Los ex presos sociales
A Rampova, hoy de la Asociación de Ex Presos Sociales, le detuvieron en Valencia con 14 años de edad, en 1970, y fue encarcelado por primera vez.
“En la prisión de Barcelona me enviaron a un pabellón de invertidos para menores. Los presos pagaban a los vigilantes para colarse y violarnos. Luego nos pegaban palizas para demostrar que ellos no eran gays. Venían cinco, seis veces al día. A veces hasta ocho“. Rampova hace recuento, a punto de cumplir 50 años: “He tenido más violaciones que relaciones consentidas“, afirma. “Cuando le confesé al cura de la cárcel lo que nos hacían allí, se chivó al jefe de prisiones y me castigaron toda la noche contando los adoquines del patio. Me tuvieron así hasta que se hizo de día”, recuerda.
Fue en aplicación de la Ley de Peligrosidad Social. Le cosideraban peligroso por el mero hecho de tener determinada orientación sexual. Como 4000 gays. Las lesbianas se salvaban de la cárcel porque, directamente, las recluían en manicomios.
A los que, con otro nombre, gobernaban entonces, les sigue pareciendo tan normal que se trate así a los homosexuales que no entienden que deban ser resarcidos.
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