Pactar con nacionalistas. 1
No niego la existencia de las naciones. Afirmo que España es una nación, que se despliega en todo el actual territorio del Estado. También creo que España es una nación de naciones, por lo que creo que el anterior enunciado es compatible con sostener que, por ejemplo, Galicia es una nación. El suelo que piso es tanto de la nación española como de la nación gallega. Pero, una vez formulado lo que antecede, lo reduzco a una mera descripción objetiva y, como soy de izquierdas, sin sublimarlo. Confieso que no me emociono con las banderas ni los himnos de las naciones.
Para mí no hay nacionalismo bueno. Todos tienen intrínsecamente el mismo peligro potencial, como reiteradamente ha demostrado la Historia del mundo de los últimos siglos, ya sea centrípeto como el nacionalismo español del PP o UPyD, ya centrífugo como los nacionalismos gallego, catalán, vasco, etc. del BNG, PNV, CiU, etc.
Todos los nacionalismos, centrípetos o centrífugos, parten del presupuesto prefascista de la superioridad de una etnia, lingüísticas en el caso de España, por mucho que dicha jerarquización se postule implícitamente y por pasiva. Ya no explicita el supuesto derecho de una etnia a subyugar a otras, que queda políticamente muy incorrecto, sino en el segregacionismo progresivo con la institucionalización del arrinconamiento de las demás mediante la sublimación de la propia. Ese objetivo es una consecuencia necesaria del nacionalismo, y es fascismo.
Y el fascismo sigue ahí, por mucho que, como escribió Charles Baudelaire, “la más bonita astucia del diablo está en persuadiros de que no existe”. Eso hacen los nacionalistas de todo pelaje al negar públicamente la tendencia finalmente fascista que configura su esencia.
Es una realidad objetiva que en España los nacionalismos, centrípetos y centrífugos, son decisivos, y en su conjunto dejan en minoría a los no nacionalistas.
Los nacionalismos, enfrentados entre ellos, se han estado retroalimentando desde principios del siglo pasado, cebando a sus respectivas bestias hasta un punto como el actual en el que consiguen marcar toda la agenda política, logrando calar su dialéctica en ámbitos no nacionalistas como el PSOE. Así, cuando yo militaba en el PSM hasta Rafael Simancas llevaba una pulsera con la bandera rojigualda, con el significado que tan inocentes colores tiene en determinado contexto; mientras ahora entre los símbolos de los actos públicos del PSdeG no encuentro ninguno que se refiera a España, habiendo compañeiros que quieren independizarse del PSOE, acomplejados por la “E”, para establecer una relación como la que entre iguales tiene el PSC.
Tal es la importancia del nacionalismo, ante el que los demás somos minoría y, por lo tanto, con el que los demás debemos convivir. No queda más remedio. No si queremos implementar nuestro programa no nacionalista…
…O al menos si queremos acortar el desarrollo de aquél nacionalismo que más despunte. Por eso, y como todos los nacionalismos son igual de repugnantes, en las Cortes Generales cualquier alianza parlamentaria es buena con tal de mantener en la oposición al nacionalismo español, del mismo modo que en el Parlamento Vasco, por ejemplo, cualquiera es válida con frente al pujante nacionalismo vasco.












13/12/2009, 21:53 h.
No coincido en que España sea una nación de naciones… Sí en que hay pueblos en España que quizás lleguen a conformar algún día una nación y, por supuesto, un Estado, y a que ciertas personas cuentan con un “sentimiento nacional” arraigado, lo cual no es lo mismo que conformar una nación, del mismo modo que no es lo mismo que algunos tengamos ideología socialista, ni que gobierne un partido que se denomine socialista, con el hecho de que Espaa sea socialista… Eso está bien para los mítines, pero no para creérselo.
No es lo mismo “pueblo” que “nación”, ni que “Estado”, aunque algunos se empeñen. Es más: es posible que alguno de los pueblos de España que dicen ser naciones lleguen algún día a tener su propio Estado, pero eso no les convertiría inmediatamente en naciones, porque para ello hacen falta años, cuando no siglos, de identidad y proyecto social, cultural y político medianamente uniforme sobre un mismo territorio.
Creo que este ejemplo servirá para entender lo que digo: el “pueblo judío” nunca ha hablado de “nación judía” y por fortuna para él sí ha logrado tener un “estado judío”; el “pueblo indio” (de EEUU) sí llegó a conformar la “nación india”; y los saharauis, que por supuesto son un pueblo, no han sido nunca ni una nación ni un Estado.
En realidad creo que en España más de uno defiende la existencia de según qué naciones porque lo considera el mejor modo de poder llegar a tener un Estado, pero esa no es una premisa obligatoria: lo que sí es necesaria es la voluntad de ser independiente.
Cabe señalar el caso de muchos países latinoamericanos, que se independizaron hace dos siglos de España sin necesidad de ser naciones ni, en muchos casos, pueblos, porque hubo una élite que decidió separarse de la metrópoli para poder autogobernarse (cosa que entiendo, dadas las circunstancias).
Resumiendo: lo lleva claro el PSG.
14/12/2009, 20:20 h.
[…] del PP es más fuerte que el centrífugo, y como tal nacionalismo igual de aborrecible, del BNG. Y tal como escribí, siendo minoría los no nacionalistas en Galicia no nos queda más remedio de convivir con aquél con […]