No he podido
Confieso que en cuanto me he enterado de la enfermedad degenerativa que se ha hecho público de Margaret Thatcher, he intentado alegrarme y exteriorizar esa alegría. Pero no he podido. No es que sea un beato, que la sola intención de conseguirlo ya lo demuestra, pero desde luego que he fracasado en mis intentos de darle a probar desde mi blog a los nacional-liberales de la misma medicina que nos dieron a los demócratas desde los suyos cuando, por ejemplo, falleció Eduardo Haro Tecglen.
Hay cosas en las que ellos siempre serán mejores, ¡y eso que están costreñidos por la caridad cristiana! (Al final, el cielo estará lleno de rojos).
Margaret Thatcher no creía en el pluralismo parlamentario, odiando furibundamente a todas las opciones que no fueran la conservadora. Así, desde el nº. 10 de Downing Street, llegó a disolver el Ayuntamiento de Londres por mantener sus votantes a los laboristas en el Gobierno municipa.
Su singladura al frente del Ministerio de Educación se caracterizó por la desinversión en y precarización de la enseñanza pública. Fue el inicio de una trayectoria política que preconizaba la reducción de los servicios públicos, con la excusa de la reducción de impuestos que los sostenían. Ya en el Gobierno, a la reducción de servicios públicos y de los impuestos directos (los que atienden a la capacidad económica de los contribuyentes), medidas éstas a la medida de las clases más acomodadas, añadió un incremento salvaje de los impuestos indirectos y de los tipos de interés que provocó una gran crisis industrial y el hundimiento de las exportaciones y sumió en la pobreza a un número creciente de familias trabajadoras: en pocos años dobló el número de parados heredados del anterior Gobierno.
En diciembre de 1987 promovió una legislación homófoba. Ya en 1978 se abrazó a argumentos xenófobos para ganarse el apoyo del lumpenproletario, con el que así, el año siguiente, derrotó a los laboristas. Margaret Thatcher acogió a los dirigentes del apartheid sudafricano, y se opuso a las sanciones de la comunidad internacional contra el régimen racista de Pretoria, mientras apoyó activamente los bombardeos contra poblaciones civiles libias en 1986. Por otra parte, firmó con la tiranía China la retrocesión de Hong Kong, entregando a los ciudadanos de esa ciudad a la dictadura comunista pero salvaguardando la continuidad del capitalismo económico. Su anticomunismo sólo era económico, ya que en materia política siempre estaba del lado de las tiranías, fuera cual fuese su signo. Apoyó siempre, activa y abiertament, tanto la dictadura nacional-liberal de Chile como al propio tirano Pinochet.
Vamos, que méritos tiene la muy miserable para no desearle precisamente lo mejor. Pero entre que el corazón está a la izquierda, y que su enfermedad la padecen muchos inocentes que merecen todo el respeto y consideración, no celebraré su ocaso.






26/8/2008, 10:23 h.
Sobre el particular, sí me gustaría saber si los médicos pueden datar el momento en que empezó a perder la cabeza… ¿En torno a 1979, cuando pasó a vivir en Downing Street?
26/8/2008, 12:16 h.
Parafraseando al gran Perich, diróa que “estoy en contra de la pena de muerte pero hay muertes que no me darían ninguna pena”.
26/8/2008, 17:15 h.
Franesco y manutc: Vosotros sí que podéis
28/8/2008, 00:34 h.
pues yo ¡maldita sea! tampoco puedo…la culpa debe de ser de la educación en colegio de monjas ¿no?
28/8/2008, 08:12 h.
Combo explosivo el que sufrimos los argentinos. Militares *** de nuestro país, mas esta *** extranjera apoyada, entre otros, por el *** de Pinochet… Esperemos que nunca mas volvamos a vivir momentos tan negativos, los pueblos nunca ganan cuando los que ganan son estas *** de personas…
31/8/2008, 12:34 h.
Yo también estuve en un colegio de monjas. Gracias a ello soy agnóstico y socialista desde los 15 años.