Primer debate electoral Zapatero-Rajoy: mis conclusiones
La verdad es que no tenía pensado formular mis conclusiones sobre el primer debate electoral Zapatero Rajoy, del que aquí hice un seguimiento directo (primera y segunda parte), más que nada porque me gusta ser original, y entre los tertulianos profesionales y los bloggers voluntarios ya está todo dicho. Creo.
Pero nada, que sucumbo. Así que ahí va.
Para empezar, he de decir que aunque demoscópicamente ha ganado Zapatero (hasta la Cadena de Odios Populares de España ha tenido que admitirlo), y aunque tengo la convicción de que al menos no ha perdido, también he de decir que no me ha gustado. No ha estado Zapatero en su mejor momento. La verdad es que su intervención más deficitaria fue en “Tengo una pregunta para usted”, y que en este caso no ha caído a aquél nivel, pero no me ha gustado.
El caso es que la agenda del debate, la verdad, la marcó Rajoy, y Zapatero estuvo todo el tiempo corriendo tras él, por los caminos que aquél cogía. También es cierto que perder no obstante Rajoy dice mucho de su incapacidad política: el PP no gana ni en su terreno de juego.
Y la verdad es que bien podría responder a una estrategia premeditada del PSOE: si Zapatero hubiera arrasado, podría transmitirse a los ciudadanos progresistas la impresión de que ya está todo hecho, y podría desincentivar su participación activa el 9-M. Hay que mantener la tensión hasta el final. ¿No?
La cara negativa: los derroteros del debate desmovilizan, en mi opinión, al electorado sociológicamente centrista, que acaba pensando que todos son lo mismo, y, al contrario que en otras ocasiones, piensan que en esta ocasión no se les considera target de las distintas ofertas programáticas. Al menos no lo son para el PP, ya que el discurso de Rajoy, perdiendo la oportunidad de girar al centro, fue un sostenella y no enmendalla en la ultraderecha, basando su discurso en dos elementos esenciales de dichas latitudes ideológicas cuales son la defensa belicista de la unidad de España (ETA) y la pureza étnica de los habitantes (inmigración), utilizando para ello las mentiras y los estereotipos habituales de la propaganda de la extrema derecha.
Rajoy ha utilizado el debate para darle un gustazo a la pata negra de las bases del PP, aproximadamente el 25% del total de electores que en España hay. Quizá sea porque previendo la derrota, no quiere que sea estrepitosa. O porque, siendo obediente, cumple disciplinadamente con las órdenes recibidas de sus auténticos hefes a través el oráculo Fedeguico Jiménez. O no sea obediente, pero les tenga miedo y esté coaccionado.
El discurso de Zapatero fue mejor, pero Rajoy hacía demasiado ruido. Así, el discurso de Zapatero no se oyó, y él no supo impedirlo, y eso que interrumpió a Rajoy en repetidas ocasiones.
Cuatro pildoritas:
- Importante: Rajoy decía hablar “sobre lo que a la gente le interesa”. Se apropió de la portavocía de los ciudadanos, y eso es algo que no se puede permitir, ya que impone ante la opinión pública el distanciamiento y el divorcio entre el Gobierno de España y la sociedad española. En el próximo debate, y ya que lo abre Zapatero, éste debería erigirse en representante de los ciudadanos, debería adelantarse estratégicamente a Rajoy.
- El listado de productos de la cesta de la compra seguidos de sus respectivos incrementos inflacionistas usado por Rajoy tiene un efecto demoledor ante los consumidores domésticos, que somos todos. Zapatero debería preparar, para el próximo debate, su propia ráfaga de datos obejtivamente inimpugnables con efectos demoledores. Doctores tiene la Iglesia para saber cuál debe ser la serie de ítems a utilizar.
- Eché de menos que Zapatero no hiciera un mínimo esfuerzo de pedagogía política para explicar donde radica la responsabilidad de los incrementos del euríbor cuando Rajoy se lo atribuía al Gobierno socialista, que ha parecido que Solbes es el Presidente del Banco Central Europeo. Así ha pasado con las referencias de Rajoy al incremento del desempleo, quedando una impresión negativa que no guarda relación alguna con la realidad.
- A las mentiras sobre el diálogo con ETA, elevada a “negociación política” por Rajoy, he echado de menos los datos que el propio PSOE ha difundido en otros momentos sobre las excarcelaciones de etarras o las medidas de relajamiento penitenciario con que Aznar claudicó ante el “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”.











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