La mujer del César
A propósito de los escándalos sobre las adjudicaciones de sendas Viviendas de Protección Oficial en Valladolid y Algete, es de recordar cómo Julio César se divorció de Pompeya, responsable de unos ritos religiosos, por un sacrilegio en los mismos en el que hasta el César sabía que su hasta entonces esposa no tuvo ninguna participación, pero que justificó con la máxima “la mujer de César tiene que estar por encima de toda sospecha”, popularmente adoptada como “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”.
El caso es que la hija de Juana Llorente García ha sido adjudicataria de una VPO de la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda de Algete, y el hijo de Javier Leon de la Riva, adjudicatario de una VPO de la Sociedad Municipal de Suelo y Vivienda de Valladolid.
Pero Juana Llorente García, la progenitora de la afortunada con un duplex de 130 metros cuadrados, es la Concejala de Vivienda del Ayuntamiento algeteño y Presidenta de la Empresa Municipal promotora. Y Javier Leon de la Riva es el Alcalde de Valladolid, único accionista de la Sociedad Municipal promotora.
Como el caso de Algete es más antiguo, hasta la fecha el recorrido de la noticia es más largo: Por culpa de tal coincidencia entre adjudicadora y adjudicataria, todos los demás participantes en el sorteo se han visto perjudicados al suspenderse el procedimiento, con su gozo en un pozo, y Jesús Herrera Fernández, Alcalde y Secretario General del PSOE algeteño, ha nombrado a la propia Juana Llorente García como miembro de la Comisión que debe investigarla. Con lo fácil que era para Jesús Herrera Fernández suspender sólo la adjudicación de la hija, y no designar a la madre para investigarse a sí misma… que la mujer del César, etc., etc..
Me da rabia por dos razones: la primera, porque es el PSOE el que va a sufrir la erosión en su imagen. La segunda, porque los compañeros socialistas de la capital castellano-leonesa pueden verse desarmados contra el PP, que es el partido al que pertenecen los adjudicadores y adjudicatarios en el caso vallisoletano, aquí en plural, que no ha sido sólo un supuesto aislado al caso de su Alcalde, sino varios, entre otros un Consejero del Gobierno autonómico, también del PP.
Cuando trabajé para el mejor Alcalde de Móstoles, Chema Arteta, del PSOE, precisamente en el Área de Régimen Interior como Asesor de Relaciones Laborales, hubo un amago de disfunción parecido. A través de una bolsa de empleo correspondió llamar para un empleo municipal temporal al hermano de una Concejala socialista. Arteta consiguió la renuncia voluntaria, por parte de dicho ciudadano, del derecho que legalmente y sin mácula le correspondía. Yo le manifesté al Alcalde la oposición que hasta entonces mantenía a que se aplicara a terceros la legislación de incompatibilidades que a los cargos políticos o de confianza se les imponía. Le pregunté si mis hermanos debían renunciar a los derechos de que pudieran ser acreedores ante el Ayuntamiento de Móstoles por el mero hecho de ser yo un cargo de confianza. Chema me respondió que mi obligación era conseguir esa renuncia, porque, me dijo, “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo”. Chema siempre ha sido un buen socialista.









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