completo que afrontará el Gobierno nacional-liberal de Alberto Núñez Feijoo.

Así, el recorte sanitario conlleva una disminución de 50 millones de euros del área sanitaria de la mayor ciudad de Galicia, Vigo, teniendo que perder casi 400 camas hospitalarias y 28000 metros cuadrados del que sería el nuevo Hospital de Vigo, que, eso sí, se construirá con grandísimos beneficios para el concesionario de la obra, con su privatización fáctica, y expresa en el caso de la lavandería, la desinfección, el mantenimiento general, la seguridad, los aparcamientos, los locales comerciales o el almacenamiento de historias clínicas.

Y mientras tanto, cierra el único Hospital de Cruz Roja en Galicia …en Vigo. Un Hospital gestionado por una ONG y que prestaba sus servicios gratuítos para cubrir las necesidades que le requería la propia Consellería de Sanidade, que se ha desentendido de su viabilidad económica. Otras 70 camas hospitalarias perdidas, e idéntico número de nuevos parados.

Para ello no hay dinero para el PPdeG, pero una vez alcanzado el Gobierno dando lecciones de austeridad resulta sí haberlo para embellecer el nuevo Hospital de Lugo, con un suntuoso gasto por el que algún proveedor (una empresa americana) se beneficiará de la modificación de la partida presupuestaria de su mobiliario para incrementarla más de una tercera parte, más de 800 millones de euros. Lo paradójico es que la modificación del gasto no va acompañado de la contratación de mejores condiciones que justifiquen el encarecimiento, ya que las características técnicas de equipamiento de las camas de hospitalización, de los lechos de unidades especiales, de los sillones y las mesillas con los que se dotará cada habitación son las mismas que había establecido la anterior dirección del Servicio Gallego de Salud. Qué curioso. Quizá la clave está en la siguiente información:

Los precios máximos que se habían estipulado con el anterior Gobierno para las 852 camas de hospitalización, sin IVA, era de 1.775 euros por cama; 2.102 euros para cada cama de unidades especiales; 375 euros por cada uno de los 788 sillones ergonómicos y 280 euros para cada una de las 754 mesillas con atril. Con estos precios había varias empresas españolas que estaban dispuestas a presentar ofertas a la baja para dotar de mobiliario de hospitalización al nuevo hospital de Lugo. Sin embargo, la empresa Hill-Rom tenía difícil presentarse al concurso, ya que, según los técnicos, dispone de buen material, pero con precios sensiblemente superiores.

Ahora ya no tiene problemas.

Y es que con el PP, la política es una actividad prescriptora de nichos de negocio, independientemente de su deterioro, como el que se evidencia ya en atención primaria. Y la sanidad es, si se le saca rentabilidad, un chollazo. Por eso en Galicia se está privatizando la red del Servicio público de Salud, aunque para ello deba redimensionarse a la baja otros servicios como su plan de la mujer o el de salud mental, se suspendan actividades por la tarde, se pongan en marcha contratos de día a día, semana a semana o mes a mes, menoscabando el rendimiento, o unas medidas que resultan incompatibles con una política de mejora del rendimiento, empeoren las listas de espera por la reducción de recursos y de actividad…

Porque sí. En Galicia ha empeorado la gestión de las listas de espera, que para intervenciones quirúrgicas ha aumentado por primera vez en cinco años, volviendo a la tendencia del fraguismo y dejando el bipartito progresista como una isla de eficacia en la historia sanitaria de esta Comunidad autónoma. Particularmente grave es en la provincia más poblada, la coruñesa, donde se ha disparado. En un año, el Gobierno autonómico del PP ha conseguido aumentar la lista de espera para operarse en más de 3000 ciudadanos más según admite la propia Xunta, o 5000 según fuentes independientes, y por dolencias, ha aumentado, sólo por poner dos ejemplos, 37 días más en neurcirugía y 28 más en ginecología, en este caso de tal modo que las gallegas tienen que esperar 40 días más que la media del conjunto de las españolas.

Todo eso, según admite la fundamentalista Pilar Farjas. Hasta que se ha revelado que hay nada menos que 18.000 gallegos que, pese a tener prescrita intervenciones quirúrgicas, no son incluidos en listas de espera. Las tácticas de la Condesa de Murillo, importadas a Galicia.

Los datos cantan. Como acertadamente dijo alguien, yo tampoco entiendo cómo aún hay tanto tonto de los cojones.

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