El día después
Hoy es el día después de la presentación de la propuesta gubernamental de nuevo modelo de financiación de las Comunidades autónomas.
Cuando me ausento del compromiso adquirido con el por dichas ausencias menguado número de lectores que para este mi blog atesoro (atesoro porque con el honor que me hacen los valoro como un tesoro), se debe a una de tres razones. La primera, al abondono con que las musas castigan los hastíos que usurpan su sitio en mis desvelos. La segunda, la dedicación que los menesteres off-line me exigen, ora para mi devenir profesional, ora por mis obligaciones familiares. La tercera, acaso derivación de la segunda modalidad de la segunda causa, por encontrarme vacacionando en lugares desprovistos de conectividad suficiente como para sustraerme de la desesperación a que nos aboca la falta de velocidad, que la prisa será la característica de estos tiempos cuando en la próxima era o Edad histórica los niños estudien la que ahora denominamos “contemporánea”.
Así, y precisamente por ese orden, ha sido hasta ahora en los últimos meses: mucha falta de inspiración, luego algo menos de falta de tiempo libre, y hasta muy recientemente, y desgraciadamente durante poco tiempo, vacaciones, aunque no tanto por mías (que siendo las judiciales en agosto sólo en ese mes me tranquilizo) como sí por las de mi mujer.
Una de las recomendaciones de la Policía cuando alguien se ausenta de su casa es no dar a conocer dicha circunstancia, que los amigos de lo ajeno hacen su agosto teniendo su temporada alta desde el mes anterior. Por eso, me llevo las manos a la cabeza cada vez que alguien, particularmente a los que aprecio, twittean o facebookean sus andanzas turísticas. Yo prefiero no dar pistas, tanto que por no dar casi ni escribo sobre recurrentes trivialidades, que no son pocas en los tiempos estivales, cuando hasta a la prensa seria, por llenar las páginas de sus ejemplares, sólo le queda recurrir al amarillo.
Así, les recomendaría que se hagan con el suplemento “Los domingos” de La Voz de Galicia de ayer, que vayan a su última página y la fotografía familiar de los Thyssen al completo, tan al completo que, de izquierda a derecha la segunda y la tercera de sus integrantes son, ¡cuánta ternura!, la Baronesa y su nuera, juntas sin destriparse, pero que sobre todo comparen los semblantes del quinto, Borja, y la sexta, hija adoptiva de Tita, y saquen sus conclusiones; eso sí: sin exteriorizarlas en el caso de que vayan en según qué sentido, que aquél advierte que demandará a todo el que le atribuya la paternidad in vitro de su hermana adoptiva. Y pleitos tengas y los ganes.
Así que si escribo esto ahora, desvelando la desocupación que los últimos días me ha mantenido ocupado, es porque en este preciso instante ya puedo sin desafío para mi humilde patrimonio y así conjurado el riesgo de las molestias que me ocasionaría verlo importunado, que más que por su valoración temo el papeleo de su reparación.
Pues eso: que hoy es el día después de la presentación de la propuesta gubernamental de nuevo modelo de financiación.
Y la reflexión que a propósito de este “día después” quería traer no es más que la constatación de la insaciable voracidad del nacionalismo centrífugo. Que leo que para el BNG “solamente el 7,8% satisface las aspiraciones de la comunidad” cuando hace menos de un mes se conformaba con el suelo que el nuevo modelo garantiza para Galicia:
el pasado 18 de junio las tres fuerzas políticas gallegas (PP, PSOE y BNG) adoptaron un acuerdo parlamentario en el que exigían que la cuota que la comunidad recibiese no bajase del 7,1% actual.
Vamos, que si nos hubiera correspondido aquél 7,8%, el BNG se inventaría, por ejemplo, el 8,571%, ni una milésima menos, para darse por satisfecho, y así sucesivamente. Hasta el infinito, y más allá, que diría Buzz Lightyear.
Qué gente más amargada. Cuánto ahorraríamos en gasto sanitario si se evitarán tantas úlceras.














14/7/2009, 00:11 h.
José Luis: démonos con un canto en los dientes quienes estamos fuera de Madrid, donde también se ahorran en “gasto sanitario”, como hoy hemos conocido…
Cómo ha cambiado España: hace años, un madrileño sentía miedo cuando salía de vacaciones, por si durante las mismas sufría alguna dolencia y no podía ser atendido en los hospitales de su ciudad; hoy, cualquier español no madrileño siente pánico si tiene que pasar por la CAM y sufre algún mal que le obligue a ponerse en manos de la Consejería de Sanidad que dirige el tal Güemes, yerno de Fabra.
Saludos.
3/8/2009, 19:48 h.
Esperamos una interpretación jurídica de la decisión del TSJV respecto del caso de los trajes de Camps y Cía…