Revindicación de la figura de Carrillo
Ahora que el Dr. Santiago Carrillo lo es honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid, a propuesta de 150 de los claustrales democráticamente elegidos, frente al revisionismo del resucitado fascismo español -sí, “fascismo”, que debemos asumir sin complejos la basura que podemos volver a encontrar en nuestra política- y al silencio cómplice con él de la ultraderechizada derecha parlamentaria, corresponde reivindicar la aportación del ex Secretario General del PCE a la democracia.
Cuando a la llegada al poder de Khrushchev en la URSS en 1953 éste comenzó a distanciarse del régimen anterior haciendo públicos los asesinatos de estado cometidos en masa por el stalinismo, fundamentalmente contra otros miembros del PCUS, Santiago Carrillo logró, progresivamente, apartar a los elementos más ortodoxos del buró político del PCE. La expresa condena, por parte del XX Congreso del PCUS, del régimen de Stalin supuso el reforzamiento de la visión del comunismo de Santiago Carrillo.
éste, ya en 1942 había propuesto una monarquía parlamentaria para España, y en 1949 un cambio de táctica imponiendo el abandono de la lucha de maquis. ¿Cuál era la nueva táctica? En primavera de 1956, rompiendo con la línea seguida por los antiguos dirigentes comunistas españoles, Santiago Carrillo logra que el PCE apruebe una declaración ofreciéndose a los católicos y monárquicos disidentes del franquismo para restaurar, y pacíficamente, el parlamentarismo en España. Era revolucionario renunciar a la revolución, y lo hizo Carrillo al redactar el manifiesto “Por la reconciliación nacional, por una solución pacífica al problema español”. En agosto de ese año, en la reunión del Comité Central del PCE, Dolores Ibárruri, formalmente líder del Partido, tuvo que expresar su apoyo a la necesidad de un “Pacto para la Libertad” con las furzas democráticas liberales y conservadores para restaurar la democracia, aprobándose una declaración que reconocía:
Hay una nueva generación que no ha vivido la guerra civil y que está jugando un papel en la sociedad española, y a la que no podemos imponer que viva a partir de lo que ha sido la guerra. Hay fuerzas sociales que están retirando su apoyo a Franco y que están creando nuevas formaciones políticas, y hay un deseo general de toda la población de superar la división de la guerra civil.
Con las ideas de “Pacto para la Libertad” y, sobre todo, de “reconciliación nacional”, Santiago Carrillo le había dado dos sloganes constitucionales a toda la oposición democrática al franquismo. Como dijo Cayetano López, ex Rector de la UAM, en su laudatio en la investidura del doctorado de Carrillo, suponía la reconciliación nacional
un término y una política acuñados ya desde 1956, algo casi impensable en una España todavía convulsa por la Guerra Civil y con la mitad de la población, que profesaba, o eran hijos de quienes profesaban, ideas de izquierda, cruelmente acosada y reprimida por la dictadura franquista. Y se hacía un esfuerzo por identificar a aquellos sectores, denominados “evolucionistas”, que podrían en algún momento surgir del propio régimen para cooperar con las fuerzas de izquierda en la liquidación de la dictadura y en el nacimiento de la democracia. Y se insistía, frente al maximalismo de tantos de su mismo ámbito ideológico, en que no había más revolución posible en España que la de la libertad.
A finales de 1959, el VI Congreso del PCE, en el exilio como siempre durante la dictadura de la derecha en nuestro país, eligió formalmente a Santiago Carrillo como Secretario General del Partido, confirmando la política democrática, parlamentaria y de concertación con otras fuerzas por él propugnada. La propaganda franquista, reeditada recientemente, trató de ensombrecer la figura del nuevo líder de la principal fuerza de oposición al régimen, y de boicotear su llamada a la reconciliación nacional, inventando el asesinato de su mano de un millón de pacifistas españoles en tiempos de paz en Paracuellos, y que comía niños crudos, y esas cosas, o algo así.
Diez años después, José María Aznar reivindicaría el falangismo.
Con Brezhnev se truncó el aperturismo iniciado por Khrushchev en la Unión Soviética… pero no en el PCE, que continuó la línea democratizadora impulsada por Carrillo. Tanto, que en 1968 se desmarcó con una condena sin paliativos de la invasión de Checoslovaquia por parte de la URSS. El de España y el de Italia fueron los únicos Partidos Comunistas que lo hicieron.
El PP nunca ha criticado así las dictaduras de Franco o Pinochet.
Así, se consumó la separación del PCE respecto del PCUS, que posteriormente tuvo que impulsar el testimonial PCPE del escindido Ignacio Gallego para tener un referente prosoviético en nuestro país. El PCE y el PCI se encontraron fuera de la órbita soviética, lo que a la postre serviría para la configuración del “eurocomunismo”, intento de definir una “nueva forma” para el comunismo de occidente de finales del siglo XX. En 1975 ambos partidos suscribieron una declaración conjunta en cuya virtud “la construcción del socialismo” sólo podía ser “en paz y libertad”. El año siguiente, Enrico Berlinguer, desechando más dogmas del comunismo clásico, se adheriría expresamente ante miles de militantes del PCI al pluralismo político.
Con la muerte del tirano, Santiago Carrillo propuso para el espectro político que necesariamente debía llegar a España uno parecido al italiano, con un Partido Comunista mayoritario en la izquierda desprendido de todos los dogmas leninistas (a los que renunciaría en 1978) y de corte realmente socialdemócrata, y una Democracia Cristiana hegemónica en la derecha. Pero la presión del SPD a favor del PSOE resultaría determinante.
Cuando el 26 de enero de 1977 unos pistoleros fascistas acribillaron a balazos a abogados laboralistas de un despacho colectivo del barrio de Atocha en Madrid, pese a continuar entonces ilegalizado el PCE, fue autorizado por el Gobierno a organizar el entierro. Fue tan multitudinario como pacífico. Y pocos meses después el Partido fue finalmente legalizado, en la primera reunión legal de su Comité Central en España después de décadas de dictadura, el 15 de abril, Santiago Carrillo propuso a sus camaradas que la bandera de España bicolor, ganando la subsiguiente votación, se situara junto a la roja de la hoz y el martillo.
El año siguiente, en la ponencia constitucional, el representante del Grupo Parlamentario Comunista, Jordi Solé Tura, tuvo una actitud más proclive al acuerdo que el del Grupo Socialista, Gregorio Peces-Barba, quien hasta llegaría a abandonar la reunión al aprobarse la monarquía como forma de Estado, concepto que el PCE no discutía para la Constitución.
En la votación final en las Cortes Constituyentes, antes de su ratificación por referendum popular, todos los parlamentarios comunistas, como todos los socialistas, votaron a favor de la Constitución. No así los del Grupo Popular, votando en contra sus diputados Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, Albero Jarabo Payá, José Martínez Emperador, Pedro de Mendizábal y Uriarte y Federico Silva Muñoz, y absteniéndose Licinio de la Fuente y de la Fuente, Alvaro de Lapuerta y Quintero y Modesto Piñeiro Ceballos. Un año después sería duramente atacada por José María Aznar.
Se cuenta que el Rey, con su habitual sentido del humor, ofreció a Santiago Comunista para el PCE el título de “Real Partido Comunista”, en reconocimiento a la lealtad que le tuvo en el proyecto común de democratización de España. En 1982, tras su estrepitosa derrota electoral, Carrillo comenzó su salida de la política activa, abandonando el PCE y éste el eurocomunismo.
Y yo nunca he sido comunista.












24/10/2005, 03:08 h.
Bravo por el artículo. A ver si de una vez espabilamos y ponemos las cartas sobre la mesa, para que quede claro que aquellos que tanto hablan son quizás los que más tienen que callar. Con el tema de Carrillo sucede como con los libros de “Historia” de Moa o Vidal. Los profesionales del tema los ignoran, pasan olímpicamente de sus panfletos. Sin embargo ellos siguen repiqueteando la misma cantinela y lo que “el público” percibe es que nadie tiene nada que replicarles.
Sus consignas son ridículas y aunque parezca estúpido y esté indicado para niños de 5 años, es necesario volver a mostrar la evidencia cuantas veces haga falta, volver a decir las mismar perogrulladas, para que nadie se lleve a engaño. Porque todas sus opciones pasan por el engaño y el disfraz: son los viejos conocidos de siempre, pero necesitan una nueva cara. Pero esta tampoco cuela.
24/10/2005, 12:55 h.
Muy interesante el artículo, Jose Luis
25/10/2005, 02:39 h.
Es cirto que Aznar pregonaba el falanjismo y el más rancio y violento conservadurismo. Suya es la frase “tras leer Jose Antonio un español sólo puede tener mentalidad de guerrero y de fraile”. Pero si ha Carrillo se le va a perdonar su pasado prosovietico ( y me da igual que condenara a Stalin cuando la URSS en si era condenable e incluso la revolución rusa) no veo porque a Aznar se le debe recordar constatemente su pasado radical. Me parece un doble rasero que no es de recibo.
Creo de todas maneras que desde la izquierda estamos cargando con unas remoras que no nos corresponden. Una cosa es la memoria histórica y otra muy diferente que reivindiquemos todo lo que sea izquierda. La revolución y la guerra civil son hechos históricos a los que creo que ya les sobran las medallas y le falta verdadero análisis.
25/10/2005, 15:18 h.
Hombre Ruben, pero no te parece gracisoso que los mismo que recuerdan el pasado de carrilo tengan a fraga entre sus filas?????
ah! bueno, que la dictadura les parecia bien, no me acordaba
26/10/2005, 00:01 h.
Y por si hubiera alguna duda, el artículo del País de hoy. Desde Cataluña, gracias amigo Santiago.