Sin Enrique quedo incompleto
Ayer se me ha muerto como del rayo Enrique, al que tanto quería, tan temprano.
Fue mi cómplice, mi confidente, mi abogado, mi padrino en mi jura de letrado. Era el padrino de mi hija, iba a ser el testigo de mi boda, era mi albacea testamentario. Le debo tanto, tanto, tanto… y él nunca me lo ha pedido. Por eso lloro, por egoismo. Porque el mundo sigue girando y él ya no está, y lo quiero. No era mi amigo: era mi hermano.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de natas te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compañero del alma, compañero.













