Fraguismo en la izquierda
Una de las causas principales de la victoria de la hasta entonces oposición ultraderechista en las últimas Elecciones autonómicas en Galicia ha sido el mantenimiento, durante el Gobierno bipartito progresista, de la estructura social del fraguismo, que aunque agazapada ha demostrado ser activa cuando ha tenido que movilizarse para desalojar al PSdeG de la Presidencia de la Xunta. Una gran torpeza.
Y para mayor desgracia, los sectores más dinámicos del electorado de izquierdas han tenido una actitud pasiva, desmovilizándose ante la campaña electoral, defraudados por las prácticas fraguistas que han continuado algunos dirigentes locales progresistas.
Porque el fraguismo no es sólo los principios ideológicos del ex Ministro de la tiranía fascista, Fraga el de Montejurra. Es algo más. Es una forma de entender la participación política basada en el clientelismo y, en síntesis, el caciquismo. Prácticas estas que ha pervivido en no pocos casos pese al cambio del color político de sus autores.
Hace más de cuatro años lo escribí aquí, cuando yo aún ni vivía en Galicia ni tenía previsto ese traslado de mi domicilio:
El caciquismo no es ni una práctica de la Historia decimonónica española ni de las emergentes democracias latinoamericanas. En España existe. Y el “carretaxe” gallego es su mejor exponente […].
En su virtud, el acarreador acerca a las urnas a la mayor cantidad de electores posibles, para que emitan el voto que previamente les ha sido entregado. El éxito de la operación, que se sustanciará en el triunfo del PP, requiere el previo tejido de un robusto entramado caciquil. Es indicio de ello, y de cosas peores, el hecho de que los acarreadores son en su inmensa mayoría empleados interinos de los Gobiernos autonómico -la Xunta- y de las Diputaciones Provinciales, generalmente interinos, o militantes del Partido, o personas en las que se dan ambas circunstancias, o concejalillos […] Personas que necesitan tanto a los gobernantes del PP para no ver menoscabadas sus situaciones personales como, cerrando tan vicioso círculo, dichos gobernantes los necesitan a ellos para no ver peligrar su poder. […]
Entonces yo me refería a un “ejército de lumpenproletarios, auténticos comisarios políticos del régimen establecido”. Ejército del que, insisto, he conocido servirse a dirigentes, principalmente del BNG, y a nivel local y en menor medida pero también de mi propio partido, el PSdeG-PSOE.
Una vez en Galicia, he conocido y diseccionado sobre el terreno el funcionamiento de este comportamiento caciquil. Básicamente consiste en que el dirigente político, cuando alcanza la posición de poder institucional, se lanza a atesorar un inmenso patrimonio de posiciones acreedoras de compañeros de Partido, a base de vender como favores lo que por parte del “comprado” no es más que el ejercicio de derechos constitucionalmente reconocidos.
Me refiero al derecho al acceso a la función y los empleos públicos, cuando alguien accede a un trabajo en alguna administración pública.
Para ello, el cacique debe procurar la máxima rotación de compañeros de base en los puestos de trabajo cuyo acceso es controlado por aquél, directamente o a través de lo que en Galicia se conoce como “chiringuitos”. Pueden ser 15 días trabajando de vigilante en una piscina municipal, dos meses desbrozando monte en campañas contra incendios, medio año como técnico municipal, o, incluso, fuera del régimen laboral, 18 meses como profesional externo vía contratación administrativa de autónomo. Así, sé de un Alcalde de formación media y sin más experiencia profesional que la adquira pisando moqueta que cree (¡qué osada es la ignorancia!) que un contrato administrativo menor puede comprar una licenciatura, dos másters, varios postgrados, algunos cursos de doctorado, una dilatada experiencia profesional, 20 años de militancia política y sindical y, lo más preciado, la dignidad de una persona.
El cacique se lo apunta. Siempre le recordará al ciudadano que ha ejercido el derecho que le reconoce el artículo 23.2 de la Constitución que quince días, dos meses, medio año, dieciocho meses… conllevan una esclavitud de por vida, no ya remando en galeras, sino sirviéndole como comisario político para, desde dicha servidumbre, reforzar la red clientelar. Y si el ciudadano se niega reconocer esa deuda ni pagar con un cheque en blanco al cacique en las Asambleas del correspondiente Partido (el pago de nóminas y facturas queda satisfecho con la propia prestación del trabajo), el cacique pasa a la siguiente fase, de hostigamiento, acoso moral y coacción.
El ciudadano que defiende su honor personal, laboral y profesional frente al cacique pasará a ser víctima de los rumores, las insidias, las miserias, los insultos del cacique, quien le buscará la “muerte social” ante sus pares, su aislamiento. El comienzo de esa campaña es siempre el mismo: achacar al ciudadano que comenzó a rebelarse un eventual despecho por haber finalizado aquella relación laboral o profesional. La única salida digna que le queda al ciudadano es resistir contra el cacique, armándose de la fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza que a la que tiene acceso el poder institucional. Cualquier otra salida supone el sacrificio de la dignidad y la esclavitud de la conciencia.
Es la guerra, una guerra donde el cacique pone las reglas del juego, que el ciudadano no debe tener escrúpulos en usar, y en la que éste debe renunciar a ningún límite en la defensa de su dignidad. Ninguno. Absolutamente ninguno.
Trastocando el dicho, es distinto perro pero con el mismo collar. De nada vale sustituir al PP si las prácticas miserables que caracterizaron el fraguismo perviven. Porque el electorado progresista, el más crítico, no es gilipollas, sabe lo que quiere y es más intolerante con lo que, siempre desde posiciones éticas, no quiere. Y en el caso del PSOE, además, esas prácticas son incompatibles con el socialismo, que tiene como presupuesto ético principal la dignidad de la persona. Quien bajo las siglas del PSOE pretende someter la voluntad y la conciencia ciudadanas, no es socialista.
Por eso no hablo de “fraguismo de la izquierda”, sino “en” la izquierda.












17/10/2009, 19:47 h.
Lo peor de la derrota es que siempre fue difícil repartir lo escaso… y hay quien se sirve de ello. ¡Resiste!
18/10/2009, 11:03 h.
No hay que ser un lince ibérico para percatarse que de que el paradigma del estereotipo aquí retratado lo representa a la perfección la situación del municipio de ***.Pero desgraciadamente para la izquierda es extrapolable a no pocos municipios de Galicia.
En lo que nos concierne y padecenos en ***, tenemos un alcalde de nula formación cultural,que nunca ha trabajado fuera de la política, ( vaya que desconoce lo que es trabajar ), pero encumbrado a los despachos por la falta de militancia y compromiso de personas probas, que finalmente acaban huyendo de los estercoleros.
Esta situación sería impensable sin la concurrencia del parco nivel cultural de los ***, y del apartamiento de los militantes de valía por parte del ” lider “, so pena de padecer su sombra .
Y con estos presupuestos y un nivel de dependencia económica que atrapa a los más necesitados en una AFILIACIÓN EL PARTIDO PARA NO PERDER EL TRABAJO tenemos la condiciones perfectas para que los sinverguenzas se instalen en el poder para conternación de unos, asombro de otros y perjuicio de todos.
Lo bueno de *** es que como la gente no es eternamente estúpida, en las próximas elecciones desalojarán del consistorio a la panda de personajillos que están no trabajando para el pueblo, sino viviendo de la políca.Eso si se instalarán otros del mismo jaez.
En orden a la trasparencia los miembros del gobierno español acaban de hacer públicos sus bienes, pues bien
yo reto a todos y cada uno de los concejales de ***, del partido gobernante y oposición a que declaren cuales han sido sus pretéritos trabajos antes vivir de la política y cuántos años poseen de cotización por esos trabajos¡¡¡SORPRESA!!!
Eusebio Ónega
18/10/2009, 16:27 h.
Estoy de acuerdo salvo en una cosa, un master dos licenciaturas y no se cuantas cosas más tampoco indican que el que tenga todo eso sea mejor o peor que los demás ni que sepa más o menos de ciertas cosas o de política, que es algo más práctico que teórico y que debería cambiar con los tiempos. Dicho de otra forma, si todos los argumentos para defender o atacar el trabajo de una persona es su cantidad de títulos mal vamos, es otra forma de clasismo.
18/10/2009, 20:47 h.
Manuel: El caso es que hay mucho gañán de monte, de los que no saben hacer la O con un canuto, que cree que la “auctoritas” conlleva la sabiduría, y no es así. Hay políticos que, cegados por el poder, se hacen todólogos (en España es fácil, que todos somos los que más sabemos de fútbol, y siempre habrá 45 millones de entrenadores de futbol mejores que el de nuestra Selección), y dan lecciones a los técnicos de cuyo conocimiento los técnicos han tenido que dar y superar pruebas. ¿Me imaginas a mí dando lecciones a un Técnico de Deportes? Y en cualquier caso, me reafirmo: el esfuerzo que supone labrarse una trayectoria profesional, en experiencia técnica y formación, que es un esfuerzo que no se ha adquirido ni comprándolo ni medrando, no puede venderse ni comprarse. Es extra-comercium.
18/10/2009, 21:32 h.
[…] comentario adicional a mis últimas reflexiones, sobre el caciquismo en política, para llamar a la valentía en la defensa de la dignidad […]