La deriva fascista del liberalismo de entreguerras
El 10 de enero de 1897, el barón y no obstante liberal Giorgio Sidney Sonnino publicó un artículo anónimo en la revista “La Nuova Antologia” en el que propugnaba el “Torniamo allo Statuto” restrictivo de derechos sociales de 1848 como reacción a las revueltas populares en que estaba sumida Italia, provocando así un giro autoritario de los liberales italianos. El Gobierno liberal de Luigi Pelloux trató de acometer esa involución, iniciando fuertes persecuciones contra el movimiento obrero, pero hubo de cesar en 1900, cuando hasta el propio Rey rechazó esta línea política. Posteriormente el Primer Ministro Antonio Salandra, quien contaría con el propio Sonnino para la cartera de Asuntos Exteriores, pudo secundar esta involución liberal, llegando a apoyar el ascenso del Partido Fascista al Gobierno italiano.
A esa tendencia de liberalismo económico conjugado con el antiliberalismo político, el autoritarismo prefascista, se sumó Portugal con el Gobierno de João Franco, que combinó el gobierno “por decreto” con el lema “pouca politica, muita administração”. Y, al fin y al cabo, en esa combinación consistía el bonapartismo del II Imperio francés. Los partidos liberales alemanes de entreguerras como el Partido de la Economía, el Deutsche Staatspartei y el Partido de la Unidad, o en Rumanía el Partido Liberal Nacional, por su parte, se adscribían a dicha tendencia totalitaria prefascista.
Al calor de esta conjunción de principios liberales con doctrinas autoritarias surgió en 1910 la Asociación Nacionalista Italiana, que proponía la el reforzamiento y la modernización del país mediante su industrialización y un particular énfasis en el desarrollo tecnológico. A tal fin, se dotaba de un papel dominador a las élites, con fundamento intelectual en las doctrinas del paleoliberal Vilfredo Pareto , que sería nombrado Senador vitalicio por Mussolini, y del jurista Gaetano Mosca. La faceta futurista del génesis del fascismo italiano sería completada con las contribuciones intelectuales de Filippo Tommaso Marinetti, quien se convertiría en poeta oficial del régimen de Mussolini.
Las contribuciones liberales al fascismo italiano llevó a Mussolini a moderar sus proclamas colectivistas para sustituirlo desde 1920 por el concepto de “productivismo”, de contenido genuinamente liberal en materia económica. Para entonces, la principal fuerza en defensa del liberalismo político era ya el Partido Socialista. Idéntica práctica programática seguiría el Partido Nazi en Alemania, que en 1928 desechó la expropiación de los latifundios, y llegó a rechazar la nacionalización de la economía por considerar nacionalizada la propia población alemana. Walther Funk, como Ministro de Economía de Hitler, representaría en su Gobierno los intereses de las grandes empresas de la industria alemana. El abandono del colectivismo a cambio de una suerte de liberalismo económico de guerra quedó consolidado con la noche de los cuchillos largos, en que los representantes de la corriente obrera del Partido Nazi fuero eliminados.
Liberalismo, meritocracia, tecnología, negación de la dialéctica izquierda-derecha (“ni izquierda ni derecha, sólo el yugo y las flechas”, era un lema ilustrador del falangismo, confirmando la identificación del fascismo con una suerte de “radicalismo de centro” que hizo Seymour Lipset)…principios ciberpunks con los que aún hoy pueden disfrazarse fascistas de salón.











22/5/2006, 09:50 h.
Detrás de distintas ideologías, ópticas de ver el mundo, se han escondido las mismas voluntades, personas que se han mirado y han visto que eran de la misma calaña, la misma tipología de personas que, desde hace siglos, viven creyéndose superiores a los demás, explotando a los demás y queriendo ser dueños absolutos del poder.
Desde la antigua Grecia, pero con distintos collares, esas personas no han cambiado.
22/5/2006, 23:52 h.
Prieto, uno de esos “fascistas de salón” a los que te refieres -un tal Rallo- disfrazado de “liberal”, te ha cogido una palabra para decir que como Zapatero bebe agua y Hitler también la bebía, que por eso también vosotros sois fascistas. (Donde digo “bebe agua”, puedes sustituirlo por cualquier otra cosa).
23/5/2006, 22:42 h.
Amen.
24/5/2006, 13:50 h.
Como yo cago, y el Papa caga, yo debo ser del Opus Dei.
El calado intelectual de los liberales cada día es mejor. Me da casi morbo esperar sus nuevas e interesantes reflexiones.
26/5/2006, 10:44 h.
Pues a mí lo que me parece triste es que tu bitácora, una de las más valoradas por mí, pase a insultar de manera absurda a otra de las bitácoras que más valoro. Llamar fascista de salón a alguien que no está polarizado políticamente es insultar a esos liberales de verdad con los que se puede discutir, y darle alas a los pseudoliberales de extrema derecha que pueblan las redes. Lo siento pero tu post me recuerda un poco a aquel bushiano “estás con nosotros o contra nosotros”
Desde luego me sorprende quer tú, que te muestras crítico con la propia izquierda -por eso me gusta tu blog, porque eres crítico con todo lo que te parece- parezcas defender ahora una política bitacoril basada en la toma de posición en lugar de en una tarea de la inteligencia. Una decepción.
26/5/2006, 11:19 h.
Miguel: Del mismo modo que agradezco tu aprecio hacia este blog, lamento haberte podido decepcionar. Afortunadamente tú y yo no tenemos identidad de criterios, y eso es intrínsecamente positivo. Para gustos están los colores, y tu piensas que Javi, el autodenominado “liberal”, lo es, y yo creo que es un fascista de salón, que piensa que los asesinatos de Montejurra deben quedar impunes. Basta con ver el recibimiento que, como al hijo pródigo, le han hecho sus camaradas nazional-liberales.