Aviso
Mi filiación socialista lo es, primero y principalmente, a través del Sindicato socialista. Temporalmente, porque me afilié a la UGT el 2 de octubre de 1989, antes que a las Juventudes y dos años y dos semanas antes que al Partido. Cualitativamente, porque afiliándome es esa fecha, y deliberadamente por ese orden al menos respecto de JJSS, porque lo hice menos de un año después del 14-D, la primera Huelga General unitaria contra un Gobierno socialista, unitaria porque por primera vez la convocaba el Sindicato socialista.
Afiliarme a UGT con 16 años, y con el carnet del sindicato, nuevo, en el bolsillo, ya posteriormente presentarme en la Agrupación Socialista de Móstoles para solicitar mi alta en la organización política de los jóvenes socialistas era, en sí, así, una declaración de principios. Suponía tomar partido por el Sindicato socialista frente a las organizaciones políticas socialistas, Juventudes y Partido. Y en caso de duda, in dubio pro operario; así que si me dan a elegir entre mamá y papá, me quedo con la UGT.
Hoy, el otro sindicato ha anunciado que se acabó. Que ya van a plantear, por primera vez desde que Zapatero es el Presidente del Gobierno, movilizaciones contra las políticas del Gobierno, subrayando su secretario general que con la forma de actuar de los ministros “parecen una pandilla de aficionados”. Y la verdad es que desgraciadamente es la sensación que está dando el Gobierno, y que sólo se puede negar desde el taconazo militante.
Y si mi Sindicato también convoca manifestaciones contra el Gobierno de mi Partido, las secundaré. Como he hecho siempre.
La indefinición del Gobierno ha pasado en los últimos días a generar una inquietud en los ciudadanos (una “alarma social”, admite el Portavoz del PSOE en la Comisión de Trabajo del Congreso) que, como se detecta fuera de los despachos, hace que a la pérdida de confianza de los desempleados se sume ahora la del resto de los trabajadores.
Cuando la mayoría de los ciudadanos, que somos los que cotizamos o hemos cotizado a la seguridad social, los trabajadores, queríamos un gesto que prorrogara la confianza de la que habíamos hecho depositario al Gobierno, éste nos ha respondido generándonos incertidumbres. Incertidumbres de las que no participan los responsables de la actual crisis, que hoy mismo por ejemplo el Banco Santander reconoce que en el año culmen de la crisis ha batido sus records de beneficios. Esto cabrea, y mucho.
Así que, me temo, nuestra base social natural, nuestro electorado, ha dejado de prorrogar dicha confianza. A partir de ahora, al PSOE le toca volver a empezar a ganar esa confianza, que al Gobierno le ha sido retirado el cheque en blanco que se depositó en Zapatero.
En el cuento de El traje nuevo del Emperador, nadie se atrevía a cesar en sus adulaciones, pese a tener fundamentos impostados. En el PSOE alguien tiene que decir, como hizo el niño del cuento, cuál es la auténtica vestimenta que protagoniza el momento. Alguien tiene que romper una dinámica que evidencia que los ciudadanos y el Gobierno no van de la mano siguiendo el mismo camino, conociéndose mutuamente, como sucedía hasta no hace mucho.
La militancia socialista del Partido lo sabe, en privado lo sostiene. Pero mayoritariamente le falta valentía en público, ya que sacrifica el interés general y el del Partido por un eventual beneficio personal, reflejado en lo que acusaba Rodríguez Ibarra cuando lamentaba “Te pueden llamar por teléfono y ofrecerte una secretaría de Estado o un ministerio”. La mayoría de los militantes socialistas quiere que su número de teléfono aparezca en o no se borre de las agendas de quienes reparten el poder (por la parte que me toca, quedará claro que, escribiendo esto, ese no es mi caso, ¿no?).
Ante las declaraciones de José María Barreda en las que apremiaba a algún gesto del Presidente del Gobierno que abriera paso a un nuevo impulso en sus políticas, lo cual implícitamente supone criticar las políticas que anima a sustituir, hay tres alternativas: O aprovechar para criticarle y así ganarte la confianza de los protagonistas cuestionados, en el poder; o abstenerte, y así al menos no borran tu teléfono de sus agendas; o secundarle en su toque de atención. Está claro por cuál de las opciones me inclino yo (aunque algún funcionario de la Ejecutiva Federal se lo vaya a chivar al PSdeG), que como Barreda pienso que la lealtad implica sinceridad .
“Cuando uno se afilia una de las obligaciones es votar al propio partido y yo cumplo con las obligaciones que contraigo”, y “durante treinta años he defendido que la disciplina de voto era importante y la he mantenido”, pero más allá de uno mismo “Yo le animo a no dejar de votar al PSOE“, dice Joaquín Leguina a un desencantado, pese a estar criminalizado por ejercer la crítica.
Yo votaré al PSOE siempre, como siempre he hecho. Aunque presente una bicicleta. Pero con el voto de los militantes -aduladores como muchos, expectantes como la mayoría o sinceros como la minoría en la que me siento- no se ganan las elecciones.
Lo que yo, como Leguina, quiero, es que el PSOE vuelva a ganar las elecciones. Porque la única alternativa es el PP y, por poner un ejemplo, su abaratamiento del despido.












5/2/2010, 18:01 h.
[…] Ayer me lamentaba ante la posibilidad de tener que optar por mi Sindicato frente a mi Partido, por la lamentable imagen que el Gobierno está transmitiendo en los últimos días, y de tener que manifestar en público lo que la mayor parte de los socialistas van exteriorizando en privado, cada vez más preocupados ante la eventualidad del retorno de la ultraderecha al poder en España. […]