La afiliación política
“¿Qué clase de fenómeno opera cuando personas con una gran formación y buen criterio personal se arrodillan ante sus líderes y se convierten en simples soldados?” Así comienza hoy un blogger uno de esos recurrentísimos posts contra la militancia polítcia. Con esa falsedad.
Con mis humildes formación y criterio personal, estando afiliado desde que alcancé la mayoría de edad hace 14 años al PSOE, yo precisamente ni me he arrodillado ante ningún lider ni soy un simple soldado.
Es más, no renuncio a ninguno de los derechos y libertades que me reconoce la Constitución, entre ellos la libertad de expresión, por tener el carnet del PSOE, del mismo modo que pienso que el Real Madrid debería despedir a Michel Salgado y hasta al dios Raul, siendo titular del Carnet Madridista. En este blog propugno el cierre de Telemadrid -opinión contraria a la del PSM-PSOE, en el que estoy encuadrado-, o la abrogación del Reglamento que posibilita a la policía conocer con quien me comunico, aprobado por el Gobierno que preside mi Secretario General, y nadie ha solicitado mi expulsión del Partido.
Al menos en el mío se respeta a los afiliados y sus derechos cívicos allende sus deberes orgánicos. Y donde no se respete, está expedita la vía para su restauración judicial, ya que la jurisprudencia del Tribunal Supremo impone al funcionamiento de los partidos políticos el respeto a los valores que informan la Constitución.
Realmente, ya no existe la disciplina de partido. Ahora ha quedado reducida a disciplina de Grupo parlamentario, donde, por cierto, los posicionamientos colectivos son determinados democráticamente. Y aun así asistimos a incumplimientos del contrato que los partidos suscriben con sus votantes mediante sus Programas Electorales, como cuando el senador socialista Paco Vázquez no vota a favor de la despenalización del cuarto supuesto del aborto o de la legalización del matrimonio homosexual.
Sé que ser militante de un partido parlamentario y mayoritario no me hace chachi ni guay, pero es un hecho que éstos son los que configuran los plenos de las Corporaciones Locales y los Parlamentos autonómicos, nacional y Europeo, y yo quiero influir -eficazmente- en las Leyes, Reglamentos y Ordenanzas que en los mismos se acuerdan. No es lo cómodo, lo reconozco. Concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política, dice el artículo 6 de nuestra Constitución.
Tiene particular mérito ser afiliado de un partido político, ya que periódicamente tienes que aguantar los machacones lugares comunes de redentoristas que pretenden convencerte de lo inferior a ellos que eres por renunciar a la libertad y la independencia personal… sobre todo cuando es falso que esa renuncia sea condición sine qua non para la militancia política de base, como ya he evidenciado. No me considero inferior ni intelectualmente ni como titular o ejerciente de mis derechos constitucionales.
Es cierto que hay muchos militantes que renuncian, voluntaria y unilateralmente, a derechos fundamentales y libertades públicas en el seno de los partidos políticos. Pero son muchos más los ciudadanos, y entre ellos, esos redentoristas, los que renuncian a los reconocidos en los artículos 22 y 23.1 de la Constitución: el derecho fundamental de asociación, entre las que el Tribunal Constitucional localiza a los partidos políticos, y el de “participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes”.









3/10/2005, 13:05 h.
Tú lo has dicho, Prieto, estás “encuadrado”… y eso confirma lo de particular que tiene la pertenencia a un partido político respecto a una asociación de otro tipo.
3/10/2005, 13:20 h.
Como dice Chiquito: ¡nooorrrr! No va por ahí. Se puede decir encuadrado como militante, que son conceptos heredados de las épocas en las que los partidos políticos sí tenían según que estructura castrense. Pero ya no son lo que eran, no. Cuando digo “encuadrado” me refiero a que por ser afiliado del PSOE y en la Comunidad de Madrid, a efectos de organización interna lo soy de su PSM. No tiene más recorrido que ese.
3/10/2005, 15:24 h.
Yo no digo que una persona que milita en un partido sea moralmente superior a otra que no milita, son formas diferentes de articular la participacion ciudadana en la toma de decisiones, y ambas son necesarias (partidos, asociaciones , clubs deportivos, todos lo son), pero tampoco puedo aceptar que se diga lo contrario ni que se defienda la superioridad moral de quien no lo hace.
Porque si seguimos ese argumento concluiriamos que la militancia en un partido politico invalida las opiniones de un ciudadano, y espero que no sea eso lo que se esta defendiendo.
Hay una frase de Les Luthiers que viene muy al caso:
…porque el doctor Alberto Ortega siempre supo poner por encima de los mezquinos intereses partidistas, los supremos intereses personales..
3/10/2005, 15:40 h.
A mi me parece bien esta reflexión porque sirve para constatar dos cosas:
1. Que no estamos de acuerdo en cuanto a los caminos del compromiso social y político
2. Que todos reconocemos que tanto la militancia en un partido como la acción a través de redes o incluso blogs individuales son formas de aportar a la comunidad y respetables todas
3/10/2005, 15:52 h.
Sin ninguna duda David, las asociaciones son formas de construir sociedad civil, que tanta falta nos hacen.
Es mas, si esas asociaciones no estan bajo la batuta de ningun partido politico, grupo de presion o liderazgo mesianico alguno, mejor podran representar las ideas o los intereses de sus asociados.
De lo que se trata es de construir sociedad civil, y si es posible, construir sociedad civil “no de plantilla”.
Brindo por ello.
4/10/2005, 00:00 h.
¿Y no pensáis que si los partidos fueran estructuras más distribuidas sería más fácil que se solaparan con la sociedad civil, qué fueran más permeables ambos?
Y quien dice partidos dice las grandes ONGs porque hay algunas que sólo basta con mirar los cv’s de los “directivos” para pensar q está uno frente a una multi (Greenpeace por ejemplo)
4/10/2005, 00:35 h.
Bien dicho, José Luis. Uno de los días más felices de mi vida fue cuando decidí dar el paso a la militancia activa. Yo sigo siendo yo, sigo opinando lo mismo de antes, pero ahora hago algo. Jamás me pondrán una estatua por los pequeños logros conseguidos, ni me pondrán a parir en una columna por mis meteduras de pata, pero hago cosas por la gente con gente con la que estoy de acuerdo en muchas cosas y con la que, sin embargo, discuto a diario. Yo sigo siendo yo, pero no me miro al ombligo. Sólo son iguales los que dicen que los demás lo somos. Sólo lamento no haberme puesto manos a la obra antes.
4/10/2005, 10:08 h.
David: Coincido plenamente contigo, pero plenamente, cuando planteas la apertura, la permeabilidad de los Partidos hacia la sociedad. Pero plenamente. Nada que objetar. Próximamente pondré aquí un post al respecto, y no sólo sobre los partidos, sino también sobre los sindicatos.
7/10/2005, 12:48 h.
Yo no creo que esa sumisión a los líderes sea inherente a los afiliados de los partidos políticos, pero sí es verdad que se ve con frecuencia cómo personas que forman parte de una agrupación política alaban siempre lo que hace su formación, no parecen tener voz propia. Pero esto ocurre igualmente con gente que simplemente se siente más cercana a un determinado grupo político, en la blogosfera se ve frecuentemente quiénes votan a uno u otro partido y nunca les parece mal lo que hacen los suyos. Gente que voluntariamente renuncia a tener independencia para opinar la hay en todas partes, dentro y fuera de los partidos.
Un saludo.